Archive for the ‘Walesa’ category

La Cruz importa en Polonia

noviembre 24, 2009

…tanto que el revuelo causado en Estrasburgo ha movido a algunos a pedir que la corona del águila blanca del escudo nacional vuelva a llevarla: se la quitaron en 1927, no fueron esta vez los comunistas (éstos eliminaron la corona entera en su momento). Pongo un enlace al artículo sobre este tema que me ha publicado Aceprensa.

Milagro made in Strasbourg

noviembre 21, 2009

Una decisión del Tribunal de Estrasburgo ha conseguido lo que seguramente nadie había logrado en Polonia en los últimos cuatro años: que el partido del gobierno y la oposición se pongan de acuerdo en algo. Por estar de acuerdo, están -lo nunca visto- el antiguo presidente y el nuevo: Lech Wałęsa y Lech Kaczyński.
Y todo en defensa de la misma cruz que desde instancias europeas tan ligeramente se rechaza, sin tener en cuenta la sensibilidad de los otros, en este caso de los italianos, y obviando su historia. Los autores de un proyecto de ley que condena la decisión del Tribunal y que ya ha superado las 170 firmas, son políticos del grupo Polska Plus, cuyos diputados más conocidos son “exiliados” que salieron de Ley y Justicia.

El proyecto afirma que la cruz no es sólo un símbolo religioso y una señal del amor de Dios a los hombres, sino que en el ámbito público invita a sacrificarse por los demás y manifiesta valores que edifican el respeto por la dignidad de cada hombre. Un texto así lo veo impensable en la inmensa mayoría de los parlamentos europeos.

Ha habido algunos en contra de la resolución. A unos, como a la diputada Seneszyn, no hay quien los tome en serio porque su anticlericalismo no roza sino que sobrepasa lo enfermizo. El resto de diputados de SLD, el partido ex-comunista, tienen poca fuerza en el parlamento y se encuentran además en “guerra civil”. Las declaraciones de otros personajes causan más estupor: ya escribí hace poco del específico sentido del humor del dictador Jaruzelski y cómo llegó en su sarcasmo al soltar con todo desparpajo en una entrevista televisiva que, en la cuestión de las cruces, ellos (los comunistas polacos) sa han adelantado a Estrasburgo treinta años en prohibir los crucifijos.

Me sorprendió muy positivamente este artículo de Wałęsa , cuando ya comenzaba a pensar que no iba a escuchar nada de valor de este hombre. Me alegro de equivocarme.

Independence Day

noviembre 13, 2008

Celebramos hace dos días en Polonia la fiesta de la independencia, lograda en 1918 tras 123 años fuera de los mapas de Europa. A primera vista la cuestión patriótica interesa más a los mayores, que parecen entenderla además de un modo más sentimental. A primera vista…

Sin embargo, para muchos jóvenes polacos la fiesta nacional no supone “un coñazo”, que diría cierto político español. Aunque aquí no faltan medios de comunicación que, bajo pretexto de modernidad y progreso que tildan “europeísta”, tratan de echar al baúl de los recuerdos la palabra Patria, como si supusiera un nacionalismo exclusivista, de momento la jugada tiene poco futuro.

Mientras tanto, los políticos a lo suyo, que es pegarse. Eso sí, esta vez tuvo Kaczyński, generalmente más antipático, más mano izquierda y quedó más elegante que el primer ministro Tusk, quien rechazó acudir a la gala que organizó el presidente. El que Wałęsa no estuviera invitado… En mi humilde opinión: no es de extrañar. Crea rechazo la tendencia del ex-presidente a ser la sal de todo guiso (que convierte luego en desaguisado). Siento decirlo, pero en lenguaje internauta sería un troll de primera. Los que ahora se quejan del “ultraje” son los mismos que hace un año todavía lo linchaban mediaticamente a la primera ocasión, y se da la coincidencia de que son también los mismos a los que la cuestión patriótica les importa bien poco. Parece que el plan de resucitar a Wałęsa cara a las elecciones presidenciales de dentro de dos años (por si Tusk pierde popularidad en este tiempo) va tomando forma.

Y para dar fe de que no soy el único que viene de fuera fascinado por Polonia y su historia, dejo un video de youtube de Sabaton, un grupo sueco que canta aquí sobre una batalla, la de Wizna, denominada “las termopilas polacas”. La versión con subtítulos polaco ha sido vista casi un millón y medio de veces. Dieron anteayer un concierto en Gdańsk, con mucho éxito. Musicalmente prefiero a Lao-Che, pero me parece una iniciativa muy digna de mención.

