Laicismo de quita y pon

El fenómeno del nuevo “laicismo” en Polonia es sólo un juego de “post-política”: abundancia de cinismo y escasez de ideología.

(escrito para Aceprensa)

Hace tan sólo unas semanas Janusz Palikot era un “donnadie”, otro más en la lista de los politicos deshauciados. De la noche a la mañana pasó de ser el bufón de la corte a adalid de las minoría discriminadas, defensor de los oprimidos por el Estado y martillo contra la Iglesia polaca. Entró en el renovado Parlamento con cuarenta diputados y los medios progresistas tanto nacionales como extranjeros lo ponen en un pedestal y se congratulan de los profundos cambios ideológicos que, opinan, tienen lugar en Polonia.

Pero basta rascar muy poco para advertir que la imagen está trucada: “vivimos en el mundo de la post-política, en el que las ideas no importan -explica el reconocido consultor político Eryk Mistewicz. El dios más importante de la política moderna es el márketing politico y ganar las elecciones: la eficacia. Para conseguir su resultado deben ser tales como espera de ellos la gente. Un político puede decir que obrará contra el poder del dinero a pesar de ser el más rico del parlamento porque así se lo mandan los análisis”. Este es el caso que nos ocupa. Antes de entrar en política, el exitoso empresario Palikot fue dueño de la revista Ozon, que respondía al perfil “generación JP2”. La iniciativa no prosperó.

Luego, ya como diputado de la Plataforma Cívica, se especializó en ganar popularidad a base de declaraciones brutales y actuaciones escandalosas. Era el “doberman” que usaba Donald Tusk cuando era necesario atacar sin piedad a a oposición. Llegó lejos en las estructuras del partido, pero en un momento dado lo abandonó: según sus declaraciones, fue debido a la incapacidad para efectuar reformas de calado de la Plataforma y a la falta de firmeza de ésta frente a la Iglesia. En opinión de algunos periodistas, se dio cuenta de que sus días como político que hace sombra a Donald Tusk estaban contados y escapó antes de que le cortaran la cabeza.

Vio un nicho, un vacío de poder y se lanzó a por él: la izquierda polaca estaba, como en tantos otros lugares de Europa, falta de ideas. En el caso polaco se encontraba también sin un líder carismático. No había un partido de izquierdas convincente mientras que sí existía un electorado de izquierdas. Lo que es evidente es que no habría logrado su proposito sin un intenso apoyo mediático cuyo objetivo era crear un movimiento que tomase el relevo de los post-comunistas, como también explica Mistewicz. Inteligencia y habilidad no le han faltado: “Contó una historia que la gente quiere oír. El anticlericalismo es sólo uno de los elementos. No es un partido anticlerical. El partido de Palikot es anti-stablishment. Esa siempre es una oferta interesante para jóvenes, grupos contra-culturales, para los cansados de la política…”

Algunos los votaron por sus declaraciones ultraliberales en cuestiones económicas, otros por anticlericalismo y otros, no hay duda, por diversión. Tiene electorado, como los tiene Zhyrynovsky en Rusia, y posiblemente irá a más el número de los que tratan la política como un entretenimiento más, un elemento de entretenimiento más, pero de momento está él solo para contar su historia: “Sólo él puede representar personalmente a su partido. Sólo él sabe dónde va. Es un partido unipersonal también porque de aquí a unos años tendremos elecciones presidenciales y no me extrañaría que Palikot se presentase a ellas e incluso que pasase a la segunda ronda”, continúa Mistewicz. “Además, tiene en el parlamento a personas que han tenido problemas con la ley y es difícil mostrarlas al público de inmediato. Eso exige tiempo”.

Lo novedoso y revolucionario puede dejar de ser atractivo en no mucho tiempo. Łukasz Warzecha, columnista del diario Fakt, pronostica que ya en esta legislatura cabe esperar divisiones e insubordinaciones en el grupo de Palikot, debido precisamente al descontento de formar parte de un one man show, y que para las siguientes elecciones llegarán cortos de combustible.

Warzecha señala también que, en cuestiones sociales, no ha habido tanta evolución en los últimos años como puede parecer: „en Polonia no hay tanta indiferencia en estos temas, despiertan las emociones de la inmensa mayoría de los votantes. El grupo de votantes que pueden decir que les es indiferente si los homosexuales podrán casarse, adoptar niños, o si la in-vitro es financiada por el Estado o no, es poco numeroso. Pienso que el cambio es menor de lo que podría parecer. Primero porque Palikot ha llegado en un buen momento con un programa muy expresivo -y eso es más importante que el propio contenido. Es un programa, en general, contestatario”.

