Archive for the ‘Gazeta Wyborcza’ category

El pedestal de Kapuściński

marzo 6, 2010

Pasó lo que suele pasar siempre en Polonia en estos casos: que antes incluso de que salga el libro o artículo de marras las “autoridades morales” del país pontifican sobre su contenido sin haberlo leído. Es más, los comentarios más comunes en los alrededores de Gazeta Wyborcza sobre Kapuściński non-fiction es: “una persona decente no puede leer esto” y “ni lo he leído ni lo voy a leer”.

Mejor tener algo de paciencia y leer. En cualquier caso en Wyborcza tienen un problema grave porque esta vez no es como lo de Wałęsa: el libro no lo ha escrito alguien a quien se le pueda pegar la etiqueta de “hiena”, “fascista”, “derechista sin escrúpulos” sino… un periodista “de la casa”, de izquierdas, alterglobalista además.

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Camarada General

febrero 2, 2010

Han tenido que pasar 20 años para que se emita en Polonia un documental no panegírico sobre Jaruzelski. Fue ayer, y el general, molesto por tamaño atrevimiento, mandó una carta a los medios de comunicación, en la que se presentaba como víctima, pero no acudió al debate después de la película, como le ofreció la televisión polaca.  Ni un pelo se le ha caído de la cabeza en todo este tiempo, dejando aparte las causas naturales. No es cuestión de venganza: que no vaya a la cárcel si su salud se lo impide, pero que los crímenes sean condenados es de justicia.

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Fin del sueño

noviembre 2, 2009

Aún queda un año para las elecciones presidenciales en Polonia y lloverá mucho antes de que se pueda hacer un pronóstico serio. Lo que queda claro es va a ser un camino de rosas para el primer ministro Donald Tusk, aún el más firme candidato a la jefatura de Estado.

Hasta el pasado septiembre las cosas no le podían haber ido mejor a Tusk y a su Plataforma Cívica. Sin atreverse a emprender reformas de calado, les bastaba con no ser la única alternativa seria al regreso del partido Ley y Justicia de Jarosław Kaczyński al poder. Ningún gobierno de la historia de Polonia tras la caída del comunismo ha sido capaz de mantener durante un periodo tan largo (casi dos años) una cuota de popularidad similar.

Pero se acabó el idilio. Es cierto que los resultados de las encuestas no han caído en absoluto en picado, sigue gozando de una amplísima ventaja, pero también lo es que el margen de error de Tusk se ha estrechado peligrosamente. Han sido tres escándalos seguidos con miembros y agendas del gobierno como protagonistas los que han provocado que incluso por un momento se han abierto fisuras en el apoyo mediático, incondicional hasta la fecha.

El primer affaire comenzó ya antes de las vacaciones veraniegas pero su final está por ver: la puesta en venta de los astilleros de Gdynia y Szczecin y su compra por parte de inversores de Qatar serían el gran éxito del ministro del Tesoro Aleksander Grad, lo que los salvaría de ser parcelados por orden de la Comisión Europea. Anteriormente ésta había decretado ilegales las ayudas estatales recibidas por los astilleros. Sin embargo, justo antes del pago de los 400 millones de zlotys (unos 100 millones de euros), los qataríes desaparecieron del mapa. Resultado: para los astilleros, catastrófico. Pero no es esto lo que ha escandalizado a la opinión pública sino la más que fundada sospecha de que nunca existió tal investor.

La segunda patata caliente se la sirvieron a Tusk varios de sus ministros y miembros de la directiva de la Plataforma cuyos contactos con gangsters fueron descubiertos por la Oficina Central Anticorrupción (CBA): las conversaciones grabadas y publicadas muestran cómo los políticos planeaban forzar una ley que favoreciera los intereses de los mafiosos en sus negocios ligados a los juegos de azar.

