Archive for the ‘gente’ category

Navidad anticipada

noviembre 14, 2009

Roman Giertych debe sentirse como si en su casa acabara de hacer entrada san Nicolás con los regalos. Después del doloroso castigo que las urnas inflingieron a su partido, la Liga de las Familias Polacas que ni siquiera entró en el parlamento tras haber sido miembro de la coalición de gobierno de “los gemelos”, Giertych se retiró de la política activa a su bufete de abogados. Pero como en política nunca hay que decir nunca jamás, quizá sienta que se acerca el momento de regresar.

Por el momento, vuelve a tener la oportunidad de aparecer en primera plana en los medios de comunicación, que no es poco para un ex-político. La ocasión se la han dado los una de las agendas de seguridad del Estado, la ABW (Agencia de Seguridad Interior). Como ya mencioné al final de un post anterior, se ha hecho público que durante la era Tusk en Polonia los servicios de vigilancia realizan más escuchas que en la época del “temido” gemelo Jarosław Kaczyński y que algunas habían sido realizadas a periodistas.

Pues bien, esta vez le ha tocado a Giertych y es mal asunto para el gobierno de Tusk, porque hay indicios de que las conversaciones fueron grabadas al ex-político y a otro compañero de profesión mientras conversaban clientes. Si en el caso anterior de los periodistas los estenogramas debían haber sido eliminados ¡cuánto más en el caso de los abogados! ¿Van a poner también micrófonos en los confesionales?

Creo haber comentado que la defenestración de la Liga no me pareció una pérdida insufrible para la política polaca, aunque en absoluto era aquel montruo que describían, especialmente fuera de Polonia. Lo que desde luego queda fuera de duda es la enorme habilidad e inteligencia de Giertych. No le dirá que no a san Nicolás.

Cine “Amistad”

febrero 12, 2009

Kinotyeatr “Druzhba”, o simplemente Cine “Amistad”. Esta es la antigua iglesia católica de Sebastopol. Se terminó de construir en 1911, algunos años después de que el zar permitiera tener un lugar de culto a los catolicos de la ciudad, cuyo numero rondaba por aquel entonces los 3.000 entre polacos, lituanos y otros, en su mayoría oficiales y suboficiales de la marina rusa. Ya hubo una tentativa de construccion en 1837, pero entonces se vio abortada por la guerra de Crimea.

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Chersonesos, a las afueras de Sebastopol, gozó desde antiguo de importancia para los cristianos. Allí martirizaron a dos Papas (Martín y Clemente). Y allí tuvo lugar el bautizo de la antigua Rus, y hay que reconocer que el príncipe Vladimiro tuvo buen gusto para escoger el sitio.

En estos momentos la parroquia de s. Clemente se encuentra en un piso, el mismo desde el que hice la foto de arriba. Yuriy Ziminskiy, párroco desde hace algunos meses, tiene una tarea dura: conseguir la recuperación de la iglesia. No será fácil, porque los mandatarios de la ciudad quieren mucho dinero por devolver lo que no les pertenece. Tampoco ayuda que el lugar donde se encuentra el “Druzhba”se llame plaza de Ushakov, importante admiral ruso, canonizado por la Iglesia Ortodoxa. Don Yuriy es un auténtico “comando” (un “spetsnaz”, como por allí se dice) y una simpatiquísima persona con una biografía de película a sus espaldas: desde el seminario clandestino en Vilnius hasta Sebastopol, pasando por un par de años en el ejército rojo y la capellanía en Charnobyl,… Y como es también hombre de fe, no dudo que conseguirá su objetivo.

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Esto sí es una frontera (y III)

noviembre 26, 2007

Esta vez la partimos de la ciudad en la que resido actualmente: Varsovia, y más concretamente desde Praga, que así se llama la ribera derecha del Vístula a su paso por la capital de Polonia. Sin exagerar demasiado, puede afirmarse que es allí donde comienza Asia, o por lo menos comenzaba hasta que la ya ex-ministra coordinadora del Euro 2012 decidió que el nuevo Estadio Nacional se alzará en el lugar en el que hoy se encuentra el Estadio del Decenio, un complejo deportivo en ruinas alrededor del cual se extendía uno de los mayores bazares de Europa con zonas bastante bien definidas para vendedores de Polonia, Ucrania, Bielorrusia, Vietnam,… Uno allí podía encontrarlo todo, absolutamente de todo: desde caviar hasta drogas, pasando por CD piratas, alcohol de contrabando, tráfico de armas (incluyendo uzi israelíes, MP-5 alemanes, o lanzagranadas rusos). Según la empresa que lo administraba la facturación era de unos 500 millones de zlotys (unos 130 mln EUR), pero fuentes policiales dan una cifra 24 veces mayor.

