Archive for the ‘Alemania’ category

Nuevo virús causa ceguera – sólo a periodistas

octubre 26, 2010

Ni en francés, ni en inglés, ni en español, ni en italiano, y menos mal que en Alemania sí se publicó algo sobre el asesinato en Łódź (se pronuncia más o menos “uch”), porque hasta se me pasó por la cabeza quedarme en el exilio en Ucrania, donde iba sólo de conferencia… ¡Hasta la prensa de allí bajo Yanúkovych es más plural!

No es que me crea precisamente que Varsovia es el ombligo del mundo, pero ¿no extraña de verdad que en la última semana en la prensa en todos esos idiomas sí se ha podido leer que los obispos polacos tienen su opinión sobre la in-vitro (que, por cierto, no ha cambiado nada, así que no veo dónde está la novedad), mientras que sobre el primer asesinato político desde 1989 nada? ¿Tan humildes se han vuelto los corresponsales en bloque que dejan todos esa noticia para otros? Y eso en un país que, catástrofes aparte, tampoco es que de mucho de qué hablar a diario. Parecería que se les hubieran roto los esquemas al ver que la víctima era del partido de Kaczynski: “si los hechos no concuerdan con mi teoría, peor para los hechos”.

O han sido presa de un desconocido virús que provoca ceguera colectiva y selectiva, o filtran a conciencia ellos las noticias, o alguien se las filtra, y no sé qué es peor.

De palabras y hechos

enero 17, 2010

¿Quién en Europa no ha oído hablar de lo anacrónico e incluso peligroso que puede ser el nacionalismo polaco encarnado en los terribles gemelos? Aunque con mucho menos ruido, cosas más inquietantes ocurren ahora, anno Domini 2010, en otros lugares de Europa, concretamente en Alemania. Luego la gente se extrañará si vuelve a ganar Kaczyński las elecciones presidenciales este año…

Para crear la polémica de la que trata este artículo, a Baviera y Hesse se les unió un tercer “land”: hasta la fecha, en los documentos expedidos a los habitantes de Mecklemburgo-Pomerania nacidos después de la guerra en Szczecin, Wrocław o Gdańsk podía leerse “Polonia” como lugar de nacimiento. (más…)

Alrededor del “Arbeit macht frei”

diciembre 26, 2009

De Timothy Garton Ash

Entre Hanukkah y Navidad, alguien roba el cartel que está sobre la entrada del campo de exterminio de Auschwitz. La policía polaca lo recupera y atrapa a los ladrones, que, al parecer, lo habían hecho por encargo de una persona en el extranjero. Nos cuesta imaginar qué tipo de ser humano puede querer una cosa así para su colección privada. Pese a todos los asesinatos de masas, toda la esclavitud y toda la tortura que ha habido desde entonces, Auschwitz sigue siendo, para un europeo de mi generación, el símbolo por excelencia de la maldad humana en nuestros tiempos.

Este grotesco episodio remata un año en el que las relaciones entre los cristianos y los judíos en general, y los cristianos polacos y los judíos polacos en particular, han vuelto a ser materia de debate. Los fantasmas de un pasado torturado en Europa del Este aullaron incluso por los pasillos de Westminster, cuando los conservadores anunciaron su alianza en el Parlamento Europeo con un grupo de partidos de extrema derecha, sobre todo de Europa central y del este, y colocaron a sus parlamentarios bajo la dirección de Michal Kaminski, perteneciente al partido Ley y Justicia de Polonia. (más…)

La comunidad del absurdo

noviembre 9, 2009

Tenía esto en borrador desde hacía tiempo, pero no me había decidido a publicarlo hasta que leí este artículo del siempre buen observador Ramiro Villapadierna, corresponsal de ABC en Berlín.

Hace algún tiempo un amigo universitario me comentó que en su alma mater, la SGH (la escuela de economía más prestigiosa de Polonia) existía una asignatura -optativa, eso sí- sobre el humor en la Polonia comunista.

Desde que llegué a este país me ha fascinado la capacidad que tuvieron para conservar el sentido del humor durante ese periodo tan traumático del comunismo. También es verdad que desistí hace tiempo de contar chistes polacos a mis conocidos cuando voy por España porque la reacción más favorable es invariablemente la consternación.

