Archive for the ‘UE’ category

Nuevo virús causa ceguera – sólo a periodistas

octubre 26, 2010

Ni en francés, ni en inglés, ni en español, ni en italiano, y menos mal que en Alemania sí se publicó algo sobre el asesinato en Łódź (se pronuncia más o menos “uch”), porque hasta se me pasó por la cabeza quedarme en el exilio en Ucrania, donde iba sólo de conferencia… ¡Hasta la prensa de allí bajo Yanúkovych es más plural!

No es que me crea precisamente que Varsovia es el ombligo del mundo, pero ¿no extraña de verdad que en la última semana en la prensa en todos esos idiomas sí se ha podido leer que los obispos polacos tienen su opinión sobre la in-vitro (que, por cierto, no ha cambiado nada, así que no veo dónde está la novedad), mientras que sobre el primer asesinato político desde 1989 nada? ¿Tan humildes se han vuelto los corresponsales en bloque que dejan todos esa noticia para otros? Y eso en un país que, catástrofes aparte, tampoco es que de mucho de qué hablar a diario. Parecería que se les hubieran roto los esquemas al ver que la víctima era del partido de Kaczynski: “si los hechos no concuerdan con mi teoría, peor para los hechos”.

O han sido presa de un desconocido virús que provoca ceguera colectiva y selectiva, o filtran a conciencia ellos las noticias, o alguien se las filtra, y no sé qué es peor.

La ley del abejorro

diciembre 15, 2009

Se lamentaba Marta en un comentario al post anterior de que Lviv es la ciudad más retrasada en la preparación de la Eurocopa 2012 de Polonia y Ucrania y aprovecho para seguir el hilo.

Es cierto, con excepción de la base hotelera, y no podía ser de otra manera: es la ciudad menos industrializada y no tiene oligarcas como Pinchuk, Akhmetov o similares. Pero no es menos verdad que es la ciudad más atractiva turísticamente de las que acogen el torneo, y lo seguiría siendo incluso si Cracovia fuera también sede. Y me alegro enormemente de que no la hayan tachado de la lista, independientemente de los motivos que haya tenido Platini para no modificar los planes.

Pero no de fútbol quería escribir, sino sobre la lentitud de los cambios sociales y económicos en Ucrania, muy lentos si se los compara a los de otros países del antiguo bloque. Las analogías y las comparaciones suelen ser odiosas, pero a veces salen ilustrativas y además éstas dos las tengo de un ucraniano, Igor Balinskiy, redactor jefe del portal zaxid.net, el más leído del Oeste de Ucrania (захід -zakhid-, en ucraniano, significa eso: Oeste). Pues bien, mientras que cuando se derribaba el comunismo en Polonia habia miles y miles de disidentes “fichados” por los servicios de seguridad y se hablaba (aunque con exageración) de diez millones de miembros de “Solidaridad”, en Ucrania había, oficialmente, unos ochocientos osados. Sea como fuere, ¿qué es eso para un país tan grande? Otro dato curioso, más actual: mientras que en Polonia había antes de la crisis tres billonarios, en Ucrania, con una economía más frágil, había ciento cuarenta.

En fin, que teniendo en cuenta el grado de sovietización de la sociedad y el poder que han alcanzado los mandamases del viejo régimen, es lógico que no se note una aceleración “excesiva”. El valor de algunas cosas consiste sencillamente en que existen. Ucrania es una de ellas. Me contaba tomando un café Yaroslav Hrytsak, brillante historiador ucraniano, cómo un diplomático británico, al poco de que Ucrania alcanzara la independencia, decía que este país era como un abejorro, que si uno lo mira detenidamente, lo primero que piensa es: “¡este bicho es imposible que vuele!” Pero vuela. Con un vuelo poco gracioso, cierto, pero vuela. Y la Eurocopa, aunque desde el punto de vista organizativo pueda resultar según los estándares europeos un fracaso, y para los hinchas que viajen un shock cultural, merecerá la pena.

Hrytsak se refería también con este ejemplo del abejorro a los abismos que separan históricamente a diferentes regiones de Ucrania, en teoría casi insalvables. Pero sobre eso, otro día. También sobre los que son menos optimistas, que no faltan. Eso sí, el café con el profesor tuvo su gracia: un español y un ucraniano que en la histórica cafetería “Vienesa” de Lviv conversaban en polaco.

