Archive for the ‘Medvedev’ category

Apuntes sobre la guerra del gas

febrero 9, 2009

Una vez firmado el nuevo contrato entre Gazprom y Naftogaz, en presencia de Yuliya Tymoshenko y Vladimir Putin, el gas vuelve a correr sin obstáculos hacia Europa. El nuevo acuerdo tiene una validez de diez años, pero después de la tensión sufrida durante las tres primeras semanas de enero pocos son los que pronostican un largo periodo de tranquilidad energética. Merece la pena repasar los acontecimientos porque han quedado numerosos puntos oscuros en esta “guerra del gas”.

Refleja bien lo turbio de la situación la respuesta de Katinka Barysch, del Centre for European Reform de Londres al diario polaco Dziennik sobre las causas del conflicto, en una entrevista publicada el 8 de enero: “No tengo la menor idea y nadie en Bruselas la tiene. Desde el comienzo de esta crisis Moscú y Kiev hacen todo lo posible para que no sepamos de qué van estas negociaciones”. Evidentemente, deben ser motivos del más alto interés si llevan a la Federación Rusa a dar pasos tan radicales que en la URSS de Brezhniev no podían ser ni siquiera tomados en cuenta.

Ucrania en tiempos de Leonid Kuchma recibía gas por el precio de 50$/1000m3. “Eso era un sinsentido”, afirma Oleh Krykavskyy, experto ucraniano en asuntos energéticos de la consultora Gide Loyrette Noeul. En ese tiempo otros países, como Polonia, pagaban por el gas unos 300 dólares. “El precio tenía que subir, lo que pasa es que nuestra industria no estaba preparada, especialmente la química, en la que el gas constitye el 80% de los costes. Fue un mazazo. A partir de entonces sólo se podía ser competitivos gracias a los bajos costes laborales”. El momento elegido para subir el precio no respondió a una casualidad, tuvo lugar tras la “revolución naranja” que encumbró a Yuliya Tymoshenko y Viktor Yushchenko y vino precedido de una semana sin suministro que obligó a los nuevos mandatarios a capitular: se firmó un contrato renovable cada año, el precio quedó fijado en 175$ por cada 1.000 m3 de un cóctel de gas procedente de Rusia y de Asia Central y 1,7$ para Ucrania por cada 100 km de tránsito de 1000m3 de gas. Apareció además un oscuro intermediario del que Ucrania compraría el gas: RosUkrEnergo. Oficialmente esta empresa pertenece a Gazprombank en un 50%, en un 5% a Ivan Fursin y en un 45% a Dmytro Firtash, multimillonario ucraniano dueño del canal televisivo Inter. Es difícil demostrar qué intereses representa el último, aunque un chiste ucraniano dice que “la pronunciación correcta del apellido Firtash es Mogilevich” – reputado boss de la mafia rusa, ahora encarcelado.

El pasado invierno, con Yanúkovich de primer ministro, Gazprom no vio motivo alguno de discordia. Las cosas cambiaron una vez volvió Yuliya Tymoshenko a ocupar el sillón de premier. Pero los motivos expuestos por la gasística rusa para cortar el 1 de enero el suministro a los consumidores ucranianos dejan muchas dudas: la crisis comenzó según Gazprom debido al impago de 2.4000 millones de dólares, de lo que Naftogaz reconocía sólo la mitad. Si no se pagaban el precio a partir de enero sería “de mercado”, llegándo las exigencias a los 450$. Era lógico que el precio siguiera subiendo, pero no había motivo para poner ningún ultimatum. “Eran cuestiones técnicas, no tan difíciles de resolver”, comenta Alexey Huppal, redactor de la revista especializada Energo-Biznes.

Poco claros era también el presidente de la Federación Rusa, Dmitriy Medvedev, y Alexey Miller, presidente de Gazprom, cuando hablaban del paso de Ucrania al “precio de mercado centro-europeo”. “No existe tal cosa”, sostiene Oleh Krykavskyy. “¿Es ese el precio que paga, por ejemplo, Alemania por el gas noruego?. No hay un sólo precio de mercado. Alemania, por ejemplo, paga menos a Gazprom por ser un cliente que consume mucho. Eslovaquia y Hungría pagan más, al ser sus necesidades mucho menores. Ucrania debería tener también un precio asequible, porque compra grandes cantidades de gas y es el principal país de tránsito”. Además, “el gas natural no es un artículo de libre mercado, sino de precio reglamentado. Se puede hablar de libre mercado en USA y Canadá, pero no aquí”, concluye.100_07161

