Archive for the ‘crimen’ category

Nuevo virús causa ceguera – sólo a periodistas

octubre 26, 2010

Ni en francés, ni en inglés, ni en español, ni en italiano, y menos mal que en Alemania sí se publicó algo sobre el asesinato en Łódź (se pronuncia más o menos “uch”), porque hasta se me pasó por la cabeza quedarme en el exilio en Ucrania, donde iba sólo de conferencia… ¡Hasta la prensa de allí bajo Yanúkovych es más plural!

No es que me crea precisamente que Varsovia es el ombligo del mundo, pero ¿no extraña de verdad que en la última semana en la prensa en todos esos idiomas sí se ha podido leer que los obispos polacos tienen su opinión sobre la in-vitro (que, por cierto, no ha cambiado nada, así que no veo dónde está la novedad), mientras que sobre el primer asesinato político desde 1989 nada? ¿Tan humildes se han vuelto los corresponsales en bloque que dejan todos esa noticia para otros? Y eso en un país que, catástrofes aparte, tampoco es que de mucho de qué hablar a diario. Parecería que se les hubieran roto los esquemas al ver que la víctima era del partido de Kaczynski: “si los hechos no concuerdan con mi teoría, peor para los hechos”.

O han sido presa de un desconocido virús que provoca ceguera colectiva y selectiva, o filtran a conciencia ellos las noticias, o alguien se las filtra, y no sé qué es peor.

Anuncios

Vencer el mal con el bien

junio 6, 2010

“En una dictadura, hijito, todos viven en el miedo, da igual si uno se llama Puskas o Farkas, si es volante izquierdo o general”. Así habla la madre de Peter Esterhazy en el último libro del famoso escritor húngaro, del que espero disfrutar en poco tiempo.

De ese miedo liberaba d. Jerzy Popieluszko, a quien el Santo Padre Benedicto XVI ha elevado a los altares por medio de su legado el abp Angelo Amato. Popieluszko fue brutalmente asesinado en 1984 por miembros de los servicios especiales de la Polonia comunista. El momento más conmovedor del día tuvo lugar cuando la madre del martir, Marianna Popieluszko, dirigió el rezo de una decena del Rosario, al final de la cual los ciento cincuenta mil  asistentes a la ceremonia rompieron en aplausos. El arzobispo de Varsovia, Kazimierz Nycz, también tuvo para ella unas palabras: “querida mamá de d. Jerzy, gracias por tu hijo, sacerdote y mártir”. Luego continuó: “Dios le dió la gracia de que en 1984 estuvo en el entierro de su hijo y frente a su tumba como frente a la cruz, y hoy se alegra con la gloria de su elevación a los altares”.

El capellán de Solidaridad en la región de Mazovia, se convirtió en objeto de persecución por parte del aparato de seguridad cuando comenzó a celebrar Misas por la Patria poco después de que el general Jaruzelski y sus compinches decretarala ley marcial el 13 de diciembre de 1981 con objeto de ahogar a la naciente “Solidaridad” y perpetuarse en el poder. Aunque para ser exacos, convendría decir que desde el momento en que ingresó al seminario de Varsovia, ya que todo candidato al sacerdocio era automáticamente objeto del “cuidado” de los servicios secretos. Llevó siempre con entereza las contradicciones que esto suponía, que no fueron pocas. Por ejemplo, conoció a la perfección las humillaciones y los calabozos durante los dos años de servicio militar, un tiempo en el que sus superiores trataron por todos los medios de que abandonara su vocación, por las buenas o por las malas. No cedió su espíritu, pero su salud física salió mal parada de la larga y dura prueba y no acabó nunca de recuperarse.

