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Elogio de la amistad

septiembre 8, 2007

Eso se llama ser leales. Hacerle algo así al bueno de Havel clama al cielo… Venía a Polonia a descansar unos días y a promocionar su nuevo libro, pero sus viejos amigos polacos de cuando se dedicaba a combatir el comunismo tenían otros planes. Aunque también es cierto que alguien con su experiencia en la lucha contra la tiranía roja debería verlas venir y no hablar a destiempo. Como describió mi citado en otras ocasiones Ziemkiewicz, se comportó con la delicadeza de un elefante en una tienda de porcelana.

Bueno, pues pasó que durante la presentación de su obra Havel tenía a su lado a varios ex-disidentes polacos, el más conocido Adam Michnik, y que apenas se habló del libro de marras, centrándose la discusión en lo mal que está presuntamente Polonia. El ilustre checo, incoado por sus antiguos compañeros de armas, aunque reconociendo primero que no está muy al tanto de lo que pasa por estos lares, soltó varias frases de más, como por ejemplo que la democracia en Polonia está amenazada y que las próximas elecciones deberían ser vigiladas por observadores internacionales. Vamos, que comparó a Polonia con Cuba, Bielorrusia, etc.

El problema es que mucha gente fuera se lo cree. Havel no ha hecho más que repetir lo le han estado repitiendo sus colegas, la gente en la que confía desde hace decenios: Michnik, Geremek… Igual que los medios de comunicación occidentales. Un buen amigo me comentó hace poco, no sin razón, que los mass media europeos repiten sobre Polonia lo que dice Reuters, y que Reuters repite lo que dice Geremek. Nadie les dice que los Kaczyński no llegaron al poder por accidente, sino porque los ciudadanos estaban hartos del proyecto de Polonia que proponían esos antiguos disidentes: el partido apoyado por la antaño todopoderosa Gazeta Wyborcza no entró siquiera en el último Parlamento y la candidata a la presidencia del país obtuvo una cantidad de votos cercana al error estadístico. ¿Por qué Geremek si no está en la generosa jubilación del Parlamento Europeo? Pues sencillamente porque en casa ya no le escucha nadie. Eso sí, fuera están haciendo un descomunal trabajo de intoxicación. No les falta experiencia: Michnik anunciaba en periódicos extranjeros ya en los años 90 una catástrofe a la yugoslava a la que llevarían a Polonia los gobiernos de derecha, y habla ahora de un golpe de estado encubierto de los gemelos. Una de dos: o perdío el contacto con la realidad, o nos está timando a conciencia por desesperación.

No se trata de que hay que hacer sin motivo panegíricos del propio país cuando se está en el extranjero, sobre todo si efectivamente el partido gobernante demuestra grandes dotes de incompetencia, pero desprestigiarlo sólo por ver frustradas ambiciones personales me parece escandaloso, y peligroso para los intereses de la nación que se dice defender. Es más, estoy convencido de que esta vez se ha metido un gol en propia puerta que le saldrá caro por no contar con el carácter nacional: traer a alguien a un invitado a casa para que le cante las cuarenta al anfitrión olvidándose del gusto de los polacos por llevar la contraria no es precisamente una buena idea.

Y claro, además al día siguiente el ex-presidente tuvo que excusarse diciendo que no pretendía ofender a nadie, la inmensa mayoría de los políticos y de los medios de comunicación polacos, incluidos los que estaban y están en contra de los Kaczyński (hasta Wałęsa, que ya es decir) lamentaban tamaña desinformación en un personaje tan admirado, y la embajada checa no paraba de responder al teléfono explicando que la opinión del señor Havel no tiene nada que ver con la del gobierno de Praga. Para algo están los amigos, ¿verdad?

Se han perdido media película

septiembre 6, 2007

Si durante la última semana pocos eran los polacos que comprendían la situación política del país, los medios de comunicación extranjeros estaban en un fuera de juego de espanto: hace varios días informaban de que la crisis de gobierno tocaba fondo y ahora no saben cómo explicar que quien ha tocado fondo es la oposición y que el partido de los gemelos, atacados por los medios sin piedad desde el comienzo, vuelve a estar por delante en las encuestas.

Quede aquí claro que no ejerzo el voto en Polonia y que además me parece que el gobierno ha dado muchos motivos para ser criticado. Pero decir que la democracia está amenazada es sacar de quicio las cosas. El episodio que voy a referir ilustra bien el grado de ceguera al que han llegado políticos y medios. En la oposición polaca se han dedicado durante los últimos dos años sólo a reaccionar a los movimientos del gobierno y a criticar por definición cualquier movimiento que hiciera: han perdido el hilo.