Acabemos con “Bolek” de una vez

julio 27, 2008

A veces vale la pena no precipitarse. Mejor callar y que por un momento piensen que eres ignorante a hablar y confirmarlo. Por eso he preferido leer con calma Lech Wałęsa. Przyczynek do biografii (Lech Wałęsa. Un aporte a la biografía), el libro al que hace unas se ha dedicado un sinfín de desvariados artículo antes de que nadie, ni siquiera en Polonia, pudiera echarle una ojeada porque no había sido publicado. La verdad es que la discusión ha amainado desde que el libro se puso en venta: punto por punto caen todos los argumentos que se utilizaron para desacreditarlo.

En resumen, el libro demuestra algo que en Polonia era archisabido desde hacía años: que Lech Wałęsa fue colaborador secreto (tajny współpracownik) del Servicio de Seguridad de la Polonia comunista entre los años 1970-76. Los autores aportan pruebas de ello, entre las que se encuentran informes sobre compañeros suyos de los astilleros. Wałęsa fue cada vez menos obediente a las fuerzas de seguridad hasta que cortó definitivamente con ellas. Luego, cuando su actividad fue haciéndose más opuesta al régimen,  la policía secreta volvió a interesarse por él: primero para tratar de recuperarle, y cuando no pudieron, como objetivo a perseguir. Gontarczyk y Cenckiewicz analizan el modo en que la SB trató de crear conflictos internos en Solidaridad y de servirse de los que ya existían, usando por ejemplo los papeles de Wałęsa para descreditarle. La jugada no salió bien. Más adelante vieron en otras personas (los Gwiazda, Kuroń y otros) un enemigo peor y creyeron que con Wałęsa al frente del movimiento tendrían más posibilidades de ganar la partida: gracias a Dios, no tuvieron buen olfato. Otro punto importante, del que desgraciadamente Wałęsa no sale limpio, son los años 90, en los que, abusando de su posición de presidente de la República, robó de los archivos estatales documentos que le concernían. A pesar de sus intentos no consiguió eliminar los rastros de su colaboración con el régimen en sus años jóvenes.

Después de esta introducción, y para ser claro desde el principio, lo peor de esos artículos que criticaban el libro en la prensa Occidental a finales del pasado junio, como por ejemplo De la memoria a la infamia, de Hermann Tertsch en ABC, no es el más absoluto desconocimiento de la forma de funcionar de la policía secreta comunista y de la realidad polaca desde 1990 – algo perfectamente comprensible en cualquiera que viva a más de cien metros al oeste del Oder – sino la condena a priori, sin pruebas y sin testigos de los historiadores Cenckiewicz y Gontarczyk (porque los periodistas de Gazeta Wyborcza, principal defensor de Wałęsa en esta ocasión, tampoco habían podido por esas fechas siquiera ojear la publicación) y la comparación de su libro con los métodos de la policía estalinista. Discúlpenme, esto sí es una infamia.

Se usa también como definición de la obra la palabra linchamiento. Encuentro la acepción muy desacertada. En primer lugar porque a Wałęsa no se le ha caído un pelo (ni física, ni económica ni moralmente hablando). Wałęsa sigue saliendo del libro como héroe de Solidaridad. Si acaso, linchamiento puede ser el que se lleva propiciándose el propio ex-presidente polaco desde 1990 con sus actuaciones y declaraciones: egocéntricas, ambiguas y contradictorias. ¿Cómo explicar que una vez dice “nunca vi mis papeles”, luego “vi mis papeles, pero eran fotocopias” y más adelante publica parte de esos “papeles” en internet? ¿Cómo se entiende que a partir de 1990 se rodeara de los mismísimos oficiales que le vigilaron durante toda la década anterior? ¿Cómo interpretar la sustracción ilegal de los documentos acerca de “Bolek”, que era el pseudónimo del agente con el que se le identificaba?

