Por encima de las diferencias

Nos encontramos a las afueras de Kyiv (o Kiev, para quien prefiera la versión rusa), y sin dudarlo pasamos del ucraniano al español, pues mi interlocutor lo habla a la perfección con un dulce deje argentino, recuerdo de su larga estancia en Buenos Aires. Fue en su momento el obispo más joven de la Iglesia Católica y me bastan pocos minutos para dar por sentado que detrás de la natural sencillez y afabilidad de este hombre hay un titán.

Converso con su Eminencia Sviatoslav Shevchuk para la revista Palabra. Es Arzobispo Mayor de Kyiv-Mohyla, y por tanto de la Iglesia Grecocatólica -o sea, de los católicos de rito ortodoxo.

Realmente han sido enojosas esta vez las exigencias que me han impuesto escribir para papel. C´est la vie…

 

Es difícil no empezar la entrevista hablando sobre la unidad de la Iglesia, sobre los problemas y las esperanzas que hay puestas en Ucrania. ¿Cómo cree que ha evolucionado en los últimos años?

Este año estamos celebrando el vigésimo aniversario de la independencia de Ucrania y en estos veinte años hemos recorrido un camino muy importante hacia la comprensión, la colaboración y hacia la unidad de los cristianos. También estamos conmemorando quince años del Consejo de Iglesias y Organizaciones Religiosas de Ucrania. Pienso que es una experiencia única que tenemos en Ucrania, porque es una organización creada por decisión común de las Iglesias. Y en este tiempo ha hecho posible que todos los cristianos puedan sentarse en una sola mesa y hablar de los problemas que tienen.

Hemos avanzado. Claro que, a comienzos de los noventa, cuando surgió la libertad de Ucrania, cuando nuestra Iglesia salió de las catacumbas, la Iglesia Ortodoxa, que en aquel tiempo aquí no estaba todavía dividida, se sintió amenazada por nuestra misma existencia, por la resurrección de nuestra Iglesia. También tuvimos un periodo de discusiones muy difícil sobre los inmuebles, las iglesias,…

Pero hemos sabido calmar las aguas, y no sólo eso, sino llegar a una colaboración. Como ejemplo, el pasado uno de diciembre, a los veinte años del referendum en el que el 91% de los ciudadanos ucranianos votó por la independencia, representantes de las tres mayores iglesias de Ucrania preparamos un texto sobre las raíces espirituales de la crisis económica que sufrimos. Todos estamos aún verdaderamente admirados: ¿cómo es posible que estas tres iglesias se pusieran de acuerdo, prepararan un texto común y no sólo eso, sino que lo proclamaron conjuntamente? Ese periodo de discordias, gracias a Dios, ya pertenece al lejano pasado.

¿Y no ven los ortodoxos en los nuevos fieles que van llegando a la Iglesia Grecocatólica una amenaza de pérdida de feligreses? O quizá son gente nueva, procedentes del ateísmo…

Normalmente los nuevos fieles no son tan nuevos. Son gente que en el pasado perdió el contacto con su propia iglesia. Nuestra Iglesia fue destruida, millones de fieles fueron expulsados por la política de Stalin y nunca obtuvieron permiso para regresar. Muchos se quedaron en Rusia, Kazajstán, y también en la Ucrania oriental, central, en el sur,… Por ejemplo, en Odessa tenemos unos veinticinco pueblos trasladados tales cuales desde Ucrania occidental. Ahora esa gente simplemente pide una asistencia pastoral. Normalmente se van creando nuevas estructuras respondiendo a los pedidos que vienen de esa parte. Este es un primer grupo, el más grande e importante, y es también un motivo muy fuerte para desarrollar nuestra presencia.

Luego, claro, cuando ya hay un grupo de fieles nuestros, la gente en ese lugar se da cuenta. Esos fieles no se reconocen como fieles de ninguna de las iglesias. Por eso, cuando se interesan, se acercan, se bautizan y, bueno, forman parte de esas comunidades. No es un proselitismo, como a veces dicen los ortodoxos, porque eso quiere decir convencer a un ortodoxo para que deje su iglesia madre y rechazazando sus propias raíces abrace otra ajena. Nosotros declaramos abiertamente siempre que estamos contra este proselitismo. Pasa que, cuando un ortodoxo se acerca, la primera pregunta que le hacen es “¿por qué no va a su propia iglesia?” La nuestra no es una presencia contra nadie. A veces, en broma, digo que nuestra presencia es también una garantía contra la tentación de hacer proselitismo por parte de los ortodoxos.