Pero volvamos al tema: hace unas semanas el viceministro de Interior Kaczmarek es expulsado del gobierno. Según el ministro de Justicia, con un chivatazo imposibilitó una acción de la Agencia Central Anticorrupción en el ministerio de agricultura, que entonces estaba al cargo de miembros del partido Autodefensa.

Nada más cesar en funciones, anuncia a diestro y siniestro que en Polonia nadie puede vivir seguro, que estamos en un país totalitario. La oposición encabezada por la Plataforma Cívica le sigue el juego. Es más, la Liga de las Familias Polacas y Autodefensa, que han abandonado la coalición gobernante, quieren hacerle candidato a primer ministro. Su posterior encarcelamiento acerca a Polonia al estalinismo, la pone de patitas en la calle fuera de la UE, supone un ataque a los más elementales derechos humanos etc, etc. “¡Queremos pruebas!”. Hasta aquí llegó quedó la prensa fuera del país, por lo menos la española. Luego, sólo silencio.

Y al día siguiente en una rueda de prensa las pruebas aparecen. No son aún pruebas de culpabilidad, pero sí de perjurio de Kaczmarek y del antiguo comandante en jefe de la policía. Además se demuestra la existencia de sospechosas conexiones entre políticos y hombres de negocios, que a su vez tienen contratados en sus empresas a ex-políticos de varios colores y a ex-agentes de los servicios comunistas: vamos, eso de lo que se llevaban mofando dos años en Polonia y fuera de ella. ¿Y entoces que dicen en la oposición? Antológico: “que estamos en el Gran Hermano”, “que los ciudadanos no saben si la noche siguiente la pasarán en la cárcel”, “que el gobierno vigila a sus propios funcionarios” (esta perla es de Olejniczak, jefe de los ex-comunistas). Uno de los principales problemas de los políticos polacos (y de todo el mundo conocido, supongo), es que un día usan un argumento, al día siguiente el contrario y ni se inmutan. La gente de a pie tiene por lo general más memoria.

Hay otro detalle que explicar: el propio Kaczmarek comenzó su dudosamente brillante carrera ya en el aparato comunista. La oposición lo tenía en bandeja de plata, pero la avaricia rompe el saco. En lugar de esperar a ver si había o no pruebas y entonces atacar al gobierno por poner a gente tan poco fiable en puestos tan relevantes en el primer supuesto (que sería una bola de set) o por romper efectivamente las reglas del juego democrático al encarcelar a alguien ilegalmente (bola de partido), quisieron ir por la vía rápida y quitarle la raqueta al contrario. El tiro les salió por la culata. Ahora van por detrás en los sondeos, y Autodefensa y la Liga podrían no entrar siquiera en el próximo Parlamento.

Para terminar, a la pregunta de por qué el gemelo primer ministro confió en Kaczmarek, sabiendo de dónde éste había salido, respondo como Rafał Ziemkiewicz de “Rzeczpospolita”, uno de los pocos diarios que conservaron la sangre fría: seguramente quiso dividir a la antigua vieja guardia, una tentación a la que tampoco se resistió Wałęsa, y tener así a sus órdenes a alguien con tanto que perder que dejara de lado antiguas lealtades. Le salió mal, pero se ve que sacó rapidamente consecuencias de su error.

Los otros y Jaruzelski

junio 8, 2007

El articulo de Simón Tecco en defensa del general Jaruzelski contiene errores de fondo y de forma. No me extrañó su publicación, pues continua la línea de ABC en los últimos meses, pero esperaba una argumentación mas sutil.

Para empezar, el escándalo no es que, “después de 17 años”, “después de tanto tiempo”, se ponga a Jaruzelski delante de un tribunal. No nos dejemos embaucar por un truco retórico tan vulgar: el escándalo es precisamente que Polonia ha tenido que esperar 17 años a hacerlo. Y eso ha pasado porque Jaruzelski y sus camaradas no estaban preocupados de “garantizar a Polonia la transicion a un regimen democrático”, sino la de garantizarse a sí mismos la mayor cantidad de privilegios posibles. Buscaban, como dicen en Polonia, “aterrizar en blando” en el nuevo sistema democrático que llego no gracias sino a pesar de ellos, y hubo quien les ayudo a conseguirlo hasta hoy. Espero que me perdone la dureza, pero un periodista que habla sobre Europa del Este debería saber que los partidos comunistas de los países satélites de la URSS dejaron en los años 80 de ocuparse del marxismo para transformarse en “mafias rojas”.