Esto viene también a cuento de otro de los reproches de Tertsch a la investigación de las actas comunistas: que los propios agentes se inventaban colaboradores y pagos por prestigio y dinero. Y cuenta cómo en su libro “Cita en Varsovia” dos agentes de la KGB timan a sus superiores para pagarse estancias en Occidente. Vayamos por partes: en Polonia esta práctica tuvo lugar cuando el comunismo agonizaba, no en los años 70, en los que “Bolek” fue agente. En cualquier caso un historiador con un mínimo de dotes (y Gontarczyk y Cenckiewicz ya han demostrado de sobra que las tienen) puede identificar perfectamente un documento falso de otro verdadero: basta con conocer bien la praxis y los métodos de oficina de la policía secreta. Sobre este tema dejo un par de interrogantes, algunos claramente retóricos. ¿Habría durado el sistema comunista en Polonia cuarenta y cinco años de haber tenido un aparato de represión tan negligente como Tertsch sugiere? De puertas afuera la policía secreta se servía de falsedades a efectos de propaganda y con fines operacionales, pero ¿de qué le servirían documentos falsos en su uso interno? Aún así ¿de verdad no sabe lo que arriesgaba un funcionario que quisiera engañar a sus jefes? Sigamos: es conocido que la Służba Bezpieczenstwa (SB) destruyó toneladas de documentos antes de dejar el poder (y después también) pero ¿no sabe que en numerosísimas ocasiones antes de quemar esos papeles les hacían copias de “uso privado” para poder chantajear a sus antiguos colaboradores en el futuro? Si tan poco fiables son los documentos de la SB polaca ¿qué le parecerá que el Instituto Gauck alemán se haya gastado una fortuna en un programa de computación que servirá para recomponer toneladas de legajos de documentos que funcionarios de la Stasi quisieron destruir? Y por último ¿no es curioso que Adam Michnik, antiguo disidente y ex-redactor jefe de Wyborcza, le echara en cara a Walesa el episodio de “Bolek” cuando estaban en pie de guerra (y lo han estado durante diecisiete años) y ahora, cuando le conviene, se haya convertido en su más fiel defensor?

Algunos dicen que la SB se habría buscado un cooperador “poco fiable”: el que sería líder de Solidaridad. Bien, cuando se le “fichó”, en 1970, Lech Walesa no era nadie. Cuando escapó de las garras de los comunistas, en 1976, seguía siendo nadie. La SB podía ser perversamente inteligente, pero el don de profecía escapaba a sus posibilidades. Luego, al cabo de algunos años la SB tendría agentes en Solidaridad. ¿Cómo no iba a tener a chivatos en un movimiento que llegó a tener diez millones de personas si disponía de casi cien mil colaboradores por aquel entonces? Lo grandioso es que el movimiento venció a pesar de eso. Walesa se escurrió a la SB. Eso era posible, aunque a veces exigía heroicidad, como en este caso, o como en muchos otros, como en los que describe d. Tadeusz Isakowicz-Zaleski en su libro Los sacerdotes frente a las fuerzas de seguridad (Księża wobec bezpieki, desgraciadamente no está en castellano).

Queda bien claro en el libro que la grandeza de Wałęsa reside también en que no se dejó chantajear, a sabiendas de que la SB disponía de papeles que le descreditaban, en un momento en el que además arriesgaba más que años atrás, pues su familia había crecido. Gontarczyk y Cenckiewicz no le echan en cara que firmara en 1970 – cosa que el propio Walesa llegó a admitir. Hay que tener en cuenta que hacía bien poco acababan de asesinar a compañeros de los astilleros. En cualquier caso, las pruebas de la colaboración de Walesa entre 1970 y 1976 son irrefutables: en toda la región de Pomerania sólo había cuatro agentes “Bolek” (y no 54, como decía el ex-presidente para hacer creer que los documentos eran poco fiables). De esos cuatro, sólo uno vivía en Gdansk y trabajaba en los astilleros y la información que traspasó a la SB era extraordinariamente precisa. Alguien que, como Tertsch, escribe un libro sobre los servicios secretos comunistas debería saber también que no es sencillo hacer desaparecer las huellas de la colaboración de una persona: no basta con quemar la carpeta de un colaborador secreto, porque hay copias de sus informes en otras carpetas, como en las dedicadas a una operación de vigilancia de una persona o de una organización, …

No, Lech Walesa sale peor parado de los años 90, cuando se rodeó de tipos sospechosos y permitió la quema en masa de los archivos y tomó medidas tan vergonzosas que ha pasado a la historia entre votantes de derecha el dicho “soy de los que votó a Wałęsa pero rezó para que ganara Kwasniewski”. Escribió una de sus peores cartas en 1992, cuando sirvió de apoyo a los que derrocaron el gobierno de Olszewski que se disponía (entre otras cosas) a informar sobre quién, en el Parlamento y en altos cargos  estatales, había estado al servicio del aparato de seguridad.