La Cruz importa en Polonia

noviembre 24, 2009

…tanto que el revuelo causado en Estrasburgo ha movido a algunos a pedir que la corona del águila blanca del escudo nacional vuelva a llevarla: se la quitaron en 1927, no fueron esta vez los comunistas (éstos eliminaron la corona entera en su momento). Pongo un enlace al artículo sobre este tema que me ha publicado Aceprensa.

Humor rojo

noviembre 16, 2009

No estará en forma el pobre Jaruzelski para presentarse a juicio, pero sí para hacer bromas de mal gusto. Empezó diciendo a La Repubblica que la llegada de la democracia a Polonia es obra suya y de Wałęsa. Luego habla de tal modo que parece que la caída del Muro de Berlín es obra de él y de Gorbachov. La larga entrevista no aparece en la página web del diario italiano – no sé si la quitaron por vergüenza o si sólo apareció en la versión en papel.

Ahora a nuestro amado ex-dictador le ha dado por la ironía: “nosotros nos anticipamos 30 años al veredicto del Tribunal Europeo” sobre las cruces en las aulas y, atención, “sin la ayuda del Partido Obrero Unificado Polaco (o sea: EL Partido), Karol Wojtyła nunca habría sido arzobispo de Cracovia y más adelante – Papa”.

El asunto de las cruces deja bien a las claras que “todos los tiranos se abrazan como hermanos” que diría la cantante -comunista ella también para más inri, que nunca mejor dicho.

Apuntes sobre la guerra del gas

febrero 9, 2009

Una vez firmado el nuevo contrato entre Gazprom y Naftogaz, en presencia de Yuliya Tymoshenko y Vladimir Putin, el gas vuelve a correr sin obstáculos hacia Europa. El nuevo acuerdo tiene una validez de diez años, pero después de la tensión sufrida durante las tres primeras semanas de enero pocos son los que pronostican un largo periodo de tranquilidad energética. Merece la pena repasar los acontecimientos porque han quedado numerosos puntos oscuros en esta “guerra del gas”.

Refleja bien lo turbio de la situación la respuesta de Katinka Barysch, del Centre for European Reform de Londres al diario polaco Dziennik sobre las causas del conflicto, en una entrevista publicada el 8 de enero: “No tengo la menor idea y nadie en Bruselas la tiene. Desde el comienzo de esta crisis Moscú y Kiev hacen todo lo posible para que no sepamos de qué van estas negociaciones”. Evidentemente, deben ser motivos del más alto interés si llevan a la Federación Rusa a dar pasos tan radicales que en la URSS de Brezhniev no podían ser ni siquiera tomados en cuenta.

Ucrania en tiempos de Leonid Kuchma recibía gas por el precio de 50$/1000m3. “Eso era un sinsentido”, afirma Oleh Krykavskyy, experto ucraniano en asuntos energéticos de la consultora Gide Loyrette Noeul. En ese tiempo otros países, como Polonia, pagaban por el gas unos 300 dólares. “El precio tenía que subir, lo que pasa es que nuestra industria no estaba preparada, especialmente la química, en la que el gas constitye el 80% de los costes. Fue un mazazo. A partir de entonces sólo se podía ser competitivos gracias a los bajos costes laborales”. El momento elegido para subir el precio no respondió a una casualidad, tuvo lugar tras la “revolución naranja” que encumbró a Yuliya Tymoshenko y Viktor Yushchenko y vino precedido de una semana sin suministro que obligó a los nuevos mandatarios a capitular: se firmó un contrato renovable cada año, el precio quedó fijado en 175$ por cada 1.000 m3 de un cóctel de gas procedente de Rusia y de Asia Central y 1,7$ para Ucrania por cada 100 km de tránsito de 1000m3 de gas. Apareció además un oscuro intermediario del que Ucrania compraría el gas: RosUkrEnergo. Oficialmente esta empresa pertenece a Gazprombank en un 50%, en un 5% a Ivan Fursin y en un 45% a Dmytro Firtash, multimillonario ucraniano dueño del canal televisivo Inter. Es difícil demostrar qué intereses representa el último, aunque un chiste ucraniano dice que “la pronunciación correcta del apellido Firtash es Mogilevich” – reputado boss de la mafia rusa, ahora encarcelado.