Si en 1981 el señor Tecco hubiera afirmado que la ley marcial protegió a los polacos de una invasión de los paises “hermanos” capitaneada por la Union Soviética sería lo mas normal del mundo: los mejores corresponsales españoles tambien lo creyeron así. Pero que en 2007 cite solo la versión de Jaruzelski es grave: o desconoce o quiere desconocer que tanto la correspondencia entre Jaruzelski y Brezniev como los informes de encuentros entre altos funcionarios de la dictadura comunista polaca con personal de la Embajada Soviética en Varsovia demuestran exactamente lo contrario. El Kremlin no tenia intención de entrar en Polonia porque no le convenía: por un lado acababan de invadir Afganistán y su doctrina militar excluía la guerra en dos frentes. Por otra parte, desde el punto de vista propagandístico preveían consecuencias peores que las que conllevó la Primavera de Praga. La respuesta de Brezniev fue tajante, y venía a decir: “vuestros problemas con “Solidaridad” debeis arreglarlos solos”. En cualquier caso, da por buena la versión del general sin siquiera mencionar lo que dice la otra parte.

Afirma Tecco al final de su texto que la llamada “caza de brujas” nada tiene que ver con los principios democráticos ni con los valores cristianos que dicen defender los Kaczyński. Lech Wałęsa puede perdonar a título personal a Jaruzelski, y eso puede ser muy noble y cristiano. Podría, si fuera aún presidente de Polonia, conceder la amnistía a quien quisiera, también a Jaruzelski si es condenado. Pero yo no sé desde cuando la amnesia es una virtud, ni desde cuando tiene el premio Nobel potestad para perdonar en nombre de todas las victimas del comunismo, ni desde cuando juzgar crimenes reales con muertos reales constituye un paso adelante hacia el totalitarismo, ni por qué se tiene que presentar al general Jaruzelski como a una victima que se “arriesga” a un proceso: las victimas fueron “los otros”.

Delirios

junio 8, 2007

Conmovedora la preocupación de ABC por las lecturas de las que se verán privados los estudiantes polacos. Debo confesar que mi primo primis fue una carcajada, pero no tardé en ponerme serio y explicaré por qué.

Que en Polonia se discuta sobre la conveniencia de que se encuentre en el canon de lecturas escolares un autor que representa una tradición patriótica más o menos vigente o una determinada línea de pensamiento entra dentro de lo normal. Aún así, como hace un par de días afirmaba en un coloquio en Varsovia un afamado polonista, el debate actual carece del menor sentido, la cuestión es muy secundaria. La única necesidad imperiosa es conseguir que los bachilleres lean: cualquier cosa, pero que lean y se formen intelectualmente. Además, seguía, el canon no lo constituyen los funcionarios sino los lectores.

En este contexto el santo celo de ABC resulta bastante ridículo. ¿Cuántos bachilleres españoles – y hablo aquí de buenos estudiantes de buenos colegios- llevan debajo del brazo obras de Kafka, Goethe o Dostoievski, …, o leen la mitad de lo que leen sus compañeros polacos? Siento mucho decirlo, pero en el canon de los jóvenes españoles resulta complicado encontrar publicaciones más serias que el Marca. Polonia sigue siendo otro mundo en este sentido, lo que puedo asegurar como profesor en un colegio de este país.

Cuestión aparte es que las listas de lecturas son muy opinables, incluso si nos referimos a obras maestras de la literatura, y que conste que algunos de los cambios que el Ministerio de Educación polaco no me agradan. Recuerdo muy bien el día en que el profesor de lengua española allá por segundo de BUP nos aconsejó en clase no leer el Quijote entonces y dejarlo para algunos años más tarde. Tenía razón.

En otro orden de cosas, pero siguiendo con la lista de marras, me gustaría mostrar varias contradicciones en los últimos artículos de su periódico acerca de Polonia.

La primera es que se desconoce por completo que dentro del propio gobierno polaco existen posiciones diversas. Por poner los ejemplos más evidentes, los Kaczyński (presidente y primer ministro) y el ministro de Cultura Ujazdowski están en contra del proyecto del canon. La tradición patriótica de los gemelos es diferente a la del ministro de Educación Giertych, por lo que no es correcto achacarles a ellos la idea.