Desde 1990 no había aparecido ni una sola publicación científica seria sobre Lech Wałęsa. Esta es la primera. Tampoco hay nada acerca del funcionamiento de Solidaridad (especialmente en Pomerania). El Instituto de Memoria Nacional se encontraba cada vez que examinaba el tema con “Bolek”. Había que finalizar el asunto para poder seguir adelante con otras investigaciones. Pero si hablamos de los fines comerciales del libro, no parece que Cenckiewicz y Gontarczyk lo hayan escrito para hacerse millonarios. No es una lectura fácil, no es periodismo literario sino un trabajo de investigación histórica y la primera edición era de tan sólo cuatro mil ejemplares, quizá por miedo a que funcionara la censura. En cualquier caso, el escándalo (y en gran parte el éxito) del libro se debe única y exclusivamente a Michnik y a sus acólitos. Alegan también que “no podemos tirar piedras al mito de Solidaridad”. A lo que muchos responden, y me uno a ellos, siguiendo al clásico polaco Józef Mackiewicz: “sólo la verdad es interesante”.

Wałęsa y el proverbio chino

mayo 22, 2008

Oí hace ya algunos años de un amigo un proverbio oriental (bueno, eso me dijo, pero si se lo inventó tampoco pasa nada): “mejor una vez verde que mil amarillo”. Lo cual puede entenderse como que es mejor desde el principio decir las cosas claras aunque haya que pasar un mal trago, a andarse luego durante una larga temporada con medias verdades, que cansa más y, a la larga, causa infinitamente peor efecto.

Para su desgracia, Lech Wałęsa nunca escuchó el proverbio de marras y por eso desde hace varios lustros le pasa lo que le pasa: no conozco a ningún héroe tan empeñado en derribar su propia leyenda. Desde hace ya bastantes años es secreto de polichinela que el mítico dirigente de Solidaridad fue colaborador durante un tiempo con los servicios de represión comunistas. Para dejar las cosas claras, eso ocurrió en los años 1970-76, siendo él entonces un joven obrero. ¿Qué ocurrió después? Pues que consiguió escapar del cerco de la SB y nunca volvió a dejarse intimidar por sus esbirros. Evidentemente sus actos posteriores en la oposición al régimen superan inmensamente la pusilanimidad en la que antes cayó.

Las reacciones a un libro de dos historiadores del Instituto de Memoria Nacional (IPN), Sławomir Cenckiewicz y Piotr Gontarczyk, han sido bastante histéricas, con honrosas excepciones. El propio Wałesa grita “¡yo derroté a las fuerzas de seguridad, no ellos a mí!” y amenaza con revelar la verdadera identidad de “Bolek”, que era el pseudónimo del confidente con el que se le identifica (“ahora conozco la verdad”): pues la verdad, en mi humilde opinión, es que podía haberlo hecho hace por lo menos diecisiete años, si fuera cierto lo que dice, y nos habríamos ahorrado un culebrón. También anuncia que irá a los juzgados.

Más “concreto” que Wałęsa es Władysław Frasyniuk, antiguo lider de Solidaridad y hoy miembro del Partído Demócrata, de la órbita del dirario Gazeta Wyborcza: “con gente así (Gontarczyk y Cenckiewicz) no se discute, sólo se les puede dar (una bofetada) en la cara”. Y todo esto ¡antes de que se publique el libro! Creo que queda claro por que me “gustan” tanto GW y sus satélites: sólo es un referente moral quien ellos quieren, y si la verdad no se adecúa a lo que ellos dictan, peor para la verdad.

Otros, como Andrzej Czuma, antiguo disidente y ahora diputado de Plataforma Cívica, el partido del gobierno, ponen el cerebro en funcionamiento antes de poner la boca en movimiento: “el drama de Wałesa consiste en que no hubo nadie que le dijera que su grandeza no iba a desaparecer al confesar los errores de su juventud”. Y yo estoy completamente de acuerdo con él.

Elogio de la amistad

septiembre 8, 2007

Eso se llama ser leales. Hacerle algo así al bueno de Havel clama al cielo… Venía a Polonia a descansar unos días y a promocionar su nuevo libro, pero sus viejos amigos polacos de cuando se dedicaba a combatir el comunismo tenían otros planes. Aunque también es cierto que alguien con su experiencia en la lucha contra la tiranía roja debería verlas venir y no hablar a destiempo. Como describió mi citado en otras ocasiones Ziemkiewicz, se comportó con la delicadeza de un elefante en una tienda de porcelana.