¿Por qué doy tantas vueltas? Porque mi viaje comienza allí precisamente, en la estación de autobuses Varsovia-Estadio una noche de verano, pasadas ya unas cuantas horas desde de que el bazar se fuera a descansar de su febril actividad dejando tras de sí quintales de basura y un edor insoportable. Tenía previsto ir en tren, pero a los nervios del reisefeber se unieron mil pequeños detalles que arreglar en unas pocas horas y ya en el autobús urbano que me llevaba a la estacion de ferrocarril me di cuenta de que iba sin equipaje, por lo que me vi forzado a alterar mis planes, que se hicieron desde luego mas exóticos.

El vehículo en el que me monté era ucraniano, al igual que la inmensa mayoría de los pasajeros, excepción hecha de mí, de un estudiante aventurero polaco con destino Moldavia y de un par de personas mas. En el trayecto nocturno apenas dormí, pero no ocurrió nada que merezca la pena contar, sólo la frontera mostró otra vez su cara menos amistosa y nos detuvo casi cuatro horas, esta vez en Rawa Ruska.

Hago aqui un pequeño inciso. Me ha pasado a veces ya que, charlando con españoles, les parece que soy bastante pro-americano (por lo menos mas que la media hispana) y algo anti-ruso. En lo referente a este ultimo punto, puedo decir que no me desagradaba la politica de los gemelos Kaczyński hacia Rusia, no me parece que los conflictos hayan sido provocados desde Varsovia. De lo que estoy seguro es de que Rusia no respeta a quien no se respeta a si mismo. No creo que mi caso sea una cuestion contagiosa, causada por la larga estancia en Polonia, aunque cierto es que cuanto mas cerca esta uno de Moscú la perspectiva va cambiando. Sea como fuere, si me viera obligado a elegir imperio, lo tendria muy pero que muy claro. Uno de los elementos por los que juzgo si un pais me merece respeto o no es la forma que tiene de tratar a sus propios ciudadanos, y si alguien tiene dudas de como se comportaba la Union Soviética con sus habitantes no tiene mas que pasarse por los lugares que describo: los trataba como a ganado, sencilla y llanamente. Eso es lo que he visto cada vez que he entrado y salido de Ucrania.

Llegado a Lviv tomé una marshrutka rumbo a Skole, pequeña ciudad de los Cárpatos ucranianos. Su ubicación es maravillosa, un valle flanqueado por montes bajos de espeso verde: no en vano fue cuna de los deportes de invierno de la Polonia de entreguerras. Lástima que la arquitectura destroce la grata impresión que uno podría llevarse. Pasé allí dos días con estudiantes polacos que venían a un trabajo de voluntariado. Al tercer día les acompañé a Lviv y pude permitirme ya el lujo de guiarles por el centro.

En Lviv me despedí de mis compañeros. En mis planes estaba llegar hasta Kiev, pero antes debía arreglar un par de asuntos en Przemyśl, del lado polaco. Como el autocar tambien era ucraniano, me temia una revision exhaustiva (larga tirando a muy larga) por parte de los aduaneros de la zona polaca, pero en absoluto me esperaba una parada de ocho horas. Al dia siguiente los amigos que me esperaban del otro lado me contaron que no muchos días atrás un dispositivo anti-corrupción había detenido a varios agentes de aduanas polacos por permitir el paso de contrabando a gran escala, con camiones llenos (en lo que va de año son ya varias decenas los arrestados). Así que los nuevos funcionarios o bien iban con mucho cuidado para no hacer nada mal, o bien practicaban una “huelga a la italiana” trabajando con una lentitud insultante para hacer la vida imposible a todo el mundo y conseguir así que no les desmontaran el chiringuito.

Llegue a Przemyśl a las cinco de la mañana, en vez de a las once de la noche y con bastante cansancio encima, por lo que decidi buscar una Misa dominical lo mas pronto posible, pues existía el riesgo de no despertarme hasta el dia siguiente si me echaba a descansar en casa de mis amigos. La encontré bien pronto: a las seis de la mañana y con la iglesia llena hasta la bandera. Mayormente eran peregrinos que iban a un importante santuario de la región. TJP, “to jest Polska” (en cristiano: “esto es Polonia”).

Esa misma noche monté en el tren Przemyśl-Kiev. Mi billete no era de primera, que digamos (de hecho, en ese tren no habia). Viajaria en plantskarta, un vagon en el que no hay compartimentos propiamente dichos, mas bien boxes, como en algunas oficinas, con literas de tres pisos que por lo general no son suficientemente largas, asi que si uno va por el pasillo, mejor que tenga cuidado para no tropezar. El viaje nocturno fue largo, de catorce horas, pero tranquilo.

maydan niezalezhnosti

Por fin, Kiev. Llegada apoteosica, y ya sabia yo que iba a ocurrir, pero no me quedaba remedio: tenia una cita a la media hora de desembarcar y aun no conocia la ciudad, ni siquiera tenia mapa encima (ay, las prisas). Lo habéis adivinado: me monté en un taxi. El resto es facilmente imaginable: el timo fue de espanto. Casi lo evito, pero acentué mal el nombre de la calle y el “buen hombre” se dio cuenta de que no era indígena. Unos cuantos ingenuos más y tendría para vivir todo un mes. Sobra decir que el resto de mis movimientos por la ciudad los hice en metro, en marshrutka o a pie.