El pasado invierno, con Yanúkovich de primer ministro, Gazprom no vio motivo alguno de discordia. Las cosas cambiaron una vez volvió Yuliya Tymoshenko a ocupar el sillón de premier. Pero los motivos expuestos por la gasística rusa para cortar el 1 de enero el suministro a los consumidores ucranianos dejan muchas dudas: la crisis comenzó según Gazprom debido al impago de 2.4000 millones de dólares, de lo que Naftogaz reconocía sólo la mitad. Si no se pagaban el precio a partir de enero sería “de mercado”, llegándo las exigencias a los 450$. Era lógico que el precio siguiera subiendo, pero no había motivo para poner ningún ultimatum. “Eran cuestiones técnicas, no tan difíciles de resolver”, comenta Alexey Huppal, redactor de la revista especializada Energo-Biznes.

Poco claros era también el presidente de la Federación Rusa, Dmitriy Medvedev, y Alexey Miller, presidente de Gazprom, cuando hablaban del paso de Ucrania al “precio de mercado centro-europeo”. “No existe tal cosa”, sostiene Oleh Krykavskyy. “¿Es ese el precio que paga, por ejemplo, Alemania por el gas noruego?. No hay un sólo precio de mercado. Alemania, por ejemplo, paga menos a Gazprom por ser un cliente que consume mucho. Eslovaquia y Hungría pagan más, al ser sus necesidades mucho menores. Ucrania debería tener también un precio asequible, porque compra grandes cantidades de gas y es el principal país de tránsito”. Además, “el gas natural no es un artículo de libre mercado, sino de precio reglamentado. Se puede hablar de libre mercado en USA y Canadá, pero no aquí”, concluye.100_07161

Así las cosas, después de cortar el gas a los ucranianos el 1 de enero por supuesto impago de deudas, varios días después, en una escena teatral grabada por las principales televisiones rusas, Putin mandó a Miller de suspender totalmente el suministro de tránsito por tierras ucranianas. La excusa era esta vez que el país vecino robaba gas dirigido a otros países y la orden suponía dejar sin líquido azul a numerosos países. Naftogaz rechazó las acusaciones, alegando que se seguía cumpliendo hasta la fecha el harmonograma de entrega de gas a terceros países y que el único gas que se estaba “perdiendo” era el llamado “gas técnico”, que sirve para hacer presión en el gasoducto y hacer posible el tránsito. Gazprom pretendía que Naftogaz comprara ese gas a 230 dólares, y éste sostenía que no puede pagar por un gas que sirve al negocio ruso, no a Ucrania, y que además ese precio sería absurdo si se mantuviera el precio de tránsito de 1,7 $ por 1.000 metros cúbicos cada 100 km. Tampoco se sostienen las acusaciones del Kremlin de robo si tenemos en cuenta las enormes reservas de gas de Ucrania. En cualquier caso, Putin siguió el juego y trató de montar un consorcio europeo que comprara ese gas técnico, lo cual era serviría para conseguir el control sobre los gasoductos ucranianos. No alcanzó este objetivo y Europa, que no estaba interesada en encontrar al culpable sino en la resolución del problema, seguía sin el 80% de suministro de gas, que sólo recibían los países conectados al gasoducto que atraviesa Bielorrusia. Las hostilidades alcanzaron su momento cumbre y Putin exigió el envío de observadores europeos a Ucrania.

Pero existen otros puntos de vista. Alexander Huppal es audaz en sus afirmaciones: “¿Guerra? ¿Qué guerra? Rusia tiene gas, Ucrania tiene gas,… y la Unión Europea no tiene gas. No ha habido ninguna guerra, por lo menos no entre Rusia y Ucrania”. Ciertamente, la situación en las calles y fábricas de toda Ucrania era de la más completa normalidad, al contrario de lo que ocurría en esos mismos momentos en otros países como Eslovaquia, Bulgaria, Hungría y Moldavia. “Ucrania estaba muy bien preparada, había llenado sus depósitos de gas y, es más, los rusos eran conscientes de ello. Ucrania ha sido sólo un pretexto para cerrar el grifo”. Ucrania no tuvo problema en enviar gas en dirección a la Unión Europea hasta la interrupcion definitiva del envío de gas por parte de Rusia, y luego pudo incluso abastecerse a sí misma y a Moldavia. También se disponía a suministrar gas a Bulgaria, pero no se llegó a ello. El presidente de Naftogaz, Oleh Dubina, preguntado por el motivo en una rueda de prensa, respondió que “principalmente, por causas técnicas”. Ese “principalmente” deja entrever que había razones políticas encubieras, posiblemente presiones desde Moscú.