Luego, ¿cómo conciliar la caza y quema de brujas que supuestamente tiene lugar en Polonia con la aparición en la lista de lecturas de Ryszard Kapuściński? ¿No lo quieren echar del pedestal a toda costa y empleando las más sucias argucias por su colaboracion con el servicio de espionaje comunista?

Y por último ¿cómo puede un mismo corresponsal escribir un panegírico a Jaruzelski y a las dos semanas desacreditar a un escritor por haberle apoyado en la época de la ley marcial?

No soy fan ni de Jan Dobraczyński, que así se llama el literato en cuestión, ni del ministro de Educación polaco, ni de la coalición que gobierna Polonia en estos momentos, pero entiendo que los argumentos que se usen en su contra han de ser coherentes. En fin, esto pasa y seguirá pasando mientras los corresponsales de ABC alrededor de Polonia sigan teniendo como fuente de información exclusiva al ex-periódico de Solidaridad “Gazeta Wyborcza”. El panorama mediático polaco ha cambiado enormemente en los últimos tres años, sobre todo a partir de la entrada de la empresa Axel Springer con el periódico Dziennik y de la recuperación de Rzeczpospolita. Hay dónde elegir.

Los brigadistas polacos

junio 8, 2007

Tanto políticos como periodistas españoles se están luciendo a la hora de hablar de Polonia. Como casi siempre, la vanguardia es El País. En un “memorable artículo”, el corresponsal de EFE en Varsovia escribe: “la cancillería de Kaczyński prepara un proyecto de ley que suprimirá las rentas especiales concedidas a los veteranos de la II Guerra Mundial y de la lucha contra el fascismo”.

Seguramente ante el silencio de otros medios de comunicación los senadores del PP se ha unido al aquelarre senatorial y ha suscrito una moción junto a todos los demás grupos en apoyo a los brigadistas polacos que participaron en la Guerra Civil española. Tanto senadores como periodistas se escandalizan por una ley (que aún no existe, por cierto) que creen vejatoria para los “dombrosiacos”, antiguos brigadistas polacos que participaron en la Guerra Civil.

La ley despojaría a los ex-combatientes de copiosas rentas, que les habían sido asignadas por el régimen comunista. Primero habría que preguntarse por qué debería Polonia pagar a alguien por participar en un conflicto ajeno, cuando el país se declaró neutral. Pero es que a los polacos no les importa nuestra guerra en su ley de descomunización: Monika Domańska, attache de prensa de la Embajada de la República de Polonia en Madrid, dice elegantemente que la ley afectará sólo a quellas personas que hayan cometido crímenes durante la época comunista, y que no se pueden comentar medidas de una ley que aún no ha visto la luz.

Yo soy menos cortés que Domańska y voy un poco más lejos: el Senado del talante podría preguntarse y preguntar qué hicieron esas personas antes y después de la Guerra Civil Española. Parte de los combatientes polacos de nuestra guerra habían emigrado con anterioridad a Francia, para trabajar en las minas del norte. Otros venían directamente de Polonia. Alrededor del 90% de estos últimos se reclutaban del Partido Comunista Polaco, que de polaco tenía sólo el nombre: ya durante la guerra de 1918 a 1921 en la que Polonia frenó la invasión de los bolcheviques se declaró partidario de la Unión Soviética. Y el “general polaco”, Świerczewski, también: era entonces oficial del Ejército Rojo. En la II Guerra Mundial respetaron escrupulosamente el pacto Ribbentrop-Molotov, sin defender a su patria de nazis o soviéticos. Świerczewski sólo empuñó las armas cuando Hitler traicionó a Stalin. Después de la Guerra Mundial, muchos de los dombrosiacos supervivientes desempeñaron un papel importante tanto en el sombrío Ministerio de Seguridad Pública (MBP) como en la construcción del aparato de espionaje.

La frase más surrealista del mencionado artículo está referida también a Świerczeswki y reza así: “a los conservadores y liberales varsovianos, que tienen mayoría y están por igual obsesionados con la revisión del pasado, no les convencen los argumentos de que el dombrosiaco más famoso, el general Walter Karol Świerczewski, se merece el mayor respeto y admiración. Fue jefe de la 35ª División Internacional que defendió a la República Española, pero, perdida la guerra de España, retornó a Polonia y de allí, cuando fue ocupada por los nazis, huyó a la Unión Soviética. Volvió a empuñar las armas cuando Hitler atacó a la Unión Soviética y participó en la liberación de Checoslovaquia.” Bien, ya que seguimos con Walter, merece la pena recordar que su mayor hazaña en la II Guerra Mundial fue quedarse con 5 (¡cinco!) soldados de los 10.000 que dirigía como jefe de la 248 división del Ejército Rojo durante la batalla de Viazma en 1941. Esa catástrofe y la también calamitosa derrota de Budziszyn en 1945 no le impidieron seguir avanzando en el escalafón. Su alcoholismo era universalmente conocido y su pseudónimo (adquirido en España) procedía de la marca de su revolver, con el que ejecutaba personalmente a prisioneros de guerra.

