Archive for the ‘Varsovia’ category

Independencia pasada por fuego

noviembre 12, 2011

Se veía venir que no todo ayer iban a ser sonrisas en Polonia. En concreto, desde que se supo que organizaciones de extrema izquierda polacas habían invitado a sus “hermanas” de Alemania a boicotear la “Marcha de la Independencia”, un evento de carácter supuestamente “neonazi” que iba a desfilar por las calles de Varsovia.

Las hostilidades no pudieron empezar de un modo más grotesco: hacia el medio día, una partida de anarquistas, muchos venidos de Alemania, creyó haberse topado con un batallón de nacionalistas polacos vestidos con uniforme militar. Dieron la orden de ataque y comenzó la pelea con lo que era sólo un grupo de actores con uniformes de la época napoleónica. Los “huéspedes” se comportaron por lo general de forma agresiva, y bastaba una bandera blanquirroja, la enseña polaca, ser tomado por nacionalista y atacado. Se refugiaron, escoltados por la policía, en una cafetería perteneciente a un grupo de la izquierda radical, de donde fueron más tarde desalojados. Unas cien personas fueron arrestadas.

A las tres, hora del comienzo de la marcha, los veinte mil participantes se encontraron con que la ruta estaba bloqueada por los antifascistas. La policía dividía ambos grupos. Ante la imposibilidad de seguir adelante, energúmenos que también tomaban parte en la marcha (miembros de organizaciones marginales de extrema derecha o de hooligans) se decidieron a atacar a la policía usando para eso botellas y adoquines. Mientras, la mayoría de los participantes -mayoritariamente familias y gene joven- dio la vuelta pacíficamente, modificando el recorrido de la manifestación.

Todo discurrió con normalidad hasta que la marcha llegó al lugar en el que había de disoverse. Después de pasar cierto tiempo coreando divisas de diversa índole, algunas patrióticas, otras contrarias al gobierno de Donald Tusk, la mayor parte de los presentes decidió volver a casa tan tranquilamente como habían venido, pero entonces tuvieron lugar actos vandálicos perpetrados por personajes cubiertos con pasamontañas. Dos coches de una cadena televisiva fueron incendiados a pesar de la oposición de los organizadores y de nuevo volaron botellas y piedras en dirección a los numerosísimos funcionarios de la policía presentes, aunque pasivos ante los primeros excesos. Los vehículos siniestrados pertenecían a la cadena TVN, que se encuentra también en estado de guerra con los hinchas del equipo Legia Warszawa. Los hooligans son además un colectivo que  hace unos meses sirvió de excusa al gobierno para mostrar mano dura, siendo la situación desde entonces de conflicto permanente.  Poco de patriotismo y muchas ganas de gresca con la policía en su actuación.

Este era uno de los casi treinta acontecimientos con los que la capital polaca celebraba el 93 aniversario de su independencia, pero su desarrollo ha empañado la imagen de los festejos.


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Nuevo virús causa ceguera – sólo a periodistas

octubre 26, 2010

Ni en francés, ni en inglés, ni en español, ni en italiano, y menos mal que en Alemania sí se publicó algo sobre el asesinato en Łódź (se pronuncia más o menos “uch”), porque hasta se me pasó por la cabeza quedarme en el exilio en Ucrania, donde iba sólo de conferencia… ¡Hasta la prensa de allí bajo Yanúkovych es más plural!

No es que me crea precisamente que Varsovia es el ombligo del mundo, pero ¿no extraña de verdad que en la última semana en la prensa en todos esos idiomas sí se ha podido leer que los obispos polacos tienen su opinión sobre la in-vitro (que, por cierto, no ha cambiado nada, así que no veo dónde está la novedad), mientras que sobre el primer asesinato político desde 1989 nada? ¿Tan humildes se han vuelto los corresponsales en bloque que dejan todos esa noticia para otros? Y eso en un país que, catástrofes aparte, tampoco es que de mucho de qué hablar a diario. Parecería que se les hubieran roto los esquemas al ver que la víctima era del partido de Kaczynski: “si los hechos no concuerdan con mi teoría, peor para los hechos”.

O han sido presa de un desconocido virús que provoca ceguera colectiva y selectiva, o filtran a conciencia ellos las noticias, o alguien se las filtra, y no sé qué es peor.

Fin del sueño

noviembre 2, 2009

Aún queda un año para las elecciones presidenciales en Polonia y lloverá mucho antes de que se pueda hacer un pronóstico serio. Lo que queda claro es va a ser un camino de rosas para el primer ministro Donald Tusk, aún el más firme candidato a la jefatura de Estado.

Hasta el pasado septiembre las cosas no le podían haber ido mejor a Tusk y a su Plataforma Cívica. Sin atreverse a emprender reformas de calado, les bastaba con no ser la única alternativa seria al regreso del partido Ley y Justicia de Jarosław Kaczyński al poder. Ningún gobierno de la historia de Polonia tras la caída del comunismo ha sido capaz de mantener durante un periodo tan largo (casi dos años) una cuota de popularidad similar.

Pero se acabó el idilio. Es cierto que los resultados de las encuestas no han caído en absoluto en picado, sigue gozando de una amplísima ventaja, pero también lo es que el margen de error de Tusk se ha estrechado peligrosamente. Han sido tres escándalos seguidos con miembros y agendas del gobierno como protagonistas los que han provocado que incluso por un momento se han abierto fisuras en el apoyo mediático, incondicional hasta la fecha.