D. Jerzy no es un martir de la política, de hecho ni una sóla vez aparece en sus homilías la palabra “comunismo”. No, sólo quería devolver a sus ciudadanos la dignidad que les correspondía como hijos de Dios. Le preocupaba que el sistema imperante estuviera coartando sus conciencias, esclavizándoles y haciéndoles víctimas de la mentira y del miedo. Invitaba a todos a la paz y a evitar el revanchismo y el odio: su motto era “vence el mal con el bien”. Era una persona muy normal, un sacerdote que un día se encontró en el ojo del ciclón y sencillamente siguió siendo fiel a lo que creía. Nunca había llamado hasta aquel momento la atención por nada en especial, aparte de por ser una persona entregada a los demás, especialmente a los enfermos, y desde luego no fue él quien buscó una fama que fue agigantándose semana tras semana hasta que se hizo insoportable a los mandarines del régimen.

No era tampoco original en su predicación: usaba sobre todo textos del Evangelio, de Juan Pablo II y del primado Wyszynski. Tampoco se puede decir que fuera un gran orador. Fue unicamente fiel hasta el final a las misiones que se le iban encomendando, y eso era mucho: lo era todo.

Los hay más iguales

enero 6, 2008

Dictaduras ha habido y, desgraciadamente, sigue habiendo de muy diversos signos: por ejemplo de izquierda y de derecha, antirreligiosa y otras que se escudan en motivos supuestamente divinos al imponerse, sanguinarias y más benévolas, impuestas desde fuera y resultantes de conflictos internos. La situación en Polonia de 1945 (algo antes en sus territorios más orientales) hasta 1990 la marcaban los supuestos precedentes a las íes, aunque cabe matizar que su brutalidad fue variable, que no disminuyente.

Dictaduras ha habido y, desgraciadamente, sigue habiendo de muy diversos signos, pero lo que me parece incuestionable es que un crimen sigue siendo un crimen independientemente de quién lo haya cometido: a no ser que haya iguales y “más iguales” ante la ley.

Pues los hay. Por lo menos en Gran Bretaña, cuya Home Office deniega a Polonia la extradición de Helena Wolińska, fiscal en varias decenas de juicios-farsa, concluidos algunos en condenas a muerte, durante el periodo más oscuro de la era roja: la implantación del estalinismo.

Los nuevos dominadores de Europa del Este estaban especialmente interesados en eliminar por medio de las balas y la propaganda a todo aquel que osara rechistar. En Polonia se encontraron con los restos de un enorme ejército clandestino (Armia Krajowa, AK) que, aunque desangrado por su lucha contra el invasor nazi, seguía contando con el apoyo con el apoyo de la inmensa mayoría de la población. Wolińska fue uno de aquellos peones que sirvieron para dar una apariencia de legalidad a la eliminación de los enemigos políticos del sistema. Ayudó, por ejemplo, a liquidar al general Fieldorf “Nil”, uno de los más importantes dirigentes de AK.

Wolińska afirmó en una entrevista a “The Guardian” que todo este asunto es “un circo”, que es inocente y, ojo al dato, que es víctima de un ataque antisemita del gobierno polaco (en concreto del ya inexistente de los gemelos, aunque los anteriores gobiernos polacos también exigieron su extradición). Esta última cuestión ni se había mencionado en los medios de comunicación polacos. Alguien malpensado podría aducir que sólo para evitarse problemas. Sin embargo, aunque así fuera, lo que hayan escrito los diarios polacos es secundario. La defensa de Wolińska no se sostiene por una sencilla razón: ella misma, de proveniencia judía, debería ser considerada antisemita por el sólo hecho de firmar el acta de acusación contra Władysław Bartoszewski, cofundador de Żegota (Consejo de Ayuda a los Judíos: erigido por el Gobierno de Polonia en el exilio londinense en 1942).

A propósito de Żegota hago un pequeño paréntesis: su filia varsoviana encargada de atender a los niños judíos estaba dirigida por Irena Sendler, sobre quien podéis encontrar varios interesantes artículos en el blog de Marta.