Podemos entender el humor como un antídoto para la vida gris bajo el comunismo, aunque yo me atrevería a ir algo más lejos. Efectivamente, el humor polaco tiene una fuerte tendencia al absurdo, pero no creo exagerar si afirmo que constituyó un elemento de resistencia al aparato comunista, invasor hasta extremos insospechados e insoportables de la vida social, privada, intelectual, y si hubiera podido, también de la vida eterna de los polacos y de los ciudadanos de los demás países del bloque rojo.

Cada país tiene su historia y su idiosincrasia. En España la ridiculización de la dictadura en cine o televisión es un invento de después de Franco, y si se hizo en vida de éste debió de ser muy mal, porque no se conservó nada que haya durado en la memoria de la sociedad (aquí no dogmatizo, nací después de la muerte del dictador, pero no recuerdo haber oído ningún chiste inteligente sobre el tema y no es por falta de memoria, así que no creo ser una excepción). Sólo puede haber cuatro causas: o somos menos inteligentes que los polacos, o menos valientes, o el aparato de censura en Polonia funcionaba con menos intensidad, o bien no había tanto absurdo al que enfrentarse a diario.

Sobre la inteligencia y la valentía, sería necesario un estudio comparativo para el que no dispongo de herramientas, pero me parece que no hay que exagerar: mucho más tontos no somos, si lo somos. Lo que sí es verdad, haciendo algo de autocrítica nacional, que el hispano medio tiene más bien tendencia al chiste de cintura para abajo, es menos imaginativo.

Más de un progre, y hablamos ya del tercer posible motivo, sigue afirmando que la libertad de expresión detrás del telón de acero era mayor que en la España de la dictadura, pero eso lo tiene que demostrar con papeles de los servicios de seguridad, y me da la ligera impresión de que la única “memoria histórica” que se busca en España hoy día abarca de 1936 a 1939 y los primeros años de la posguerra. Más adelante sólo escucho silencio, lo contrario que pasa en el Este de Europa.

Llegamos al cuarto punto, a ese que puede ayudarte a conseguir rapidamente un buen feeling con casi cualquiera a primera vista desde Praga a Vladivostok, pasando por Vilnius, Bucarest, Minsk y Erevan. Han sido decenios de vida separados, sí, pero a la vez juntos e inmersos en el absurdo de la economía planificada, de la censura, de una burocracia extendida hasta más allá de lo imaginable, de trabajo sin trabajo, de “soluciones habitacionales” de 20 metros cuadrados por familia idénticas por feas, poco prácticas y eliminadoras de cualquier intimidad. Veinte años después del desmoronamiento del muro de Berlín siguen siendo objeto de culto películas y seriales surgidos durante la era comunista que, esquivando a la censura, mostraban los desatinos con los que la gente de a pie se encontraba día a día: no es raro que jóvenes nacidos ya en democracia se sepan de memoria fragmentos enteros de Rejs, Miś o Alternatywy 4, por poner algunos ejemplos (que no dirán al lector hispano, pero ¿qué le vamos a hacer?). Existen pues lazos que provocan que los antiguos súbditos del régimen rojo se ríen de lo mismo, lo que me ha dado por llamar “la comunidad del absurdo”.

Quizá me equivoque pero, ¿alguien sabe de otro tipo de gobierno autoritario en el que los artistas protesten por… falta de papel para escribir? Y es que el socialismo siempre lucha heroicamente por resolver problemas inexistentes en otros regímenes.

El puzzle

marzo 29, 2008

Va a resultar que no era unicamente un problema de la democracia en Polonia, o a lo mejor es un virus contagioso: durante los últimos años (en especial en los últimos tres), cada vez que un atrevido osaba husmear en los archivos de los servicios de represión comunistas polacos quedaba estigmatizado, se le consideraba un apestado o un propagador del odio en parte de la prensa de Polonia y en la extranjera que se dignaba a ocuparse del tema.