Tusk, en una de sus decisiones más acertadas, había dejado como jefe del CBA a Michal Kaminski, nombrado por el anterior gobierno y político ligado al partido de Kaczynski. Había de ser un “espantapájaros” para evitar la corrupción dentro de la propia Plataforma Cívica. Parece que, a la hora de la verdad, la lógica partidista ha sido más fuerte. Kaminski fue expulsado por Tusk de su cargo, aunque también rodaron las cabezas de varios de los involucrados en la trama, la del vice-primer ministro Schetyna y la del ministro de Deportes entre otras. La excusa para deshacerse de Kaminski fue que “había tendido una trampa” al propio Tusk cuando le informó de sus averiguaciones el pasado agosto. De hecho, el apoyo de la mayor parte de los medios -en especial de Gazeta Wyborcza- al gobierno seguía esa línea: todo era un montaje para derribar al propio Tusk. Sus titulares de octubre bien podrían pasar a la historia de la falta de rigor periodístico. Fue obligado a dimitir también el ministro de justicia y fiscal general, Andrzej Czuma, cuyas declaraciones en favor de los sospechosos -“son inocentes al cien por cien”- podían incitar a la fiscalía a no tomar medidas. Falta por averiguar quién alertó finalmente a los políticos y a los gangsters de la operación de la CBA, ya que misteriosamente el proyecto de ley fue modificado justo después de que Kaminski pusiera en guardia al primer ministro.

El tercer problema se lo han brindado a Tusk los servicios de seguridad, en concreto la Agencia de Seguridad Interior (ABW), al saberse de las escuchas de que fueron objeto conocidos periodistas. Algunas tenían relación con operaciones en curso, pero los estenogramas de otras, privadas, no fueron destruidos. Es más, el vice-jefe de la agencia trató de emplear algunos en un proceso judicial con el periódico Rzeczpospolita. De paso ha salido a la luz que el número de escuchas por parte de los servicios secretos ha aumentado desde la llegada al poder de la Plataforma Cívica, que decía venir para acabar con el “Estado policial” del anterior gobierno.

Acabemos con “Bolek” de una vez

julio 27, 2008

A veces vale la pena no precipitarse. Mejor callar y que por un momento piensen que eres ignorante a hablar y confirmarlo. Por eso he preferido leer con calma Lech Wałęsa. Przyczynek do biografii (Lech Wałęsa. Un aporte a la biografía), el libro al que hace unas se ha dedicado un sinfín de desvariados artículo antes de que nadie, ni siquiera en Polonia, pudiera echarle una ojeada porque no había sido publicado. La verdad es que la discusión ha amainado desde que el libro se puso en venta: punto por punto caen todos los argumentos que se utilizaron para desacreditarlo.

En resumen, el libro demuestra algo que en Polonia era archisabido desde hacía años: que Lech Wałęsa fue colaborador secreto (tajny współpracownik) del Servicio de Seguridad de la Polonia comunista entre los años 1970-76. Los autores aportan pruebas de ello, entre las que se encuentran informes sobre compañeros suyos de los astilleros. Wałęsa fue cada vez menos obediente a las fuerzas de seguridad hasta que cortó definitivamente con ellas. Luego, cuando su actividad fue haciéndose más opuesta al régimen,  la policía secreta volvió a interesarse por él: primero para tratar de recuperarle, y cuando no pudieron, como objetivo a perseguir. Gontarczyk y Cenckiewicz analizan el modo en que la SB trató de crear conflictos internos en Solidaridad y de servirse de los que ya existían, usando por ejemplo los papeles de Wałęsa para descreditarle. La jugada no salió bien. Más adelante vieron en otras personas (los Gwiazda, Kuroń y otros) un enemigo peor y creyeron que con Wałęsa al frente del movimiento tendrían más posibilidades de ganar la partida: gracias a Dios, no tuvieron buen olfato. Otro punto importante, del que desgraciadamente Wałęsa no sale limpio, son los años 90, en los que, abusando de su posición de presidente de la República, robó de los archivos estatales documentos que le concernían. A pesar de sus intentos no consiguió eliminar los rastros de su colaboración con el régimen en sus años jóvenes.

