Explosión en el psiquiátrico

Polonia es un país de locos. Quién más, quién menos, seguro que casi todos lo que han pasado por la experiencia de vivir una temporada larga en un país post-comunista pueden decir lo mismo. Pero quería ir algo más allá de la metáfora: en Polonia triunfa la locura en el sentido literal de la palabra, pero quien se conforma con la dosis diaria de papilla pseudo-informativa que las agencias nos suministran de un tiempo a esta parte no podrá enterarse.

Digo que Polonia es un manicomio porque basta con hacer algo de hemeroteca para descubrir que es algo fuera de lo normal la cantidad de teorías que se atribuían exclusivamente a grupos marginales de locos o extremistas y que han acabado siendo ciertas. El último episodio de esta larga serie es, sin duda, el más simbólico, pero por desgracia es también el más macabro y quizá el de consecuencias más desastrosas para Polonia y los países de la zona. Me refiero, por supuesto, a la investigación de la catástrofe de Smolensk.

Más que globalizado, no creo andar muy descaminado si afirmo que el mundo esta goebbelslizado. Después de vertir hectolitros de mentiras o de desinformar involuntariamente durante meses, ¿qué medio de comunicación va a preocuparse de rectificar pasados unos años, cuando la “inmediatez” ha dejado de existir y el espectador solo espera que el show continúe? Por fortuna, tienen los polacos experiencia sobrada en esta materia, y paciencia, toneladas de paciencia.

Pero vayamos al grano. Ya escribí en su momento que seguíamos desconociendo lo que había pasado con el avión de Kaczynski, pero que sí sabíamos algo de lo que no había ocurrido. Lo que, con honrosas excepciones, nos transmitió la inmensa mayoría de los medios extranjeros fue lo que quiso Putin: que el avión se cayó por culpa de los pilotos, que trataron imprudentemente de aterrizar cuatro veces en el aeropuerto de Severnyy cuando la niebla lo impedía, y que lo hicieron seguramente por presión del “primer pasajero” –el presidente Kaczynski, que envió a la cabina como emisario a uno  de los generales de más rango. El choque del ala con un abedul hizo el resto. Quienes dudaban de esta versión eran, sin duda, energúmenos irresponsables cuyo único motivo tiene que ser por fuerza el odio a Rusia o una conspiranoia profunda: locos. Y daba igual que no afirmaran en voz alta que había sido un asesinato –seguro que, en lo más profundo de su ser, estaban pensando en eso. Además, era cierto que Estado polaco había cometido algunos errores en la preparación del viaje, pero luego fue capaz de levantar cabeza: aprobó duro el examen de madurez al que fue sometido, nos decían.

Dos años y medio después, los restos del avión siguen en Rusia, igual que los originales de las cajas negras. Se demostró rapidamente que los pilotos no trataron de aterrizar ni una vez, y que la presencia del general en la cabina es un mito, y que en lo que había en el aeropuerto de Smolensk era más bien una torre de descontrol. Pero ni eso ni las repetidas humillaciones a las que Putin sometió al primer ministro polaco Donald Tusk a lo largo de los siguientes meses fueron suficientes para que la opinión pública polaca dejara de dar por válida la versión oficial.

Pero he aquí que las exhumaciones de dos de los más eminentes viajeros del siniestrado avión sí han logrado poner patas arriba el juicio de los ciudadanos. Anna Walentynowicz, heroína de “Solidaridad” no reposaba en su tumba. Ryszard Kaczorowski, último presidente polaco en el exilio, seguramente tampoco. Ni de sepultar dignamente a sus representantes fue capaz el Estado polaco.

Ahora el gobierno y sus voceros callan. Mientras, la semana pasada tuvo lugar en Varsovia una conferencia científica dedicada a la catástrofe. ¿Y cual es el resultado de las investigaciones de los más afamados investigadores polacos (incluyendo a expertos con experiencia en la NASA)? Voila: ¡dos explosiones cuando el avión aún estaba en el aire!

No salió por ningún sitio la palabra atentado. Se desconoce aún el origen de las explosiones. Yo mismo sigo sin estar convencido del derribo intencionado del avión, pero no porque no crea capaces de algo así a los responsables del “rescate” de los rehenes del teatro Dubrovka, de la “liberación” de los marineros del Kursk o de volar varios bloques de edificios en Moscú para justificar una guerra en Chechenia. La respuesta “esas cosas no pasan” me parece ingenua. Cómoda, por supuesto, pero letalmente ingenua. De hecho, como bien señalan algunos periodistas, el Kremlin ha logrado desde entonces casi sin esfuerzo todo aquello que se había propuesto en esta zona de Europa.

Sería fácil tumbar una hipótesis tan alocada teniendo todos los medios al alcance de la mano, pero el gobierno polaco calla. Elocuente silencio. Y ese es el principal problema: que Smolensk es cuestión de fe. Y para Putin esta situación es ideal: puede según su antojo dejar que aparezcan pruebas en uno u otro sentido para hundir a Tusk o sacarle del aprieto según convenga. Da igual que fuera un atentado o no porque el resultado es el mismo: él gana.