Pues bien, en Alemania ponen todos los medios para recomponer el mayor puzzle del mundo: unos 30 millones de euros para un especialísimo programa informático cuya función es rehacer los restos de 46 millones de documentos que la sombría Stasi trató de hacer desaparecer. Y nadie dice nada, ni que la democracia alemana está herida de gravedad, ni que esos historiadores son unos desalmados, ni que es un gasto estúpido, ni nada de nada.

Pero claro, lo de Polonia se sigue calificando como caza de brujas. A mí por lo menos me llega un ligero tufillo a doble rasero para medir a distintos países. ¿Es por mala fe de los periodistas de Occidente? No necesariamente. ¿Un complot anti-polaco? Tampoco me lo parece. Pienso que, sencillamente, basta con un par de personas con reconocido prestigio y la suficiente habilidad para hacerse con el monopolio informativo sobre un determinado tema, sobre todo si saben hacerse con los servicios de un ejército de “idiotas útiles” que ayudan gratis.

La exclusiva para opinar sobre la actualidad y el pasado de Polonia la tiene el círculo de colaboradores del antiguo disidente Adam Michnik, agrupados en torno al diario del que fue redactor jefe: Gazeta Wyborcza. Alguna vez leí que, sobre Polonia, en Europa se repite lo que dice la agencia Reuters y que Reuters repite lo que dice el profesor Geremek, conocido eurodiputado polaco ligado estrechamente a Michnik. Wyborcza, que fuera el periódico de “Solidaridad”, no ha dudado en hundir política o periodisticamente a quien se atreviera a afirmar que los “papeles” de los servicios del régimen comunista pueden servir para algo más que para ser quemados.

Ya escribí hace algún tiempo y lo repito aquí que el mérito de la labor de oposición al régimen comunista de Michnik es innegable, pero la forma en que se he servido de sus conexiones internacionales y de su influencia en estos últimos años me llevan a dar la razón a otros grandes contrincantes del antiguo sistema que sostienen que Michnik quizá sea la persona que más ha luchado contra la razón de Estado polaca en los últimos quince años. Ya le dedicaré algún artículo al peculiar modo de entender la libertad de prensa que tiene este interesantísimo personaje.

Fiebres ex-presidenciales

septiembre 14, 2007

Y yo que me había propuesto no escribir más de política esta semana…

Es contagioso. Espero impacientemente a saber quién será el siguiente ex-presidente o ex-canciller que pierda el sentido común, que dicen que es lo primero que Dios quita cuando quiere de verdad castigar a alguien. También es verdad que existen grados. A Havel lo engatusaron sus colegas ex-disidentes. Lo de Kwaśniewski y Schröder tiene mucho más delito, es traición a los intereses de sus respectivos países por iniciativa  y provecho propios.

Kwaśniewski, en una entrevista a la versión germana de Vanity Fair, afirma que el derrumbe de la democracia en Polonia es una amenaza real y que, en caso de que vuelva a gobernar el partido de los gemelos Kaczyński, Berlín debería endurecer su política respecto a Varsovia. Bueno, ya ha habido políticos de aquí que atacan al gobierno en el exterior y esto no es la URSS para que los encarcelen a la vuelta. Pero que un ex-presidente aconseje a un Estado ajeno cómo actuar en contra del propio es algo nuevo a nivel mundial y no veo excusas.

Schröder ha hecho más o menos lo mismo, criticando el giro de la política alemana con Rusia, además de atacar a algunos países, sin nombrarlos, por entorpecer las relaciones de Europa con ese país. Evidentemente pensaba en principalmente en Polonia y Estonia.

A Schröder no se le caerá un pelo, todo lo contrario: en el Kremlin y en Gazprom, que es quien le da de comer, estarán encantados. Kwaśniewski debería estar más preocupado. En el partido que lidera, Izquierda y Demócratas, el escándalo ha sentado como un tiro de cara a las elecciones del mes que viene. Y menos mal que al final pidó perdón, porque durante tres o cuatro días estuvo mareando la perdiz: que si la traducción, que si me han interpretado mal, que si la pregunta del periodista llevaba injerta la respuesta,… Vamos, un dechado de sinceridad.