Volviendo a Wolińska, marchó de Polonia a causa de las purgas antisemitas del partido comunista de marzo de 1968. A principios de los años 70 se domicilió en Gran Bretaña y allí sigue, ahora con nacionalidad británica. Londres sostiene que no puede extradir a Wolińska porque el gobierno comunista de Polonia le retiró la nacionalidad polaca, otorgándole tan sólo un documento de viaje. Así las cosas, el Instituto de Memoria Nacional solicitó la emisión de una orden de detención europea, que emitió el Juzgado Militar de Varsovia el 20 de noviembre. Ahora mueven ficha los británicos, pero esta vez será un juzgado quien decida.

¿Qué dirían los periódicos si se tratara de una juez chilena de la era Pinochet, o de la argentina de los militares, o de la España de Franco? Por si no se notaba, aclaro que la pregunta era retórica. Nada nuevo: los hay iguales y más iguales, pero yo prefiero seguir en mi ingenuidad pensando que un crimen es un crimen.

Катынь – Katyń

septiembre 25, 2007

El oscareado director Andrzej Wajda fue dejando Katyń para más tarde un año sí y otro también hasta que vió que se iba acabando su tiempo en este mundo y no pudo más. En las primeras críticas uno puede encontrar de todo, aunque son en su mayor parte muy positivas. Lo que está claro es que este sombrío episodio del estalinismo tenía que aparecer antes o después en la cinematografía polaca y mundial.

Puede que haya quien se extrañe, se escandalice o incluso acuse de martirólogos a los polacos por andar aún hurgando en las heridas que dejó la II Guerra Mundial. No me parece justo en absoluto. Primero porque en la Polonia comunista, hasta 1989, con sólo mencionar la palabra “Katyń” podía uno dar con sus huesos en la cárcel. El Gran Hermano de Moscú impuso la ley del silencio.

En segundo lugar ¿por qué Polonia (que movilizó el tercer mayor contingente de soldados entre los aliados y que tuvo seis millones de pérdidas humanas durante la Guerra, que se dice pronto) va a tener que honrar menos a sus héroes que otras naciones europeas? Lo primero que hace cada presidente francés cuando jura su cargo es poner una ofrenda floral en el lugar donde murieron treinta y tantos miembros de la resistencia francesa durante la liberación de París. ¡Treinta y tantos! En fin, sé que las comparaciones son odiosas, pero si hemos de ser ser serios hay que decir que tuvieron que buscar a sus paladines de la libertad con lupa. Sólo en el levantamiento de Varsovia contra los nazis murieron alrededor de 200.000 polacos. Y por cierto, éste era otro episodio tabú hasta 1989, ya que la insurreccíon se fue al garete entre otras cosas porque Stalin no sólo no movió un dedo y dejar desangrarse al Ejército Nacional de Polonia, sino que además no permitió a los aviones aliados a aterrizar en el territorio ocupado por el Ejército Rojo y auxiliar desde allí a la capital en llamas. En resumen, que si los polacos tienen de qué y de quién gloriarse dejémoslos en paz.

Volviendo a los bosques de Katyń, Charkow, … , lo que allí ocurrió fue un intento de dejar a Polonia sin cabeza, sin inteligentsia, asesinando con un tiro en la nuca a más de veinte mil oficiales (junto a médicos, sacerdotes, abogados, …, oficiales también de reserva). Por primera y única vez en Rusia fue reconocido el crimen por Yeltsin. Ahora Putin, como buen antiguo KGBista, vuelve a velar por la gloria del imperio con los mismos métodos de propaganda que antes: acusa a los polacos y a su presidente, durante el viaje de éste a Katyń, de nacionalismo y de tratar de enmascarar con este ataque otros supuestos crímenes propios (en concreto de la guerra polaco-bolchevique de 1920) y la televisión rusa llega a cuestionar la autoría soviética de la matanza. De cine, aunque menos mal que ahora gracias a Wajda.