Por cierto, no estaría de más que el Senado explicara de dónde ha sacado la información de que se discrimina a los viejos camaradas. Porque casi seguro es que no proviene de Polonia: resulta que la mayoría de los brigadistas supervivientes no tienen nada que temer aquí: fueron expulsados y “emigraron” a Israel u otros países en 1968 después de las luchas intestinas del partido comunista que desembocaron en la única expulsión de judíos de la historia de Polonia. Al parecer sólo quedan tres en Polonia. En cuanto se entere El País, la que armará otra vez con otro tema que le encanta tergiversar: el supuesto antisemitismo polaco.

En fin, aunque no podían salir de su asombro, los polacos no dijeron nada cuando España se decidió a colmar de honores a los miembros de las Brigadas Internacionales. Entendieron que poco se puede explicar a quien no ha experimentado 40 años de comunismo. Pero de ahí a dejarse abofetear media un trecho y los polacos -a diferencia de los españoles- conocen bien su propia historia y están orgullosos de ella.

Sin brujas en Polonia

junio 8, 2007

Cuando llegué a Polonia allá por 1996 rapidamente descubrí cierta asimetría: mientras que mis compañeros universitarios polacos poseían conocimientos generales acerca de España, los españoles acerca de Europa del Este sólo nos sabíamos un par de clichés para salir del paso: Juan Pablo II, Wałęsa, vodka y para de contar. Quizá alguno más avispado había oído hablar del levantamiento del guetto judío durante la II Guerra Mundial.

Esta desproporción va cambiando lentamente gracias a la creciente marea de hispanos que llega aquí en lineas de bajo coste, y que serán mayor si Luis Aragonés dimite un año de estos y nos clasificamos al Euro 2012.

Pero mientras tanto estamos como estamos: mal. Y además la sensación es de que no basta con desconocer la historia propia gracias a la LOGSE, sino que hay que meterse en la ajena. Esto es lícito si se tiene conocimiento de causa, pero no es el caso. Se nota enormemente la improvisación a la hora de hablar de Europa del Este, tanto por los comentarios en la prensa española como por la actuación de los políticos. Lamento decir que la sección internacional de ABC también me ha decepcionado ultimamente, a pesar de que sé bien que cuenta con grandes profesionales.

La imagen que se presenta de Polonia es la de un país sombrío en el que tiene lugar una caza de brujas, con un gobierno obsesionado por algo que se acabó “hace ya 17 años”. ABC se escandaliza de que una ley exija a periodistas y profesores universitarios “confesarse” sobre su pasado en el comunismo.

Esta ley “atenta contra la dignidad humana”, dicen. Bueno, por un lado ningún polaco se queja de que en la embajada americana atentan contra su dignidad, y mira que que uno puede ruborizarse leyendo lo que les preguntan en el formulario de visación. Ya más en serio, es evidente que la ley de “lustración” puede mejorar bastantes aspectos técnicos, pero lo que realmente atenta contra la dignidad humana es presentar la colaboración con el sistema comunista como algo sin importancia. Pasó con los periodistas Maleszka, Toeplitz y Passent (este último también fue más adelante embajador en Chile), pasó con el arzobispo Wielgus y con el sacerdote Czajkowski, sólo por poner los ejemplos más conocidos. El esquema está siendo siempre el mismo: primero manifiestan con aspavientos su indignación; mas tarde aparecen papeles comprometedores, pero niegan completamente que hubieran colaborado; ante la avalancha de pruebas dicen luego “mantuve conversaciones con los servicios de seguridad, pero sólo para que me dieran el pasaporte” o alguna una excusa parecida; cuando no les queda remedio que rendirse a la evidencia, queda un “fui confidente, pero no perjudiqué a nadie”. Y al final resulta que fueron colaboracionistas durante años o decenios.