La impresión una vez finalizado el conflicto es de que Rusia pretendía conseguir demasiados objetivos a la vez, y de algunos de ellos eran contradictorios: humillar a Ucrania por el curso occidental que siguen apoyando los “naranjas” y mostrarla a Europa como un compañero de negocios poco fiable, tomar el control de los gasoductos que recorren Ucrania con ayuda de un consorcio “europeo” en el que estuvieran involucradas sus filiales en la UE, enseñar los músculos a Europa y conseguir a la vez apoyo para sus proyectos gasísticos (los gasoductos North Stream y South Stream).

La última escena del drama, la de la resolución del conflicto, también levanta numerosas sospechas. Después de la definitiva reunión con Tymoshenko que resolvía la crisis, Putin aseguró que las deudas estaban ya solventadas. “¿Llevaba Tymoshenko el dinero en el bolso?”- bromea Huppal. No falta quien, empezando por el presidente Yushchenko, afirma que el acuerdo entre Gazprom y Naftogaz supone una capitulación ante Moscú. No le falta razón, pues en el primer trimestre de este año pagarán 360$ por cada mil metros cúbicos, incluyendo un descuento del 20%. Eso explícaria las felicitaciones del primer ministro ruso y de todos los medios de comunicación dependientes del Kremlin dirigidas a la dama de hierro ucraniana, que hasta no hace mucho se encontraba en la lista de enemigos públicos de Rusia.

Aunque sea cierto que en el momento de más elevada tensión el presidente y su primer ministro mantuvieron la misma posición, sobre el contrato no hay unanimidad de opiniones entre los propios políticos ucranianos. Es difícil que sea de otra manera, si tenemos en cuenta la compleja situación política del país a menos de un año de las elecciones presidenciales y con los tres principales candidatos (Yúshchenko, Tymoshenko y Yanúkovich) inmersos en una lucha política en la que todo vale. Yushchenko no podía ver con buenos ojos que su rival volviera al país con la gloria de haber resuelto por sí sóla el conflicto. En el curso de los últimos días el presidente ucraniano ha llegado a acusar a la primer ministro de traicionar a su país con un contrato humillante y caro, quizá a cambio de apoyo en la campaña electoral.

Pero el propio Yushchenko no queda libre de sospecha, y en cualquier caso, Yuliya Tymoshenko tiene las ideas clareas: “RosUkrEnergo sirve a los rusos para corromper al establishment ucraniano. Es una estructura del mercado gris que ha corrompido a los más altos funcionarios de Ucrania”. Acusa además de recibir dinero de RosUkrEnergo tanto a miembros del partido “azul” de Viktor Yanukovich como a personas del entorno del presidente Yushchenko. Para ella, deshacerse del intermediario en el nuevo contrato ha sido un éxito personal.

La contienda ha tenido un importante factor mediático. Parecería que en este punto los cálculos no le han salido bien al duo Putin-Medvedev a pesar de partir con una gran ventaja: todos los principales medios de comunicación rusos están a su servicio, mientras que en la propia Ucrania la mitad (y más, si hablamos sólo de las televisiones) pueden considerarse rusófilos. Y no sólo eso, sino que disponían del potente lobby de Gazprom en países de la UE. Fundamental en este punto ha sido la hábil gestión en Bruselas de Borys Tarasiuk, ex-ministro de asuntos exteriores de Ucrania que ahora preside la comisión ucraniana de integración europea.

Ha quedado también de manifiesto el cinismo de los mandatarios rusos. Han acusado en numerosas ocasiones a Ucrania de emplear su posición de país de tránsito para chantajear a la Unión Europea. Podría ser, pero pocos han caído en que es incluso peor el juego que ellos practican en Asia Central con países como Turkmenistan, por ejemplo: quien quiera comprar el gas a este país no puede hacerlo directamente, ya que Rusia adquiere todo su gas en la frontera, dictando el precio de compra, y luego lo vende a terceros, igualmente a su antojo.