Ese día comí en un local al aire libre en el Maydan Niezalezhnosti, la Plaza de la Independencia, en el que servían platos típicos de Crimea. Más o menos pegaba tanto como ir a Galicia para tomarse un gazpacho andaluz, pero a Sebastopol no tengo pensado ir pronto y ademas la comida de la Ucrania central no se diferencia excesivamente de la polaca y prefería probar algo nuevo (uno de los principios que me guiaban era el “cero McDonalds”). Tomé asiento al lado de un simpático americano que llevaba en Ucrania varios días de turismo y que me contó cómo le habían parado en la calle dos policías para pedirle sus documentos. Al contestarles que había dejado el pasaporte en el hotel, visiblemente alegrados, le dijeron que debia acompañarles a comisaría: el juego consiste en meter al extranjero un poco de miedo para luego dejarle ir a cambio de dinero. El yanqui, aunque calvo, no tenía un pelo de tonto y no se dejó amilanar: “pues vale, vamos a comisaria”. Después de unos segundos de deliberar le dejaron en paz. Yo, por mi parte, decidí que no tenia ganas de dar ocasión a este tipo de encuentros y opté por camuflarme: oculté lo mejor que pude la típica sonrisa de despreocupación del turista (que se hace casi insolente en el caso de los americanos: no me extraña que le pararan). Esto de las caras largas es también legado del comunismo.

Lavra

Poco reseñable ocurrió en Kiev ese día y el siguiente. Estuve bastante ocupado, pero me quedó tiempo para ver la maravillosa Lavra y para deambular un buen rato por el centro de la ciudad. La noche la pasaría de nuevo en el tren: volvía ya a Polonia con escala de varias horas en Lviv. Y desde alli, otra vez en autobús ucraniano rumbo a Varsovia y otra vez transcurrio la “plácida” noche en la frontera: siete horas, si mal no recuerdo. No quiero ni imaginar lo que debe ser aquello en invierno, y menos ahora, en epoca de experimentos, porque Polonia entra a finales de diciembre en Schengen.

Bueno, por fin: “hogar, dulce hogar”. Me gusta Ucrania, pero su caos va para largo.

Sin jalogüin a la vista – 1 de noviembre en Varsovia

noviembre 12, 2007

Suele pasar, o al menos a mí me pasa, que nos enteramos verdaderamente de las cosas, o descubrimos su valor, cuando tenemos que transmitirlas a otro. Me ocurrió la última vez el pasado 1 de noviembre, cuando los católicos celebramos la fiesta de Todos los Santos.

Quise llevar a un amigo llegado hace no mucho de España a Varsovia con beca Erasmus-Turismus a Powązki, el cementerio más conocido de la capital polaca. Vino con un compañero amigo, también español. Sin duda les sirvió de provecho la visita, pero a mí también me ayudó para volver a asombrarme ante lo ya conocido.

Conviene aclarar que los polacos visitan las tumbas de sus seres queridos ya el día uno, incluso bastante más que el dos, día de los fieles difuntos. Muchos son (y eso se nota especialmente en el tráfico de Varsovia, donde la mitad de la población no es autóctona) los que se pegan auténticas palizas de kilómetros en estos días. Aunque el día uno no es laborable y el dos suele tomarse libre, no es un típico “puente” de relax. No, son días verdaderamente familiares y también de reflexión.

Pero volvamos a Powązki, o mejor dicho a sus puertas, porque tuvimos que esperar en una larga cola para poder entrar. Había mucha gente y estaba todo lleno de velas. Aunque ya era de noche (a las cuatro y media de la tarde), realmente no hacían falta las farolas para iluminar el terreno. Llamaba la atención la gran cantidad de niños pequeños. Es curioso: mientras en Europa Occidental el tema de la muerte o se evita, y más si hay niños cerca, o se banaliza ridiculamente a modo de Halloween, aquí se trata con mucha naturalidad, seriamente pero sin histerias. Esta calma puede resultar llamativa en ocasiones: cuando hace unos cuantos años estaba haciendo la carrera en Szczecin, en la Pomerania polaca, al llegar mayo y el buen tiempo había universitarios que estudiaban precisamente en el cementerio local, que ciertamente no tiene nada de tétrico, más bien es un lugar agradable.

Polonia es un pueblo con memoria, que honra a sus héroes (y éstos no les han faltado). Además de poner velas y flores sobre las tumbas de familiares y amigos, muchos decoran también las de polacos más conocidos que han servido bien a su patria. Ayudaba a entender lo dicho antes la vista en el Powązki militar de scouts (que en Polonia son una institución) cuando iban a rendir homenaje a jóvenes que murieron durante el levantamiento de Varsovia contra los alemanes en 1944, o el silencio de la multitud frente a las lápidas simbólicas de los asesinados en Katyń.

En dos palabras: esperanza cristiana y fortaleza. Me atrevería a decir que, entre otras cosas, este modo sereno de tratar la muerte durante decenios y centurias ha convertido a los polacos en gente valiente y capaz, por lo general, de grandes sacrificios.