¿Cuáles son los principales problemas de la sociedad ucraniana en los que debe la Iglesia en Ucrania insistir porque no se habla de ellos ni en política ni en los medios de comunicación?

Pienso que antes de todo está el tema de la libertad. En las sociedades post-comunistas siempre existe la tentación de una semi-dictadura o, como dicen en Rusia, una „democracia controlada”. Los ucranianos han crecido mucho porque se ve claramente
que en los últimos diez años todas las tecnologías modernas de manipulación de la opinión pública han fracasado en Ucrania. La gente es más bien libre en su pensamiento, en su modo de juzgar y también en su modo de expresarse. La libertad es también una
categoría espiritual, porque según nuestras convicciones espirituales y religiosas sólo el Señor nos puede hacer libres a través de una propuesta de la Verdad. Crecer en la libertad es algo central en una sociedad democrática.

Un segundo tema es el de la justicia, especialmente la justicia social. Después de veinte años nos hemos dado cuenta de que hay que reformar todo el sistema de justicia, de que las cortes estatales pueden ser injustas. Espero que con coraje y libertad se pueda
llegar a una profunda reforma. A esto está ligado el tema de la justicia social. Es un tema muy difícil, por que a veces vivimos situaciones profundamente injustas, y la Iglesia está siempre defendiendo a aquellos que no tienen voz, a los que sufren.

El tercero es el tema de la libertad religiosa. Es algo muy delicado, porque por un lado se dice que vivimos en un país con gran libertad religiosa, pero por otra parte esta libertad tiene que ser comprendida del modo correcto.

Para terminar, quería preguntarle por las diferencias entre su labor y la de sus predecesores que vivieron tiempos tan distintos. ¿Qué vé que haya que corregir o cambiar?

Siempre en la Iglesia hay algo que permanece, que es tradicional, hasta eterno. Y hay algo que siempre cambia. Aquello que permanece es la misma naturaleza de la Iglesia. El Metropolita Andrey Sheptytskyy, y también los Patriarcas Slipyy y Huzar, siempre la defendieron: „dejar a la Iglesia ser Iglesia” – ese era el mensaje del cardenal Huzar. La Iglesia siempre ha sido considerada como un fenómeno cultural, político, institucional, a veces es acusada de nacionalismo… La tarea de mi predecesor fue la de conquistar el espacio para que la Iglesia pudiera ser libre para ser Iglesia. Pienso que esto es algo eterno, que siempre ha sido así. Para la sociedad ucraniana es muy importante tener una Iglesia que es auténtica, la Iglesia de Cristo, con una profunda vida religiosa y espiritual. En la ideología comunista el hombre era considerado simplemente como una parte del mecanismo socio-político y económico, nada más. El ucraniano de hoy tiene una profunda nostalgia, una necesidad de vivir profunda y libremente su entidad espiritual.

También hay algo que cambia, porque la sociedad ha variado totalmente. Por eso el Santo Padre Benedicto XVI habla de inculturar esa Iglesia, ese Cuerpo de Cristo en la vida de cada una de las sociedades donde estamos presentes. Es una tarea muy interesante para nosotros, para nuestra Iglesia, porque vive en un clima multicultural, no sólo en Ucrania. Algunos dicen que en día de hoy, en el mundo post-moderno no existe una sóla cultura sino unas multi-sub-culturas, varias religiones, grupos muy variados por
edad, profesión, etc

Eso en Ucrania es muy evidente…

Claro, pero además nosotros estamos presentes en varios países del mundo. He tenido una experiencia directa de la Iglesia ucraniana en América Latina. Me preguntaba “¿qué quiere decir ser oriental, católico oriental, en Buenos Aires?” Después, la mentalidad ucraniana cambia totalmente en Inglaterra, Alemania, Canadá, Estados Unidos, Brasil,Argentina… ¿Cómo mantener la unidad de esta Iglesia esparcida por todo el mundo? Quizá hace doscientos años este desafío no existía, pero ahora sí.

Muchísimas gracias.
Gracias también, y un saludo a los lectores de Palabra.

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