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4 comentarios en “Explosión en el psiquiátrico”


  1. “…dosis diaria de papilla pseudo-informativa que las agencias nos suministran de un tiempo a esta parte no podrá enterarse”, por suerte que polacos y espanoles te tienen a ti que les dices la verdad;)

    compurebo una vez mas que hay gente que dice que todos mienten y ellos son los únicos que saben/dicen la verdad? esta es una forma de conspiraoia muy frecuente…

    Los que saben todo, deben ser una suerte de iluminados…;)

    saludos desde Alemania, el país que menos quieres (después de Rusia, jaja)

  2. Higinio J. Paterna Sánchez Says:

    Marta, si yo no quisiera a Rusia como la quiero, te aseguro que no habría aprendido el idioma, por poner el ejemplo más claro… Tres cuartos de lo mismo con Alemania: lo cual no tiene por qué significar que me tengan que gustar las decisiones de Putin, Merkel o del alcalde de un villorrio de la ribera del Rin.

    Sobre la conspiranoia…, en fin, basta con poder leer los medios polacos para saber lo que yo sé. La ventaja de los países medianos y pequeños frente a los grandes es que los pequeños suelen saber lo que pasa en los grandes, y al revés no necesariamente.

    Hablando en plata: google translate y wikipedia aún no bastan para saber lo que pasa en el mundo.

    Siguiendo con la conspiranoia: no soy yo el que cierra el debate ¿te das cuenta? Si fue un accidente, yo me sentiré muy aliviado, pero quiero que me lo demuestren: ¿por qué me lo tengo que creer sin que lo prueben? Y más si se compara esta investigación con la de Lockerbie o con la que hicieron los propios rusos hace no tanto tiempo y fuera de su propio país. Lo mismo si fue un atentado, quiero que me lo demuestrn de forma racional. El crimen mayor consiste en que hay que creérselo así, porque lo mandan.

    En estos momentos los sectarios son los que defienden sin pruebas que allí no pasó nada raro.

    Sobre la papilla: ¿sabes que esa es la opinión no es mía sino de la gran parte de corresponsales españoles en el mundo? Es un ejemplar en vías de extinción (no solo en España). No hablo necesariamente de que haya mala voluntad (que a veces la hay), sino de que las con agencias, escuchamos lo mismo, solo que mil veces repetido y no verificado -por falta de tiempo, dinero, formación intelectual… Por lo que sea.

    Saludos.

  3. Higinio J. Paterna Sánchez Says:

    Y para dejártelo más claro: leo inmediatamente después de escribir el comentario que acaban de encontrar ahorcado en su casa al técnico de a bordo del otro avion polaco que aterrizó en Smolensk justo antes del accidente.

    Esta persona había afirmado en televisión que los rusos les habían hecho descender a ambos aviones a 50 metros de altura, y no a 100, como estaba permitido en ese aeropuerto y como está escrito en las transcripciones de las conversaciones de los pilotos con la torre de control.

    Esto no es una charla en un bar, Marta. Aquí está muriendo gente. No es el primero.

  4. Higinio J. Paterna Sánchez Says:

    Solo un comentario más, Marta, por si quieres hurgar sobre el tema.

    Como premisa, soy de los que piensan que mejor conocer a alguien que no conocerlo. En la blogosfera, también. Da ocasión de conocer algo nuevo, aprender. Un ejemplo: fue un comentario tuyo el que me inspiró para aprender ucraniano, que me está siendo de mucha utilidad, y eso te lo agradezco.

    Y hasta aquí llegaron las cortesías porque quiero que no te queden dudas sobre algunos puntos:

    1. Si crees que algo de lo que escribo es erróneo, que falta lógica en algún paso, que no digo la verdad en algún tema… Escribe tus razones a tus anchas, se mordaz si quieres y bienvenida seas tú y el debate que provocas.

    2. Pero si vienes a expresar fobias, prejuicios o emociones que otros lectores no tienen por qué comprender, sin apoyarte en argumentos… ahí está la puerta y tanta paz lleves como dejas. Patalear sin emplear presentar razonamientos – eso en casa o en tu blog. Mientras seas incapaz de mantener un debate sin cortarlo cuando te conviene porque se te han acabado los argumentos no te trataré en serio. Puedes ir a pasártelo bien con tus “peligrosísimos carlistas”.

    3. Sobre la “suerte que tienen los españoles” de que les explique lo que aquí ocurre… Si encuentras a otro hispanohablante que conozca mejor el patio, te pido que me lo presentes, y no bromeo, porque pocos conocen bien el país y me alegraré de poder intercambiar opiniones con alguien capacitado.

    4. Para terminar, mira, comentarios paternalistas conmigo: no, gracias, no eres quién en estas cuestiones. Llámame orgulloso, pero te arriesgas a quedar en ridículo. Prefiero la crítica de un sabio a la alabanza o crítica de un ignorante, y da la casualidad de que hay expertos que valoran lo que escribo. No soy infalible, pero por lo menos no tengo que avergonzarme de nada de lo que he puesto aquí hasta la fecha porque siempre he tratado de informarme bien.

    Saludos,


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