Así las cosas, después de cortar el gas a los ucranianos el 1 de enero por supuesto impago de deudas, varios días después, en una escena teatral grabada por las principales televisiones rusas, Putin mandó a Miller de suspender totalmente el suministro de tránsito por tierras ucranianas. La excusa era esta vez que el país vecino robaba gas dirigido a otros países y la orden suponía dejar sin líquido azul a numerosos países. Naftogaz rechazó las acusaciones, alegando que se seguía cumpliendo hasta la fecha el harmonograma de entrega de gas a terceros países y que el único gas que se estaba “perdiendo” era el llamado “gas técnico”, que sirve para hacer presión en el gasoducto y hacer posible el tránsito. Gazprom pretendía que Naftogaz comprara ese gas a 230 dólares, y éste sostenía que no puede pagar por un gas que sirve al negocio ruso, no a Ucrania, y que además ese precio sería absurdo si se mantuviera el precio de tránsito de 1,7 $ por 1.000 metros cúbicos cada 100 km. Tampoco se sostienen las acusaciones del Kremlin de robo si tenemos en cuenta las enormes reservas de gas de Ucrania. En cualquier caso, Putin siguió el juego y trató de montar un consorcio europeo que comprara ese gas técnico, lo cual era serviría para conseguir el control sobre los gasoductos ucranianos. No alcanzó este objetivo y Europa, que no estaba interesada en encontrar al culpable sino en la resolución del problema, seguía sin el 80% de suministro de gas, que sólo recibían los países conectados al gasoducto que atraviesa Bielorrusia. Las hostilidades alcanzaron su momento cumbre y Putin exigió el envío de observadores europeos a Ucrania.

Pero existen otros puntos de vista. Alexander Huppal es audaz en sus afirmaciones: “¿Guerra? ¿Qué guerra? Rusia tiene gas, Ucrania tiene gas,… y la Unión Europea no tiene gas. No ha habido ninguna guerra, por lo menos no entre Rusia y Ucrania”. Ciertamente, la situación en las calles y fábricas de toda Ucrania era de la más completa normalidad, al contrario de lo que ocurría en esos mismos momentos en otros países como Eslovaquia, Bulgaria, Hungría y Moldavia. “Ucrania estaba muy bien preparada, había llenado sus depósitos de gas y, es más, los rusos eran conscientes de ello. Ucrania ha sido sólo un pretexto para cerrar el grifo”. Ucrania no tuvo problema en enviar gas en dirección a la Unión Europea hasta la interrupcion definitiva del envío de gas por parte de Rusia, y luego pudo incluso abastecerse a sí misma y a Moldavia. También se disponía a suministrar gas a Bulgaria, pero no se llegó a ello. El presidente de Naftogaz, Oleh Dubina, preguntado por el motivo en una rueda de prensa, respondió que “principalmente, por causas técnicas”. Ese “principalmente” deja entrever que había razones políticas encubieras, posiblemente presiones desde Moscú.

La impresión una vez finalizado el conflicto es de que Rusia pretendía conseguir demasiados objetivos a la vez, y de algunos de ellos eran contradictorios: humillar a Ucrania por el curso occidental que siguen apoyando los “naranjas” y mostrarla a Europa como un compañero de negocios poco fiable, tomar el control de los gasoductos que recorren Ucrania con ayuda de un consorcio “europeo” en el que estuvieran involucradas sus filiales en la UE, enseñar los músculos a Europa y conseguir a la vez apoyo para sus proyectos gasísticos (los gasoductos North Stream y South Stream).

La última escena del drama, la de la resolución del conflicto, también levanta numerosas sospechas. Después de la definitiva reunión con Tymoshenko que resolvía la crisis, Putin aseguró que las deudas estaban ya solventadas. “¿Llevaba Tymoshenko el dinero en el bolso?”- bromea Huppal. No falta quien, empezando por el presidente Yushchenko, afirma que el acuerdo entre Gazprom y Naftogaz supone una capitulación ante Moscú. No le falta razón, pues en el primer trimestre de este año pagarán 360$ por cada mil metros cúbicos, incluyendo un descuento del 20%. Eso explícaria las felicitaciones del primer ministro ruso y de todos los medios de comunicación dependientes del Kremlin dirigidas a la dama de hierro ucraniana, que hasta no hace mucho se encontraba en la lista de enemigos públicos de Rusia.

Aunque sea cierto que en el momento de más elevada tensión el presidente y su primer ministro mantuvieron la misma posición, sobre el contrato no hay unanimidad de opiniones entre los propios políticos ucranianos. Es difícil que sea de otra manera, si tenemos en cuenta la compleja situación política del país a menos de un año de las elecciones presidenciales y con los tres principales candidatos (Yúshchenko, Tymoshenko y Yanúkovich) inmersos en una lucha política en la que todo vale. Yushchenko no podía ver con buenos ojos que su rival volviera al país con la gloria de haber resuelto por sí sóla el conflicto. En el curso de los últimos días el presidente ucraniano ha llegado a acusar a la primer ministro de traicionar a su país con un contrato humillante y caro, quizá a cambio de apoyo en la campaña electoral.

