Crónica de una humillación anunciada

¿Alguién está de verdad sorprendido? El veredicto estaba meridianamente claro desde el comienzo de la investigación, o incluso desde antes, desde que ésta fue confiada al Comité Interestatal de Aviación. O antes aún: desde los primeros minutos de desinformación.

Pero el mal está hecho, la versión post-soviet ha encontrado eco y apoyo en la prensa internacional. ¿No es tranquilizante saber que la culpa la tienen los pilotos que no supieron oponerse a las órdenes que su borracho general les transmitía de parte de Kaczynski? Sólo faltaba decir que invadió la cabina con el sable alzado en una mano, con un crucifijo en la otra, al grito de “Dios, Honor y Patria”.

Sí prestáramos atención a quién nos lo dice, quizá haríamos uso de la memoria: Kursk, Dubrovka, Bieslan,… Es el mismo Estado, la misma caricatura de democracia. Pocos, como el Frankfurter Allgemeine Zeitung, se dan cuenta de la trampa en que hemos caído: habrá, y ya es tarde para remediarlo, dos narraciones, dos historias paralelas como en el caso de Katyn. Quizá hasta la Parusía, porque ¿dónde está escrito que en esta vida toda verdad deba hacerse paso?

El nombre del comité suena independiente, pero ¿puede realmente ir por libre una institución dirigida por una señora, Tatiana Anódina, general ella, cuyo compañero sentimental fue en su momento primer ministro de la Federación Rusa y, antes, primer vice de la KGB y periodista del “Pravda”? ¿Puede ser imparcial la investigación que lleva a cabo el órgano que emite permisos de explotación para casi toda herramienta utilizada por la aviación civil de la antigua URSS y para los mismos aviones y aeropuertos? Leyendo las conclusiones de la investigación del MAK -y no sólo repitiendo cual lorito la milonga que nos cuenta- lo más interesante es que se basan en lo que no existe, en “pruebas” a las que hay que dar fe, en deducciones psicológicas, no en datos palpables. Gracias al MAK sabemos perfectamente lo que “pensaban” los pilotos, la presión psicológica a la que eran sometidos, y al mismo tiempo ignoramos cuantas personas había en la barraquita de control de Smolensk, de qué hablaron los allí presentes en sus conversaciones telefónicas con Moscú y por qué fueron modificadas -después de cuatro meses- sus declaraciones ante la fiscalía.

El primer ministro polaco, Donald Tusk, sabía perfectamente lo que nos diría una organización que ya tiene en su haber una imponente ristra de fraudes tanto si hablamos de investigaciones de catástrofes como de finanzas. No esperaba quizá que el pago por mantener el perfil bajo fuera una bofetada tan fuerte, un knock-out.

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One Comment en “Crónica de una humillación anunciada”


  1. Bravo! Short and very precise characteristic of the mechanisms in the still totalitarian country. Paweł Z


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