Sin duda, la reputación de ambos países ha salido mal parada del envite, pero es innegable que Kiev contra todo pronóstico ha resistido esta prueba de fuerza. Es más, quizá intentando humillar al enemigo, Putin se haya disparado a su propio pie. Quienes más sufrieron las consecuencias de la disputa han sido precísamente los que eran hasta la fecha los más leales socios de la Federación Rusa en Europa: Eslovaquia, Serbia, Hungría,… “Es pegarle a los propios para que los ajenos se asusten” – comenta Huppal, citando un conocido proverbio eslavo. Esta vez quizá el golpe fue demasiado fuerte y especialmente Hungría ha pasado a engrosar la lista de fervorosos partidarios de la construcción del gasoducto Nabucco, que transportaría gas desde Asia Central a Europa pasando por Turquía y haría menor la dependencia del gas ruso. De todas formas, en Gazprom son perfectamente conscientes de que la realización de los proyectos North Stream y South Stream es cada vez menos probable debido a su elevado coste y poca fiabilidad, sobre todo en tiempos de crisis económica.

(publicado en Aceprensa con una ligera mejora estilística)

El puzzle

marzo 29, 2008

Va a resultar que no era unicamente un problema de la democracia en Polonia, o a lo mejor es un virus contagioso: durante los últimos años (en especial en los últimos tres), cada vez que un atrevido osaba husmear en los archivos de los servicios de represión comunistas polacos quedaba estigmatizado, se le consideraba un apestado o un propagador del odio en parte de la prensa de Polonia y en la extranjera que se dignaba a ocuparse del tema.

Pues bien, en Alemania ponen todos los medios para recomponer el mayor puzzle del mundo: unos 30 millones de euros para un especialísimo programa informático cuya función es rehacer los restos de 46 millones de documentos que la sombría Stasi trató de hacer desaparecer. Y nadie dice nada, ni que la democracia alemana está herida de gravedad, ni que esos historiadores son unos desalmados, ni que es un gasto estúpido, ni nada de nada.

Pero claro, lo de Polonia se sigue calificando como caza de brujas. A mí por lo menos me llega un ligero tufillo a doble rasero para medir a distintos países. ¿Es por mala fe de los periodistas de Occidente? No necesariamente. ¿Un complot anti-polaco? Tampoco me lo parece. Pienso que, sencillamente, basta con un par de personas con reconocido prestigio y la suficiente habilidad para hacerse con el monopolio informativo sobre un determinado tema, sobre todo si saben hacerse con los servicios de un ejército de “idiotas útiles” que ayudan gratis.

La exclusiva para opinar sobre la actualidad y el pasado de Polonia la tiene el círculo de colaboradores del antiguo disidente Adam Michnik, agrupados en torno al diario del que fue redactor jefe: Gazeta Wyborcza. Alguna vez leí que, sobre Polonia, en Europa se repite lo que dice la agencia Reuters y que Reuters repite lo que dice el profesor Geremek, conocido eurodiputado polaco ligado estrechamente a Michnik. Wyborcza, que fuera el periódico de “Solidaridad”, no ha dudado en hundir política o periodisticamente a quien se atreviera a afirmar que los “papeles” de los servicios del régimen comunista pueden servir para algo más que para ser quemados.

Ya escribí hace algún tiempo y lo repito aquí que el mérito de la labor de oposición al régimen comunista de Michnik es innegable, pero la forma en que se he servido de sus conexiones internacionales y de su influencia en estos últimos años me llevan a dar la razón a otros grandes contrincantes del antiguo sistema que sostienen que Michnik quizá sea la persona que más ha luchado contra la razón de Estado polaca en los últimos quince años. Ya le dedicaré algún artículo al peculiar modo de entender la libertad de prensa que tiene este interesantísimo personaje.