Bueno, pues pasó que durante la presentación de su obra Havel tenía a su lado a varios ex-disidentes polacos, el más conocido Adam Michnik, y que apenas se habló del libro de marras, centrándose la discusión en lo mal que está presuntamente Polonia. El ilustre checo, incoado por sus antiguos compañeros de armas, aunque reconociendo primero que no está muy al tanto de lo que pasa por estos lares, soltó varias frases de más, como por ejemplo que la democracia en Polonia está amenazada y que las próximas elecciones deberían ser vigiladas por observadores internacionales. Vamos, que comparó a Polonia con Cuba, Bielorrusia, etc.

El problema es que mucha gente fuera se lo cree. Havel no ha hecho más que repetir lo le han estado repitiendo sus colegas, la gente en la que confía desde hace decenios: Michnik, Geremek… Igual que los medios de comunicación occidentales. Un buen amigo me comentó hace poco, no sin razón, que los mass media europeos repiten sobre Polonia lo que dice Reuters, y que Reuters repite lo que dice Geremek. Nadie les dice que los Kaczyński no llegaron al poder por accidente, sino porque los ciudadanos estaban hartos del proyecto de Polonia que proponían esos antiguos disidentes: el partido apoyado por la antaño todopoderosa Gazeta Wyborcza no entró siquiera en el último Parlamento y la candidata a la presidencia del país obtuvo una cantidad de votos cercana al error estadístico. ¿Por qué Geremek si no está en la generosa jubilación del Parlamento Europeo? Pues sencillamente porque en casa ya no le escucha nadie. Eso sí, fuera están haciendo un descomunal trabajo de intoxicación. No les falta experiencia: Michnik anunciaba en periódicos extranjeros ya en los años 90 una catástrofe a la yugoslava a la que llevarían a Polonia los gobiernos de derecha, y habla ahora de un golpe de estado encubierto de los gemelos. Una de dos: o perdío el contacto con la realidad, o nos está timando a conciencia por desesperación.

No se trata de que hay que hacer sin motivo panegíricos del propio país cuando se está en el extranjero, sobre todo si efectivamente el partido gobernante demuestra grandes dotes de incompetencia, pero desprestigiarlo sólo por ver frustradas ambiciones personales me parece escandaloso, y peligroso para los intereses de la nación que se dice defender. Es más, estoy convencido de que esta vez se ha metido un gol en propia puerta que le saldrá caro por no contar con el carácter nacional: traer a alguien a un invitado a casa para que le cante las cuarenta al anfitrión olvidándose del gusto de los polacos por llevar la contraria no es precisamente una buena idea.

Y claro, además al día siguiente el ex-presidente tuvo que excusarse diciendo que no pretendía ofender a nadie, la inmensa mayoría de los políticos y de los medios de comunicación polacos, incluidos los que estaban y están en contra de los Kaczyński (hasta Wałęsa, que ya es decir) lamentaban tamaña desinformación en un personaje tan admirado, y la embajada checa no paraba de responder al teléfono explicando que la opinión del señor Havel no tiene nada que ver con la del gobierno de Praga. Para algo están los amigos, ¿verdad?

Los papeles de Wałęsa

junio 15, 2007

Nunca es tarde si la dicha es buena. Wałęsa publicó por fin las actas que escribió sobre él la policía secreta comunista. Y sin embargo nos queda un mal sabor de boca. Antoni Dudek, prestigioso historiador, afirma que las páginas publicadas no introducen nada nuevo. Es más, el antiguo dirigente de Solidaridad pone a nuestra disposición los documentos que le interesan, los de los años 80.

Muchos se extrañan fuera de Polonia. ¿No es exagerado tratar de echar al polaco vivo más universal del pedestal al que la historia lo subió con todo merecimiento? A esa pregunta hay que responder que es el mismo Wałęsa el que ha hecho todo lo posible e imposible por desprestigiarse. Aunque el fichero original de Wałęsa fue seguramente uno de los primeros que desapareció en la gran quema de papeles de los años 1989-1991 y lo que quedó desapareció en misteriosas circunstancias, los archivos (y en especial los archivos de los servicios comunistas) dejan siempre rastros. Los historiadores con los que he tenido ocasión de hablar opinan que Wałęsa pudo ser obligado a colaborar a principios de los años 70 con la sombría SB y que escapó de sus garras algo más tarde.

Evidentemente, su heroica actuación como líder de Solidaridad supera con creces cualquier hecho anterior. Es más: podría mostrar a la gente que pueden lograrse grandes objetivos superando los momentos de debilidad. No caería del pedestal sino todo lo contrario. Desgraciadamente, su comportamiento de ahora sólo consigue acrecentar absurdamente las sospechas de que tiene algo que ocultar. ¡Qué pena!