Después de esta introducción, y para ser claro desde el principio, lo peor de esos artículos que criticaban el libro en la prensa Occidental a finales del pasado junio, como por ejemplo De la memoria a la infamia, de Hermann Tertsch en ABC, no es el más absoluto desconocimiento de la forma de funcionar de la policía secreta comunista y de la realidad polaca desde 1990 – algo perfectamente comprensible en cualquiera que viva a más de cien metros al oeste del Oder – sino la condena a priori, sin pruebas y sin testigos de los historiadores Cenckiewicz y Gontarczyk (porque los periodistas de Gazeta Wyborcza, principal defensor de Wałęsa en esta ocasión, tampoco habían podido por esas fechas siquiera ojear la publicación) y la comparación de su libro con los métodos de la policía estalinista. Discúlpenme, esto sí es una infamia.

Se usa también como definición de la obra la palabra linchamiento. Encuentro la acepción muy desacertada. En primer lugar porque a Wałęsa no se le ha caído un pelo (ni física, ni económica ni moralmente hablando). Wałęsa sigue saliendo del libro como héroe de Solidaridad. Si acaso, linchamiento puede ser el que se lleva propiciándose el propio ex-presidente polaco desde 1990 con sus actuaciones y declaraciones: egocéntricas, ambiguas y contradictorias. ¿Cómo explicar que una vez dice “nunca vi mis papeles”, luego “vi mis papeles, pero eran fotocopias” y más adelante publica parte de esos “papeles” en internet? ¿Cómo se entiende que a partir de 1990 se rodeara de los mismísimos oficiales que le vigilaron durante toda la década anterior? ¿Cómo interpretar la sustracción ilegal de los documentos acerca de “Bolek”, que era el pseudónimo del agente con el que se le identificaba?

Esto viene también a cuento de otro de los reproches de Tertsch a la investigación de las actas comunistas: que los propios agentes se inventaban colaboradores y pagos por prestigio y dinero. Y cuenta cómo en su libro “Cita en Varsovia” dos agentes de la KGB timan a sus superiores para pagarse estancias en Occidente. Vayamos por partes: en Polonia esta práctica tuvo lugar cuando el comunismo agonizaba, no en los años 70, en los que “Bolek” fue agente. En cualquier caso un historiador con un mínimo de dotes (y Gontarczyk y Cenckiewicz ya han demostrado de sobra que las tienen) puede identificar perfectamente un documento falso de otro verdadero: basta con conocer bien la praxis y los métodos de oficina de la policía secreta. Sobre este tema dejo un par de interrogantes, algunos claramente retóricos. ¿Habría durado el sistema comunista en Polonia cuarenta y cinco años de haber tenido un aparato de represión tan negligente como Tertsch sugiere? De puertas afuera la policía secreta se servía de falsedades a efectos de propaganda y con fines operacionales, pero ¿de qué le servirían documentos falsos en su uso interno? Aún así ¿de verdad no sabe lo que arriesgaba un funcionario que quisiera engañar a sus jefes? Sigamos: es conocido que la Służba Bezpieczenstwa (SB) destruyó toneladas de documentos antes de dejar el poder (y después también) pero ¿no sabe que en numerosísimas ocasiones antes de quemar esos papeles les hacían copias de “uso privado” para poder chantajear a sus antiguos colaboradores en el futuro? Si tan poco fiables son los documentos de la SB polaca ¿qué le parecerá que el Instituto Gauck alemán se haya gastado una fortuna en un programa de computación que servirá para recomponer toneladas de legajos de documentos que funcionarios de la Stasi quisieron destruir? Y por último ¿no es curioso que Adam Michnik, antiguo disidente y ex-redactor jefe de Wyborcza, le echara en cara a Walesa el episodio de “Bolek” cuando estaban en pie de guerra (y lo han estado durante diecisiete años) y ahora, cuando le conviene, se haya convertido en su más fiel defensor?