El primer affaire comenzó ya antes de las vacaciones veraniegas pero su final está por ver: la puesta en venta de los astilleros de Gdynia y Szczecin y su compra por parte de inversores de Qatar serían el gran éxito del ministro del Tesoro Aleksander Grad, lo que los salvaría de ser parcelados por orden de la Comisión Europea. Anteriormente ésta había decretado ilegales las ayudas estatales recibidas por los astilleros. Sin embargo, justo antes del pago de los 400 millones de zlotys (unos 100 millones de euros), los qataríes desaparecieron del mapa. Resultado: para los astilleros, catastrófico. Pero no es esto lo que ha escandalizado a la opinión pública sino la más que fundada sospecha de que nunca existió tal investor.

La segunda patata caliente se la sirvieron a Tusk varios de sus ministros y miembros de la directiva de la Plataforma cuyos contactos con gangsters fueron descubiertos por la Oficina Central Anticorrupción (CBA): las conversaciones grabadas y publicadas muestran cómo los políticos planeaban forzar una ley que favoreciera los intereses de los mafiosos en sus negocios ligados a los juegos de azar.

Tusk, en una de sus decisiones más acertadas, había dejado como jefe del CBA a Michal Kaminski, nombrado por el anterior gobierno y político ligado al partido de Kaczynski. Había de ser un “espantapájaros” para evitar la corrupción dentro de la propia Plataforma Cívica. Parece que, a la hora de la verdad, la lógica partidista ha sido más fuerte. Kaminski fue expulsado por Tusk de su cargo, aunque también rodaron las cabezas de varios de los involucrados en la trama, la del vice-primer ministro Schetyna y la del ministro de Deportes entre otras. La excusa para deshacerse de Kaminski fue que “había tendido una trampa” al propio Tusk cuando le informó de sus averiguaciones el pasado agosto. De hecho, el apoyo de la mayor parte de los medios -en especial de Gazeta Wyborcza- al gobierno seguía esa línea: todo era un montaje para derribar al propio Tusk. Sus titulares de octubre bien podrían pasar a la historia de la falta de rigor periodístico. Fue obligado a dimitir también el ministro de justicia y fiscal general, Andrzej Czuma, cuyas declaraciones en favor de los sospechosos -“son inocentes al cien por cien”- podían incitar a la fiscalía a no tomar medidas. Falta por averiguar quién alertó finalmente a los políticos y a los gangsters de la operación de la CBA, ya que misteriosamente el proyecto de ley fue modificado justo después de que Kaminski pusiera en guardia al primer ministro.

El tercer problema se lo han brindado a Tusk los servicios de seguridad, en concreto la Agencia de Seguridad Interior (ABW), al saberse de las escuchas de que fueron objeto conocidos periodistas. Algunas tenían relación con operaciones en curso, pero los estenogramas de otras, privadas, no fueron destruidos. Es más, el vice-jefe de la agencia trató de emplear algunos en un proceso judicial con el periódico Rzeczpospolita. De paso ha salido a la luz que el número de escuchas por parte de los servicios secretos ha aumentado desde la llegada al poder de la Plataforma Cívica, que decía venir para acabar con el “Estado policial” del anterior gobierno.

63 días

agosto 1, 2008

Dentro de un par de horas, los habitantes de Varsovia dejarán todo, absolutamente todo lo que tengan entre manos… para escuchar como suenan todas las sirenas de la ciudad. 1 de agosto, 5 de la tarde, la hora W. Hoy es el aniversario del Levantamiento de Varsovia de 1944. No es un episodio más de la II Guerra Mundial, es la mayor operación del Ejército del que quizá haya sido el mayor y mejor organizado movimiento clandestino de la historia: el Estado clandestino polaco, que funcionaba bajo dos ocupaciones (nazi y soviética) con inusitada eficacia y en contacto con el Gobierno en el exilio. Todo funcionaba: los ministerios (departamentos) de educación, de justicia, de correos, de obras públicas, … y el Ejército, claro.

Se encontraron los alemanes de la noche a la mañana con 20.000 soldados en una ciudad en la que obligaba la ley marcial. Peor armados, pero con una determinación enorme, y eso es lo único que explica que un alzamiento preparado para unos cuantos días se prolongase tanto: 63 interminables jornadas.

200.000 muertos, entre ellos la flor y nata de la juventud polaca; la ciudad arruinada y a continuación incapaz para oponerse a la ocupación soviética. ¿Eran conscientes de lo que hacían los insurgentes? Las discusiones de los historiadores llegan hasta hoy. Los altos mandos del Ejército Nacional tenían un grave dilema: si no hacían nada, mal, porque los alemanes usarían Varsovia como un fortín para defenderse del Ejército Rojo; y si actuaban, también mal, porque sabían que, de fracasar, condenaban una ciudad entera al exterminio. Pero quizá la mejor pregunta hay sido la formulada por Norman Davies: ¿qué pasó para que los los Aliados durante 63 días no acudieran en ayuda de Varsovia? Una ayuda a la que Polonia, como Primer Aliado, tenía absoluto derecho.

En cualquier caso, para los polacos el Levantamiento es ya un mito nacional, conmemoran algo que les puede llenar de orgullo y saben hacerlo de forma atractiva, con ingenio para transmitir también a los más jóvenes los altos valores que guiaban a los combatientes de entonces, que eran jóvenes, insultantemente jóvenes para la valentía de la que hicieron gala.

Además del atractivo y muy moderno Museo del Levantamiento de Varsovia (cuya aparición, por cierto, sirvió mucho al entonces alcalde Lech Kaczyński en su carrera a la presidencia de Polonia), el etos del Levantamiento se llevó también a otros campos: como el disco super-éxito de ventas del grupo Lao Che de hace cuatro años, Powstanie Warszawskie, que puso la batalla en punk-rock. Simplemente impresionante. Hoy también habrá conciertos, gymnkanas y un largo etcétera.