Pero el propio Yushchenko no queda libre de sospecha, y en cualquier caso, Yuliya Tymoshenko tiene las ideas clareas: “RosUkrEnergo sirve a los rusos para corromper al establishment ucraniano. Es una estructura del mercado gris que ha corrompido a los más altos funcionarios de Ucrania”. Acusa además de recibir dinero de RosUkrEnergo tanto a miembros del partido “azul” de Viktor Yanukovich como a personas del entorno del presidente Yushchenko. Para ella, deshacerse del intermediario en el nuevo contrato ha sido un éxito personal.

La contienda ha tenido un importante factor mediático. Parecería que en este punto los cálculos no le han salido bien al duo Putin-Medvedev a pesar de partir con una gran ventaja: todos los principales medios de comunicación rusos están a su servicio, mientras que en la propia Ucrania la mitad (y más, si hablamos sólo de las televisiones) pueden considerarse rusófilos. Y no sólo eso, sino que disponían del potente lobby de Gazprom en países de la UE. Fundamental en este punto ha sido la hábil gestión en Bruselas de Borys Tarasiuk, ex-ministro de asuntos exteriores de Ucrania que ahora preside la comisión ucraniana de integración europea.

Ha quedado también de manifiesto el cinismo de los mandatarios rusos. Han acusado en numerosas ocasiones a Ucrania de emplear su posición de país de tránsito para chantajear a la Unión Europea. Podría ser, pero pocos han caído en que es incluso peor el juego que ellos practican en Asia Central con países como Turkmenistan, por ejemplo: quien quiera comprar el gas a este país no puede hacerlo directamente, ya que Rusia adquiere todo su gas en la frontera, dictando el precio de compra, y luego lo vende a terceros, igualmente a su antojo.

Sin duda, la reputación de ambos países ha salido mal parada del envite, pero es innegable que Kiev contra todo pronóstico ha resistido esta prueba de fuerza. Es más, quizá intentando humillar al enemigo, Putin se haya disparado a su propio pie. Quienes más sufrieron las consecuencias de la disputa han sido precísamente los que eran hasta la fecha los más leales socios de la Federación Rusa en Europa: Eslovaquia, Serbia, Hungría,… “Es pegarle a los propios para que los ajenos se asusten” – comenta Huppal, citando un conocido proverbio eslavo. Esta vez quizá el golpe fue demasiado fuerte y especialmente Hungría ha pasado a engrosar la lista de fervorosos partidarios de la construcción del gasoducto Nabucco, que transportaría gas desde Asia Central a Europa pasando por Turquía y haría menor la dependencia del gas ruso. De todas formas, en Gazprom son perfectamente conscientes de que la realización de los proyectos North Stream y South Stream es cada vez menos probable debido a su elevado coste y poca fiabilidad, sobre todo en tiempos de crisis económica.

(publicado en Aceprensa con una ligera mejora estilística)

Anuncios

Memoria y alucinación histórica

mayo 10, 2008

Me preguntó hace no mucho un amigo si no veía desmesurada la importancia que los polacos le dan a su propia historia. Le respondí que no. Por supuesto que hay quien se excede en su sentimentalismo y hace de Polonia el centro del universo, pero por lo general no me parece que exageren. Si no tuvieran de qué gloriarse, especialmente en el siglo pasado, mi respuesta habría otra.

Todo esto viene a cuento del impresionante desfile que ayer. Visto lo que son capaces de hacer los rusos, no exponer la visión polaca de la historia sería suicida. No se andan por las ramas: casi 50 millones de dólares van a costar las obras en las calles de Moscú después del pase de los tanques y misiles, mientras que el 40% de los ex-combatientes de la II Guerra Mundial vive al borde de la miseria. Pero lo peor es que de verdad, tal y como demostró Medvedev en su discurso, los ex-soviéticos siguen empeñándose en creer que la guerra empezó el 21.06.1941 y que el Ejército Rojo iba por ahí liberando países. Como si la ocupación de media Polonia, Estonia, Letonia, Lituania y parte de Finlandia y Rumanía se hubiera llevado a cabo por voluntad de los habitantes de estos países.

La verdad no está “en el medio”. Aquí no hay lugar para relativismos. Por supuesto, hay que saber presentar la propia historia, hacerlo de una manera simpática y atractiva. En esto se puede aprender bastante de los yanquis. Sigo viendo flojo al primer ministro polaco Tusk en este tema. Está bien que no quiera hacer un exhibicionismo de la martirología polaca, pero su gobierno ha estado a punto de frenar el proyecto del Museo de Historia de Polonia sólo porque fue comenzado en tiempos del premier Jarosław Kaczyński. Gracias a Dios, la iniciativa sigue adelante. Quizá Tusk no quería que se le comparara al otro Kaczyński, al presidente Lech, que siendo alcalde de Varsovia encargó el Museo del Levantamiento de Varsovia y fue una de las pocas cosas que hizo entonces que realmente valió la pena.