Continuará…

Escrito para Aceprensa

 

Por primera vez tras la caída del comunismo un mismo partido gana las elecciones generales dos veces seguidas. Puede considerarse que Tusk ha vencido en un uno contra uno: por un lado él tenía pocos logros reales de su gobierno en los que apoyarse; por otro, Kaczyński es la mayor y única baza de Ley y Justicia… y su mayor lastre.

Como apuntan los expertos, en el partido de Kaczyński pueden seguir quejándose de que son derrotados debido al continuo bombardeo de los medios de comunicación -y quien conozca minimamente el panorama mediático polaco sabe que eso en concreto es cierto. Pero si un partido que aspira a regir el país pierde seis elecciones de forma consecutiva, y eso a pesar de la debilidad demostrable del gobierno, quizá debería reconocer que algo falla en lugar de repetir “ganaremos porque tenemos razón”, como dijo Jarosław Kaczyński tras conocerse los resultados de los primeros sondeos.

En una democracia normal, lo lógico sería que el jefe de los continuamente derrotados dejase el puesto a otro. El problema es que Ley y Justicia no es un partido clásico, sino que depende totalmente del líder. Un líder que, en este caso, montó su agrupación no en base a gente con iniciativa propia, sino apoyándose en leales pretorianos, ejecutores de sus designios. Eso tiene que ver mucho con la historia personal de Kaczyński: un tipo al que más de una vez han dado por muerto políticamente hablando y al que ya le destrozaron su primer partido con métodos poco democráticos en los años noventa.

La experiencia acumulada le ha hecho caer en un “síndrome del combatiente”, que difícilmente cuadra con los deseos de estabilidad de la mayoría de los polacos, incluyendo a la mitad de los habilitados para votar que decidieron quedarse en casa, cansados de su clase política.

Tusk tampoco lo va a tener sencillo. Ayer afirmó que los tiempos que se acercan no son buenos, pero quizá no vengan tan malos como para que se realice el “escenario húngaro” esperado por Kaczyński y los suyos.

Otro ganador es Janusz Palikot, con su partido anticlerical y antisistema. Hace unas semanas las encuestas (las perdedoras de todas las elecciones en este país), no lo veían ni en el parlamento. Logró alrededor de un 10%. Puede que no termine de ser relevante: para Tusk (responsable, recordemos, de la aparición de este fenómeno político) no es un aliado deseable, aunque tácticamente puede ser útil en ocasiones. Su gente es una incógnita, aunque bien el papel del partido bien puede reducirse al de “bufón de la corte” si, como parece probable, la coalición gobernante se mantiene igual.

Los mayores perdedores, eso sí está claro, son los post-comunistas, que quedan como quinto partido de país. El joven líder Grzegorz Napieralski creyó quizá que el buen resultado que obtuvo en las presidenciales del año pasado (casi un 14%). No ha sido así. El electorado progresista se lo robó Palikot y ahora pedirán su cabeza. Esto también supone un cambio de era.

P.D: confirmo, acaban de quitarse de enmedio a Napieralski

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