Algunos dicen que la SB se habría buscado un cooperador “poco fiable”: el que sería líder de Solidaridad. Bien, cuando se le “fichó”, en 1970, Lech Walesa no era nadie. Cuando escapó de las garras de los comunistas, en 1976, seguía siendo nadie. La SB podía ser perversamente inteligente, pero el don de profecía escapaba a sus posibilidades. Luego, al cabo de algunos años la SB tendría agentes en Solidaridad. ¿Cómo no iba a tener a chivatos en un movimiento que llegó a tener diez millones de personas si disponía de casi cien mil colaboradores por aquel entonces? Lo grandioso es que el movimiento venció a pesar de eso. Walesa se escurrió a la SB. Eso era posible, aunque a veces exigía heroicidad, como en este caso, o como en muchos otros, como en los que describe d. Tadeusz Isakowicz-Zaleski en su libro Los sacerdotes frente a las fuerzas de seguridad (Księża wobec bezpieki, desgraciadamente no está en castellano).

Queda bien claro en el libro que la grandeza de Wałęsa reside también en que no se dejó chantajear, a sabiendas de que la SB disponía de papeles que le descreditaban, en un momento en el que además arriesgaba más que años atrás, pues su familia había crecido. Gontarczyk y Cenckiewicz no le echan en cara que firmara en 1970 – cosa que el propio Walesa llegó a admitir. Hay que tener en cuenta que hacía bien poco acababan de asesinar a compañeros de los astilleros. En cualquier caso, las pruebas de la colaboración de Walesa entre 1970 y 1976 son irrefutables: en toda la región de Pomerania sólo había cuatro agentes “Bolek” (y no 54, como decía el ex-presidente para hacer creer que los documentos eran poco fiables). De esos cuatro, sólo uno vivía en Gdansk y trabajaba en los astilleros y la información que traspasó a la SB era extraordinariamente precisa. Alguien que, como Tertsch, escribe un libro sobre los servicios secretos comunistas debería saber también que no es sencillo hacer desaparecer las huellas de la colaboración de una persona: no basta con quemar la carpeta de un colaborador secreto, porque hay copias de sus informes en otras carpetas, como en las dedicadas a una operación de vigilancia de una persona o de una organización, …

No, Lech Walesa sale peor parado de los años 90, cuando se rodeó de tipos sospechosos y permitió la quema en masa de los archivos y tomó medidas tan vergonzosas que ha pasado a la historia entre votantes de derecha el dicho “soy de los que votó a Wałęsa pero rezó para que ganara Kwasniewski”. Escribió una de sus peores cartas en 1992, cuando sirvió de apoyo a los que derrocaron el gobierno de Olszewski que se disponía (entre otras cosas) a informar sobre quién, en el Parlamento y en altos cargos  estatales, había estado al servicio del aparato de seguridad.

Desde 1990 no había aparecido ni una sola publicación científica seria sobre Lech Wałęsa. Esta es la primera. Tampoco hay nada acerca del funcionamiento de Solidaridad (especialmente en Pomerania). El Instituto de Memoria Nacional se encontraba cada vez que examinaba el tema con “Bolek”. Había que finalizar el asunto para poder seguir adelante con otras investigaciones. Pero si hablamos de los fines comerciales del libro, no parece que Cenckiewicz y Gontarczyk lo hayan escrito para hacerse millonarios. No es una lectura fácil, no es periodismo literario sino un trabajo de investigación histórica y la primera edición era de tan sólo cuatro mil ejemplares, quizá por miedo a que funcionara la censura. En cualquier caso, el escándalo (y en gran parte el éxito) del libro se debe única y exclusivamente a Michnik y a sus acólitos. Alegan también que “no podemos tirar piedras al mito de Solidaridad”. A lo que muchos responden, y me uno a ellos, siguiendo al clásico polaco Józef Mackiewicz: “sólo la verdad es interesante”.

Dos cuchillos para el bueno

junio 22, 2008

Wojciech Młynarski, conocido cantoautor polaco, acaba una de sus sabias baladas diciendo que “quien es mal hombre,  mal hombre es y le basta una navaja. Al honrado le hacen falta dos”. Creo que no hace falta explicarlo mucho: para ser buena persona hace falta ser más prudente y esforzarse bastante más que para ser un canalla. Para esto último cualquier método es válido: lo único necesario es carecer de escrúpulos.