Esto sí es una frontera (y III)

noviembre 26, 2007

Esta vez la partimos de la ciudad en la que resido actualmente: Varsovia, y más concretamente desde Praga, que así se llama la ribera derecha del Vístula a su paso por la capital de Polonia. Sin exagerar demasiado, puede afirmarse que es allí donde comienza Asia, o por lo menos comenzaba hasta que la ya ex-ministra coordinadora del Euro 2012 decidió que el nuevo Estadio Nacional se alzará en el lugar en el que hoy se encuentra el Estadio del Decenio, un complejo deportivo en ruinas alrededor del cual se extendía uno de los mayores bazares de Europa con zonas bastante bien definidas para vendedores de Polonia, Ucrania, Bielorrusia, Vietnam,… Uno allí podía encontrarlo todo, absolutamente de todo: desde caviar hasta drogas, pasando por CD piratas, alcohol de contrabando, tráfico de armas (incluyendo uzi israelíes, MP-5 alemanes, o lanzagranadas rusos). Según la empresa que lo administraba la facturación era de unos 500 millones de zlotys (unos 130 mln EUR), pero fuentes policiales dan una cifra 24 veces mayor.

¿Por qué doy tantas vueltas? Porque mi viaje comienza allí precisamente, en la estación de autobuses Varsovia-Estadio una noche de verano, pasadas ya unas cuantas horas desde de que el bazar se fuera a descansar de su febril actividad dejando tras de sí quintales de basura y un edor insoportable. Tenía previsto ir en tren, pero a los nervios del reisefeber se unieron mil pequeños detalles que arreglar en unas pocas horas y ya en el autobús urbano que me llevaba a la estacion de ferrocarril me di cuenta de que iba sin equipaje, por lo que me vi forzado a alterar mis planes, que se hicieron desde luego mas exóticos.

El vehículo en el que me monté era ucraniano, al igual que la inmensa mayoría de los pasajeros, excepción hecha de mí, de un estudiante aventurero polaco con destino Moldavia y de un par de personas mas. En el trayecto nocturno apenas dormí, pero no ocurrió nada que merezca la pena contar, sólo la frontera mostró otra vez su cara menos amistosa y nos detuvo casi cuatro horas, esta vez en Rawa Ruska.

Hago aqui un pequeño inciso. Me ha pasado a veces ya que, charlando con españoles, les parece que soy bastante pro-americano (por lo menos mas que la media hispana) y algo anti-ruso. En lo referente a este ultimo punto, puedo decir que no me desagradaba la politica de los gemelos Kaczyński hacia Rusia, no me parece que los conflictos hayan sido provocados desde Varsovia. De lo que estoy seguro es de que Rusia no respeta a quien no se respeta a si mismo. No creo que mi caso sea una cuestion contagiosa, causada por la larga estancia en Polonia, aunque cierto es que cuanto mas cerca esta uno de Moscú la perspectiva va cambiando. Sea como fuere, si me viera obligado a elegir imperio, lo tendria muy pero que muy claro. Uno de los elementos por los que juzgo si un pais me merece respeto o no es la forma que tiene de tratar a sus propios ciudadanos, y si alguien tiene dudas de como se comportaba la Union Soviética con sus habitantes no tiene mas que pasarse por los lugares que describo: los trataba como a ganado, sencilla y llanamente. Eso es lo que he visto cada vez que he entrado y salido de Ucrania.

Llegado a Lviv tomé una marshrutka rumbo a Skole, pequeña ciudad de los Cárpatos ucranianos. Su ubicación es maravillosa, un valle flanqueado por montes bajos de espeso verde: no en vano fue cuna de los deportes de invierno de la Polonia de entreguerras. Lástima que la arquitectura destroce la grata impresión que uno podría llevarse. Pasé allí dos días con estudiantes polacos que venían a un trabajo de voluntariado. Al tercer día les acompañé a Lviv y pude permitirme ya el lujo de guiarles por el centro.

En Lviv me despedí de mis compañeros. En mis planes estaba llegar hasta Kiev, pero antes debía arreglar un par de asuntos en Przemyśl, del lado polaco. Como el autocar tambien era ucraniano, me temia una revision exhaustiva (larga tirando a muy larga) por parte de los aduaneros de la zona polaca, pero en absoluto me esperaba una parada de ocho horas. Al dia siguiente los amigos que me esperaban del otro lado me contaron que no muchos días atrás un dispositivo anti-corrupción había detenido a varios agentes de aduanas polacos por permitir el paso de contrabando a gran escala, con camiones llenos (en lo que va de año son ya varias decenas los arrestados). Así que los nuevos funcionarios o bien iban con mucho cuidado para no hacer nada mal, o bien practicaban una “huelga a la italiana” trabajando con una lentitud insultante para hacer la vida imposible a todo el mundo y conseguir así que no les desmontaran el chiringuito.