Lo cual no quire decir que no exista el anticlericalismo. Sólo que sus bases son distintas. “En la sociedad polaca existe un fondo de anticlericalismo, de eso estoy segura” -confirma Ewa Czaczkowska, especialista en temas religiosos del diario Rzeczpospolita. “Es de proveniencia campesina, desde el s XIX o incluso de antes. Tiene que ver con la posición de los sacerdotes, que en las zonas rurales pertenecían a las élites. Hay un dicho polaco que “todo se le perdona al sacerdote, menos la avaricia”. Pero eso se da también entre los que van a la Iglesia”.

Puede que Palikot consiga algo más de apoyo social, para lo que no dudará en ir modificando su mensaje según se lo dicten las encuestas, incluso de forma radical: igual que hoy apoya la legalización de la marihuana o las uniones homosexuales, mañana puede decir lo contrario. La elección de la Iglesia como objeto de ataques también es instrumental: sencillamente, señala Mistewicz, porque en Polonia no hay gran capital, no tienen lugar aún despidos masivos ni se nota aún una excesiva conciencia de crisis. Lo más lamentable sea quizá que Palikot se ha servido del apoyo de personajes como Jerzy Urban, tristemente célebre portavoz del gobierno comunista y, ya en la Polonia libre, redactor jefe del diario escandalista “Nie”. Su granito de arena también lo han aportado sujetos de la talla de Grzegorz Piotrowski, asesino del beato Jerzy Popieluszko, que ha servido de hombre-anuncio de la revista rabiosamente anticlerical Fakty i Mity, cuyo editor Roman Kotliński, ex-sacerdote y ex-confidente de la policía comunista, se encuentra entre los nuevos diputados. Palikot ha hecho posible la llegada o retorno de estos personajes a la fama. Volviendo a Urban, se especula incluso que los contactos de éste con sus viejos camaradas de los servicios comunistas tengan que ver con la financiación de la campaña electoral del partido.

Con todo, el principal problema de la Iglesia en Polonia no es ni de lejos este supuesto anticlericalismo floreciente. Infinitamente más urgente es, por ejemplo, la lucha contra la plaga de divorcios, o -de cara al futuro- la decadencia del sistema educativo. Es claro que el consumismo repercute en el modo de vida de numerosos católicos, pero la hecatombe religiosa que muchos preveían aún no ha llegado y, si llega, no será desde luego del mismo modo en que lo hizo a los países de Europa Occidental, ya que allí un elemento clave fue la crisis en el seno de la propia Iglesia. Esta circunstancia no se da en Polonia. Es verdad que hasta este año el número de vocaciones al sacerdocio había ido bajando desde la muerte de Juan Pablo II, pero difícil es hablar de crisis si tenemos también en cuenta que por medio hay un bajón demográfico. Es más, este curso se advierte una ligera subida en el número de seminaristas. Más alarmante ha sido el descenso de vocaciones monásticas femeninas.

El affaire Palikot quizá sirva incluso de antídoto contra una “zapaterización” de Polonia: “efectivamente, aparte de él y de Wanda Nowicka, que está curtida en los movimientos feministas, no veo en su grupo a ningún político de nivel, aunque a lo mejor se nos revela alguno, y lo que se puede leer de ellos es fatal. El mismo es inteligente, pero no es lo que era Zapatero: no tiene ni esa fuerza, ni esas bases, ni esas posibilidades, etc. De eso no tengo miedo”, afirma Czaczkowska. Lo cual no quiere decir que no cree problemas: “en gran medida será “folklore”, pero… Por un lado se descreditarán a sí mismos y las ideas que manifiestan, pero por otro crearán confusión en las conciencias de los polacos y puede darse una cierta asimilación” de sus postulados.

Explore posts in the same categories: Polonia

Etiquetas: , , , , , , ,

You can comment below, or link to this permanent URL from your own site.

One Comment en “Laicismo de quita y pon”


  1. Me alegraré si Palikot dura poco; pero ojo, el laicismo, por muy cavernícola que parezca, tiene siete vidas como los gatos (lo mismo el clericalismo, que conste). Es la experiencia de España. Cuesta mucho lograr una normalidad y unos principios básicos en los que todos estén de acuerdo.
    La Iglesia polaca hará bien en mirar primero y principalmente a sí misma.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: