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Dementi

diciembre 17, 2012

Hablaba hace unas semanas de la “papilla informativa” con que nos deleitan los medios de comunicación. No lo escribí por creerme en poder de información privilegiada, pero sí por saber, después de años en Polonia, que las primeras planas en Europa del Este hay que verificarlas pasadas al menos dos semanas.

30.10, 06:30 de la mañana – portada del diario Rzeczpospolita: “Trotilo a bordo” – el periodista Cezary Gmyz afirma que cuatro fuentes distintas le han confirmado que el equipo de peritos y fiscales que analizó los restos del avión de Kaczynski encontró huellas de explosivos.

30.10, 12:30 horas – coronel Ireneusz Szelag, jefe de la Fiscalía Militar: no hemos encontrado rastro de explosivos en el avión.

30.10, 12:00 horas – Jaroslaw Kaczynski, jefe de la oposición: “El asesinato del presidente y de 95 personas es un crimen inaudito. Todo el que cooperó en él, aunque haya sido con trapacerías, debe cargar con las consecuencias”.

30.10, 16:30 horas – Donald Tusk, primer ministro de Polonia: “es algo inadmisible que el líder de la oposición, sirviéndose de un material de prensa inexacto, llegue a conclusiones devastadoras para el Estado Polaco”.

30.10 por la tarde – Tomasz Wróblewski, redactor jefe de Rzeczpospolita: “Nos equivocamos cuando hoy escribimos acerca del trotilo y la nitroglicerina. Podían ser, pero no es seguro que fueran estos componentes”. Wróblewski se pone a disposición del dueño del periódico, pero Cezary Gmyz, autor del artículo, mantiene su postura.

01.11 – prensa internacional: Revuelo en Polonia por una falsa noticia en Rzeczpospolita, según la cual en el avión de Kaczynski habría restos de TNT y nitroglicerina.

Y aquí, pasadas unas horas, parece que se acaba la escena. Pero no es así, solo que falta paciencia, ha dejado de ser breaking news. Han ocurrido cosas interesantísimas…

6.11 – Wróblewski y Gmyz son despedidos de Rzeczpospolita.

8.11  – Sale a la luz que el dueño de Rzeczpospolita, Grzegorz Hajdarowicz, habló en la madrugada antes de la publicación del texto de marras con Pawel Gras, portavoz del gobierno de Donald Tusk…

05.12 Fiscalía Militar: “que el detector señale “TNT” no quiere decir que halla encontrado explosivos”. La Fiscalía afirmó también que podían ser restos de cosméticos, de betún o de salchichas, o restos de explosivos de la II Guerra Mundial (sic!); respuesta del fabricante de los detectores, Jan Bokszczanin: “si los aparatos indican trotilo, la probabilidad de que no lo haya es igual a cero… ¿Cómo apareció el trotilo en ese lugar?… Eso ya no es asunto mío”.

10.12 Jaroslaw Gowin, ministro de justicia de Polonia: “hoy ya sabemos que en el avión de Kaczynski había trotilo, pero de eso a afirmar que hubo un atentado hay un largo camino”

13.12 Radek Sikorski, ministro de asuntos exteriores de Polonia: pide a la baronesa Ashton ayuda para recuperar el avión de Kaczynski. El Ministerio de Asuntos Exteriores ruso responde da muestras de su extrañeza e informa que, de momento, eso es imposible.

14.12 Donald Tusk –primer ministro de Polonia: “Rusia a veces expone su punto de vista acerca de la devolución del avión (de Kaczynski) de un modo arrogante.  Rusia se pone en una situación ambigua al no entregárnoslos”.

O sea, que sí había trotilo. Lo cual no quiere decir que esa fuera la causa de la catástrofe. Pero si estaba todo tan claro, ¿para qué negar la mayor? Si antes de despeguar había ya restos de trotilo en el avión y lo dejaron despegar, malo. Si aparecieron después, peor.

Por otro lado ¿no andaba tan bien la colaboración con el Kremlin? Pues no: no andaba, ni anda, ni andará. Lo dije y lo repito: da igual que Putin y sus servicios no tuvieran nada que ver en la catástrofe. Para ellos es una ocasión fabulosa de influir en la política interna polaca. Lo ideal desde su punto de vista es que parezca un atentado pero sea imposible demostrarlo. Que Sikorski y Tusk se den cuenta pasados dos años y medio de la catástrofe de que Moscú no ayuda en la investigación los deja en muy mal lugar. El problema no es que Rusia obstruya, sino que las propias instituciones polacas hacen todo lo posible para no hacer nada. Entre tanto, parece que ya son siete los cadáveres que no fueron enterrados en sus tumbas. Ni los entierros los hicieron bien.

Y sobre el chivatazo del dueño de Rzeczpospolita al portavoz de de Tusk, no hay palabras. Hajdarowicz se hizo con el periódico más serio del país gracias a la ayuda inestimable del gobierno, que presionó al dueño de Rzeczpospolita, la británica Mecom, hasta que consiguió que vendiera sus acciones. Hajdarowicz no tenía tanto dinero. Lo compró gracias a un crédito de Leszek Czarnecki, uno de los hombres más acaudalados del país, de quien por cierto Rzeczpospolita escribió años atrás que había sido confidente de la policía secreta comunista.

Durante los primeros meses Hajdarowicz se limitó a cambiar de redactor jefe. Pawel Lisicki pasó a dirigir el semanal Uwarzam Rze, también propiedad de la misma compañía, pero parecía que seguiría habiendo libertad a la hora de escribir. Lisicki, que criticó a Hajdarowicz en una entrevista por sus métodos, también fue despedido, pero en solidaridad con él abandonaron la revista treinta periodistas. Eso no pasa todos los días.

Está cada vez más claro que Hajdarowicz recibió el encargo de hundir un diario que le buscaba las cosquillas al gobierno y que toda esta operación poco tiene que ver con el libre mercado. Lo está haciendo maravillosamente bien.

Un consejo antes de terminar: tengan cuidado si se limpian los zapatos antes de entrar en un avión, o si se comen un chorizo: lo mismo los detienen por llevar explosivos a bordo.

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¡Había una vez… un circo!

noviembre 20, 2011

– “La culpa de todos nuestros males la tienen los judíos y los ciclistas.”

– “Oiga, pero ¿por qué los ciclistas?”

– “¡Antisemita! Así que eres de los que creen que los judíos son los culpables de todo!”

Este viejísimo chiste viene bien para ilustrar el absurdo con el que se tendrá que enfrentar durante los próximos cuatro años todo aquel que quiera seguir la política a orillas del Vístula.

El espectáculo protagonizado por Janusz Palikot y sus cuarenta acólitos en el Parlamento polaco acaba de comenzar. La frase de la semana pertenece, como no, a éste diputado, escandalista número uno, que así comentó la composición del nuevo gobierno del “liberal” Donald Tusk:

“… hablo de Tomasz Arabski, Radosław Sikorski y Jarosław Gowin, que son funcionarios de los servicios secretos católicos en el gobierno polaco”. Y sigue: “No finja (por Tusk) que no sabe usted que si la Iglesia quiere influir en alguien, envía a la gente del Opus Dei a diversas instituciones que ejercen influjo sobre ellos. Si el país ha de ser laico de acuerdo con la Constitución, gente que trabaja como funcionario de los servicios secretos del Opus Dei no debe estar en este gobierno”.

Es bien sabido que Janusz Palikot es un tipo inteligente, así que pensaré que sabe que lo que dice es una soberana estupidez y que tiene sus motivos para actuar de ésta y no de otra manera. Si por lo menos fuera verdad, pues bueno, sería cosa de las fobias de un personaje que fue en su momento mecenas de una revista conservadora dirigida a gente joven tipo “generación JPII”, y que luego vio que mejor negocio sería hacerse pastor de un rebaño sin líder: la nueva izquierda polaca. Cinismo.

Estas palabras no nos dicen nada de Palikot, que, según me dice el reconocido consejero político Eryk Mistewicz, es un “representante de la post-política”, donde no importan las convicciones, sino la eficacia en llegar a los potenciales votantes. Nos dicen mucho más del perfil del votante del Movimiento Palikot: gente con pocas ideas y más bien espesas.

Otra cuestión es el motivo: personalmente, pienso que de lo que se trata es de “encubrir” el escándalo en que se ha visto envuelta la diputada de Palikot Wanda Nowicka. El juez no ve delito en que la periodista Joanna Najfeld sostenga que Nowicka está en la nómina de empresas dedicadas al aborto. Algo había que encontrar urgentemente de lo que hablaran en las noticias.

Sikorski: reactivation?

noviembre 19, 2010

Si puedo, prefiero escribir en positivo, el problema es que este desgobierno mercadotecnio de Tusk da pocas ocasiones. En este año, que recuerde, sólo dos: la primera fue la valiente actitud de la ministra de Salud, Elzbieta Radziszewska, ante las presiones de que estaba siendo objeto por parte del lobby gay, pero entonces andaba yo escaso de tiempo para describir la escena.

El segundo feliz momento lo ha protagonizado quien, hasta la fecha, estaba siendo quizá la mayor desilusión de los últimos tiempos: el ministro de exteriores Radoslaw Sikorski. Aún no hay que lanzar cohetes, para nada, pero no dudo que ya es un logro que se haya llevado a su homólogo teutón Guido Westerwelle a Minsk para charlar con Lukaszenko hace un par de semanas, y al sueco Carl Bildt a Kyiv, para tratar con el presidente ucraniano sobre el proceso de integración con la UE.