Me acordé de la canción conforme me iba informando de la suerte de una pobre chica de 14 años del sureste de Polonia, a quien los periódicos decidieron llamar Agata, y de su hijo, más pobre aún porque no llegó a nacer. Los medios de comunicación pro-abortistas buscaban un “objeto” que les sirviera en su lucha, nada más. Y utilizaron todos los medios a su alcance para conseguirlo, incluidos los mas sucios.

La niña había quedado embarazada con un chaval un año mayor que ella. Al poco tiempo ingresó en un hospital. Su madre era partidaria de que abortara, pero la propia Agata estaba indecisa, no sabía que hacer. El hospital no quería llevar a cabo el aborto. De la situación fue informado d. Krzystof Podstawka, sacerdote, director de la Casa de la Madre Soltera de Lublin, por medio de un centro dedicado a la ayuda a mujeres en situación difícil por embarazo no deseado. Habló con Agata y con su madre y en ningún momento ningún familiar de la chica rechazó su ayuda. Es más: Agata le invitó a visitarla cuando quisiera por medio de una nota.

D. Krzysztof guardó discreción sobre el asunto, pero aquí empieza la brutal campaña del diario Gazeta Wyborcza, los post-comunistas (y ahora declarados “zapateristas”) de SLD y grupos como la Federación para la Mujer y la Planificación Familiar, asociación pro-abortista dirigida por Wanda Nowicka. El sábado 7 de junio, en segunda página GW anunciaba: “Negaron el aborto a una niña de 14 años que fue violada”. SLD aprovechó la información para atacar la ley del aborto y el Concordato con la Santa Sede. Se sacaron de la chistera noticias como que Agata estaba recibiendo amenazas por medio de mensajes telefónicos para que siguiera adelante el embarazo. El lunes 10, cuando ya era de todos sabido que no hubo violación alguna, no sólo no pidió disculpas a sus lectores (ni a la adolescente), sino que aún afirmaba que Agata deseaba abortar. Siguieron presionando hasta que la ministra de Salud indicó un hospital en el que pudiera abortar. Desgraciadamente, la chica no resistió la presión.

Puedo entender que alguien, por falta de criterio o por apasionamiento, esté a favor del aborto en causa propia. O que por ceguera intelectual, esté a favor del aborto en general. Pero presionar a otra persona, en vivo y en directo, a acabar con la vida de su hijo a través de los medios de comunicación sirviéndose además de una mentira infame me parece una canallada.

Bronisław Wildstein en Rzeczpospolita se pregunta lo que habría pasado de haber sido al revés, si los pro-vida anunciaran que se presiona a una menor a que aborte a pesar de que quiere tener a su hijo y luego resultara que el embarazo es consecuencia de una viloación y la chica no lo quiere. Serviría  para montar una campaña mediática contra todos los partidarios pro-life, lo usarían como prueba de su hipocresía.

Pues eso, que hacen falta dos cuchillos.

P.S: una muestra de lo bien que planificó Wanda Nowicka su familia es el siguiente texto: “Que ninguno vuelva vivo. O mejor – que vuelvan todos, como inválidos incapaces de funcionar en el capitalismo. Que esos cabr… sarnosos vuelvan sin piernas, sin manos, con la cara acuchillada y los ojos sacados. Quisisteis ir allí, pues moríos en las arenas afganas: a lo mejor seréis de provecho como estiercol. Desde hoy celebraremos en LBC la muerte de cada p… polaca en la misión de ocupación de la OTAN” (los puntos suspensivos son míos). Esta “perla” es de Michał Nowicki, hijo de Wanda Nowicka y lider de Izquierda sin Censuras (LBC, cuyo patrón es Feliks Dzierżyński, creador de la CheKa). Salió a la luz gracias a un periódico que no suelo leer nunca, Nasz Dziennik. Y digo lo mismo: ¿qué se escribiría en Europa Occidental si hubiera salido algo parecido de un grupo de extrema derecha polaco?