¿Germanofobia?

junio 30, 2007

La reacción de gran parte de los medios de comunicación europeos antes, durante y depués de la Cumbre de Bruselas a la actitud de los mandatarios polacos ha sido por lo general bastante agria, si bien es cierto que una vez conseguido el acuerdo comenzaron a oírse voces de políticos y periodistas que justificaban o incluso felicitaban al presidente Kaczynski por su eficacia. Esta crítica se notó principalmente en Alemania, cuya prensa calificó casi de irracional la postura polaca. Sólo Alan Posener del “Die Welt” argumentaba que las matemáticas daban la razón a Polonia.

Lo que está claro es que no se trataba aquí de animosías, antieuropeísmo, antigermanismo o de capricho de los poderosos gemelos polacos. De hecho, una de las cosas que más impresión debió causar fue el respaldo unánime del Parlamento polaco al presidente, algo que rara vez ocurre: sólo los postcomunistas se mostraban reacios a “morir por una raíz cuadrada”, pero incluso su líder, Wojciech Olejniczak, felicitó a Kaczynski por el resultado de las negociaciones. Se trata de un conflicto de intereses y hablar de germanofobia por parte de los gemelos Kaczynski o de los polacos en general (que de eso también se ha escrito mucho estos días) no sólo es exagerado: sencillamente no tiene fundamento real. Hasta hace seis o siete años lo máximo que podía percibirse, y eso en medios alarmistas como “Nasz Dziennik”, era el temor a que una vez dentro de la Unión Europea muchos alemanes se decidieran a comprar terrenos o inmuebles en Polonia y que eso pudiera entrañar algún tipo de riesgo para la soberanía nacional. De eso no queda ya rastro alguno, más aún cuando han sido curiosamente empresas españolas las que el pasado año compraron nada más y nada menos que el 60% de los terrenos vendidos en todo el territorio polaco.

Voces como las del “Corriere della Sera” o el “Le Figaro”, que aseguran que los nacionalistas polacos tratan a Alemania como a su énemigo público número dos (después de Rusia) están fuera de lugar. Ni siquiera la portada de mal gusto que el semanal “Wprost” dedicó a Angela Merkel (un montaje fotográfico que la presentaba dándo de pecho a los Kaczysnki con el título “La madrastra de Europa”) ha levantado la polémica en el país: sencillamente, políticos y medios de comunicación han calificado la publicación como grosera. La canciller alemana tiene buena prensa en Polonia a pesar de su firmeza durante la cumbre: se apreció mucho su apoyo y el de Barroso frente al embargo de carne por parte de Rusia y ha hecho notar que comprende también el peligro que el gasoducto que conectará directamente a Rusia con Alemania pasando por el fondo del mar Báltico puede suponer para la seguridad energética de Polonia, aunque no ha podido hacer gran cosa para evitar el comienzo de la construcción: Gerhard Schroeder dejó firmado el acuerdo con Rusia en las últimas semanas de su mandato, y ahora representa los intereses de Gazprom en el consejo de administración de la empresa constructora del canal.

Hay quien asegura que, efectívamente, Polonia ha conseguido un importante éxito en Bruselas, pero que los métodos empleados pueden aislarla de los demás países. ¿Perderá Polonia amigos? Ya se ha visto que con los eurodiputados alemanes será complicado ponerse de acuerdo, a pesar de que Merkel afirma que desea que Alemania mantenga con Polonia unas relaciones tan fluidas como con Francia. Pero si es verdad que las formas de Polonia distaron de ser elegantes en las negociaciones, también lo es que no jugó sola en Bruselas: la República Checa demostró ser un aliado leal en la lucha por el método de raíz cuadrada y fue Lituania la que se ocupó de la cuestión energética. Afirma Piotr Semka en “Rzeczpospolita”: “Polonia es demasiado grande para poder equipararla a un país de Europa Central sin aspiraciones a una política ambiciosa, pero demasiado débil para agrupar en torno a sí a sus vecino más pequeños”. Aún así, estos países han visto que Polonia es capaz de negociar con eficacia, y Mariano Rajoy, jefe de la oposición en España, ha agradecido a Kaczynski con cierta ironía que defendiera los intereses de España en lugar de Zapatero. En cualquier caso, Bruselas no ha sido nada personal, sólo cuestión de negocios.