He visto compasión contra los confidentes que fueron “víctimas del sistema”, pero no he leído ninguna mención a los que sufrieron las consecuencias del colaboracionismo: echados del trabajo, o de la universidad, o sin posibilidad de encontrar vivienda digna, o un largo etcétera, … o asesinados. El sistema comunista se basó en el poder militar para implantarse en Polonia, y luego se mantuvo a base de miedo, de un servicio de vigilancia que controlaba la vida pública y privada de sus ciudadanos gracias también a la colaboración de chivatos. El historiador del Instituto de la Memoria Nacional Henryk Głębocki calcula de los archivos de SB en Cracovia que el 96% de los confidentes allí registrados se decidieron a colaborar por provecho material, ascensos, facilidades para viajar al extranjero … Así se formó gran parte de la élite intelectual de la Polonia de hoy. ¿Quiénes fueron las víctimas? ¿No sería más correcto decir que los perdedores fueron los traicionados por sus propios amigos y compañeros?

La lustración es un proceso natural. Lo anormal es que tenga que ser ahora cuando se juzga asuntos de “hace ya 17 años”. Ningún país protestó por la depuración en la República Checa o en la República Democrática Alemana. Pero en Polonia no pudo ser, y eso fue así porque antiguos disidentes cambiaron de frente y prefirieron ver un enemigo mayor en los anticomunistas que en los ex-comunistas. El propio Lech Wałęsa, “personaje tan poco sospechoso” para Miguel Torres, trató de apadrinar a la Służba Bezpieczeństwa, el antiguo servicio de seguridad. Y todo parece indicar que se sirvió de él para destrozar el partido Porozumienie Centrum de los Kaczyński, quienes poco antes habían abandonado su Cancillería tras una agria disputa. Muy democrático. “Soy de los que votaron a Wałęsa, pero rezaron para que ganara Kwaśniewski”, es un dicho muy popular que muestra hasta que punto el ganador del Nobel ha dejado de ser autoridad en Polonia. Que cierre la discusión con un “el presidente Kaczyński es un imbécil” no es precisamente un argumento de mérito, ni dice mucho de él mismo.

Siguiendo con el mítico líder de Solidaridad, Wałęsa acaba de declarar que no está bien que se juzgue ahora al general Jaruzelski, el de las gafas negras, el que impuso la ley marcial en Polonia. Porque eso es lo que probáblemente ocurra, y estoy seguro de que defensores de la “dignidad humana” pondrán el grito en el cielo y acudirán en defensa del pobre anciano. No soy amigo de las analogías, pero como en España pocos comprenden qué supuso para Polonia el comunismo usaré un ejemplo más cercano: si por una casualidad de la vida el teniente coronel Tejero hubiera escapado a la justicia en 1982 ahora habría que juzgarlo, sin duda. Y eso teniendo en cuenta que su golpe de estado fue cosa de horas y que no hubo muertos ni heridos, aunque sí asustados. Pues bien, Jaruzelski declaró la guerra a su propia nación y esta situación se mantuvo más de un año, sí hubo víctimas mortales, y heridos, y encarcelados. Y a pesar de que él sigue sosteniendo que lo hizo para evitar un ataque soviético hay pruebas más que suficientes de que fue él quien rogó a Breznev que interviniera, sin conseguirlo.

Para terminar, doy otro dato interesante que proviene de un informe elaborado por el Ministerio del Interior de Polonia en 1999 sobre el crimen organizado: hasta el 80% de los cabecillas del mundo criminal polaco fueron durante el comunismo informadores o confidentes de los servicios especiales. La lustración en Polonia no es sólo cosa del pasado, tiene consecuencias más que prácticas: la corrupción de la que tanto se quejan empresarios españoles en Polonia tiene también aquí su origen. No sólo aquí, pero aquí también.

El por qué de este blog

junio 8, 2007

La aparición de este blog es simbólica: he decidido dejar de quejarme ya sea en público o privado de la ignorancia o mala fe con que la prensa española escribe sobre Polonia y pasar a la acción, aunque no sea demasiado lo que pueda aportar.

Una cosa es que no les guste el gobierno de Ley y Justicia, Autodefensa y la Liga de las Familias Polacas – a mí no me hace demasiada gracia y a la mitad de los polacos tampoco. Otra muy distinta es la ceguera voluntaria con la que escriben determinados medios. Que la línea de Prisa sea como es no me extraña, pero el desconocimiento de ABC me sorprende a pesar de que sé de los cambios en su línea editorial.

En el transcurso de mes y medio he enviado tres cartas a la redacción del diario de Vocento sobre diferentes temas de la actualidad polaca que a mi entender habían enfocado equivocadamente, pero no se han dignado a publicar ninguna, así que las pongo aquí.