Llegue a Przemyśl a las cinco de la mañana, en vez de a las once de la noche y con bastante cansancio encima, por lo que decidi buscar una Misa dominical lo mas pronto posible, pues existía el riesgo de no despertarme hasta el dia siguiente si me echaba a descansar en casa de mis amigos. La encontré bien pronto: a las seis de la mañana y con la iglesia llena hasta la bandera. Mayormente eran peregrinos que iban a un importante santuario de la región. TJP, “to jest Polska” (en cristiano: “esto es Polonia”).

Esa misma noche monté en el tren Przemyśl-Kiev. Mi billete no era de primera, que digamos (de hecho, en ese tren no habia). Viajaria en plantskarta, un vagon en el que no hay compartimentos propiamente dichos, mas bien boxes, como en algunas oficinas, con literas de tres pisos que por lo general no son suficientemente largas, asi que si uno va por el pasillo, mejor que tenga cuidado para no tropezar. El viaje nocturno fue largo, de catorce horas, pero tranquilo.

maydan niezalezhnosti

Por fin, Kiev. Llegada apoteosica, y ya sabia yo que iba a ocurrir, pero no me quedaba remedio: tenia una cita a la media hora de desembarcar y aun no conocia la ciudad, ni siquiera tenia mapa encima (ay, las prisas). Lo habéis adivinado: me monté en un taxi. El resto es facilmente imaginable: el timo fue de espanto. Casi lo evito, pero acentué mal el nombre de la calle y el “buen hombre” se dio cuenta de que no era indígena. Unos cuantos ingenuos más y tendría para vivir todo un mes. Sobra decir que el resto de mis movimientos por la ciudad los hice en metro, en marshrutka o a pie.

Ese día comí en un local al aire libre en el Maydan Niezalezhnosti, la Plaza de la Independencia, en el que servían platos típicos de Crimea. Más o menos pegaba tanto como ir a Galicia para tomarse un gazpacho andaluz, pero a Sebastopol no tengo pensado ir pronto y ademas la comida de la Ucrania central no se diferencia excesivamente de la polaca y prefería probar algo nuevo (uno de los principios que me guiaban era el “cero McDonalds”). Tomé asiento al lado de un simpático americano que llevaba en Ucrania varios días de turismo y que me contó cómo le habían parado en la calle dos policías para pedirle sus documentos. Al contestarles que había dejado el pasaporte en el hotel, visiblemente alegrados, le dijeron que debia acompañarles a comisaría: el juego consiste en meter al extranjero un poco de miedo para luego dejarle ir a cambio de dinero. El yanqui, aunque calvo, no tenía un pelo de tonto y no se dejó amilanar: “pues vale, vamos a comisaria”. Después de unos segundos de deliberar le dejaron en paz. Yo, por mi parte, decidí que no tenia ganas de dar ocasión a este tipo de encuentros y opté por camuflarme: oculté lo mejor que pude la típica sonrisa de despreocupación del turista (que se hace casi insolente en el caso de los americanos: no me extraña que le pararan). Esto de las caras largas es también legado del comunismo.

Lavra

Poco reseñable ocurrió en Kiev ese día y el siguiente. Estuve bastante ocupado, pero me quedó tiempo para ver la maravillosa Lavra y para deambular un buen rato por el centro de la ciudad. La noche la pasaría de nuevo en el tren: volvía ya a Polonia con escala de varias horas en Lviv. Y desde alli, otra vez en autobús ucraniano rumbo a Varsovia y otra vez transcurrio la “plácida” noche en la frontera: siete horas, si mal no recuerdo. No quiero ni imaginar lo que debe ser aquello en invierno, y menos ahora, en epoca de experimentos, porque Polonia entra a finales de diciembre en Schengen.

Bueno, por fin: “hogar, dulce hogar”. Me gusta Ucrania, pero su caos va para largo.