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Elegir un mito

marzo 5, 2010

Hace exactamente 70 años, los mandatarios soviéticos decidieron deshacerse de unos 20.000 prisioneros polacos con un tiro en la nuca. Fue un acto más en la larga serie de crímenes del comunismo, pero tiene mucho de excepcional. No por los números -unas gotitas de sangre si se compara con el Holodomor en Ucrania – pero sí por lo que se buscaba: aniquilar la inteligentsya de Polonia y quebrar así la columna vertebral a una nación entera (una nación con la que, por cierto, no se encontraban en estado de guerra). No estuvo sola la URSS en su empeño: el III Reich fue un “digno” competidor, a la vez que socio fiel hasta junio de 1941.



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63 días

agosto 1, 2008

Dentro de un par de horas, los habitantes de Varsovia dejarán todo, absolutamente todo lo que tengan entre manos… para escuchar como suenan todas las sirenas de la ciudad. 1 de agosto, 5 de la tarde, la hora W. Hoy es el aniversario del Levantamiento de Varsovia de 1944. No es un episodio más de la II Guerra Mundial, es la mayor operación del Ejército del que quizá haya sido el mayor y mejor organizado movimiento clandestino de la historia: el Estado clandestino polaco, que funcionaba bajo dos ocupaciones (nazi y soviética) con inusitada eficacia y en contacto con el Gobierno en el exilio. Todo funcionaba: los ministerios (departamentos) de educación, de justicia, de correos, de obras públicas, … y el Ejército, claro.

Se encontraron los alemanes de la noche a la mañana con 20.000 soldados en una ciudad en la que obligaba la ley marcial. Peor armados, pero con una determinación enorme, y eso es lo único que explica que un alzamiento preparado para unos cuantos días se prolongase tanto: 63 interminables jornadas.

200.000 muertos, entre ellos la flor y nata de la juventud polaca; la ciudad arruinada y a continuación incapaz para oponerse a la ocupación soviética. ¿Eran conscientes de lo que hacían los insurgentes? Las discusiones de los historiadores llegan hasta hoy. Los altos mandos del Ejército Nacional tenían un grave dilema: si no hacían nada, mal, porque los alemanes usarían Varsovia como un fortín para defenderse del Ejército Rojo; y si actuaban, también mal, porque sabían que, de fracasar, condenaban una ciudad entera al exterminio. Pero quizá la mejor pregunta hay sido la formulada por Norman Davies: ¿qué pasó para que los los Aliados durante 63 días no acudieran en ayuda de Varsovia? Una ayuda a la que Polonia, como Primer Aliado, tenía absoluto derecho.

En cualquier caso, para los polacos el Levantamiento es ya un mito nacional, conmemoran algo que les puede llenar de orgullo y saben hacerlo de forma atractiva, con ingenio para transmitir también a los más jóvenes los altos valores que guiaban a los combatientes de entonces, que eran jóvenes, insultantemente jóvenes para la valentía de la que hicieron gala.

Además del atractivo y muy moderno Museo del Levantamiento de Varsovia (cuya aparición, por cierto, sirvió mucho al entonces alcalde Lech Kaczyński en su carrera a la presidencia de Polonia), el etos del Levantamiento se llevó también a otros campos: como el disco super-éxito de ventas del grupo Lao Che de hace cuatro años, Powstanie Warszawskie, que puso la batalla en punk-rock. Simplemente impresionante. Hoy también habrá conciertos, gymnkanas y un largo etcétera.