Tras tres años de pasividad oriental, cualquier señal de resurrección de la diplomacia en dirección Este se recibe con alegría. No pienso que Kaczynski lo hubiera hecho mejor en la situación actual, dicho sea de paso (habría hecho más ruido, aunque con poca efectividad), pero se habían creado unas expectativas tales que los resultados de estos tres años no cabe calificarlos sino de paupérrimos: se han contentado hasta la fecha con que “Occidente” les de unas palmaditas en la espalda por ser buenos chicos.

Y ya que escribo del Este, -¡oh, paradoja! – , reseñable es el hecho de que el archirreconocido adalid de la libertad de las gentes, defensor de viudas y desamparados y paladín de la justicia,… sí, es él: el mismísimo Hugo Chávez y su petróleo pueden convertirse en salvadores de la independencia energética de Bielorrusia y Ucrania. Si es que la vida da unas vueltas…

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No puede faltar un toque sarcástico, para eso no hay que esforzarse mucho, Tusk lo pone en bandeja : )
El motto de la Plataforma Cívica en la actual campaña en las elecciones locales es “lejos de la política”. Según la definición clásica, aquel que no se interesaba por la politica, por los intereses públicos de la “polis”, era llamado “ἰδιώτης“.

¡Que se compren un perrito!

septiembre 16, 2010

De un tiempo a esta parte la prensa internacional y la blogosfera se deshacen en elogios hacia Polonia y hacia la responsabilidad de sus ciudadanos, que han votado lo que debían, dejando atrás un periodo de excesos y de una belicosidad extrema.

Estaría bien si a los halagos acompañaran logros concretos de los mandatarios de Varsovia, aparte de ser anti-Kaczynski… y va a ser que no. Resulta que fuera basta con no ser “problemático”, pero me temo que eso no es suficiente para que a alguien le llamen “hombre de Estado”, por muchos premios Carlomagno que le den a uno, como en el caso del primer ministro polaco).

¿Qué ha conseguido Tusk en tres años de trato con los líderes internacionales?

Empecemos por la energía, un campo delicado para Polonia. Pues bien: no sólo no ha movido un dedo para frenar el Nord-Stream, aquel proyecto “made in” Gazprom-Schroeder que curiosamente la Alemania de Merkel “no ha sido capaz” de detener (siendo tan caro, peligroso desde el punto de vista ecológico y de dudosa rentabilidad, si no es política). No sólo no aboga por el proyecto Nabucco, que ayudaría a independizarse algo, sino que firma un contrato con la Federación Rusa para ¡treinta años! de condiciones escandalosamente desfavorables para Polonia, pues ya están fijados los precios y, si resulta que no se consume todo el gas que estipula el acuerdo, no podrá revender el gas a países terceros. Para poner la guinda, deja totalmente de lado el gas bitúmico, del que Polonia dispone en cantidades cuantiosas y que podría convertirse en una muy viable fuente alternativa de energía, incluso para exportación.

¿Qué más se ha logrado? Ahora damos el una oportunidad a Komorowski, que lleva poco tiempo de presidente, pero ya ha sido capaz en una de sus primeras apariciones de dar por liquidado el apoyo polaco a Georgia. Uno puede tener una idea más o menos buena de Saakashvilli, pero si abandonar a un país aliado sin previo aviso es símbolo de ser ”liberales”, prefiero que me llamen integrista (aparte de que el adjetivo “liberal” para definir a Komorowski queda igual de bien que llamar al reverendo ese de Florida activista islámico).

Turno de vuelta para Tusk, pero en compañía de Sikorski: defenestración del “Eastern Partnership”, aquella estrategia que acercaría a Occidente a Ucrania, Bielorrusia, Moldavia, Azerbaiyan y Georgia. Evidentemente ellos no participan en las elecciones de Ucrania, que vira rumbo a Moscú, pero sí estoy seguro de que en este punto Kaczynski se habría movido mucho más, sin que le importase que le llamaran “rusófobo”: si es que no hay como poner etiquetas.

Iba a escribir aquí sólo de cuestiones internacionales, pero ya que las palmaditas en la espalda para Polonia son también por defenderse tan brillantemente de la crisis, añadiré que el sobrio gobierno de Tusk endeuda el país a una velocidad de 300 millones de zlotys por día (en medio año unos 150.000 millones de euros)  y que la política “liberal” leha  llevado a engrosar el cuerpo de funcionarios en dieciseis mil puestos de trabajo sólo en 2009 y en cuarenta mil en lo que va de mandato). ¡Viva el ahorro!

Prefiero un gobierno “difícil”, pero eficaz, y que si los presidentes de por ahí quieren acariciar algo, que se compren un perrito.