El pedestal de Kapuściński

Pasó lo que suele pasar siempre en Polonia en estos casos: que antes incluso de que salga el libro o artículo de marras las “autoridades morales” del país pontifican sobre su contenido sin haberlo leído. Es más, los comentarios más comunes en los alrededores de Gazeta Wyborcza sobre Kapuściński non-fiction es: “una persona decente no puede leer esto” y “ni lo he leído ni lo voy a leer”.

Mejor tener algo de paciencia y leer. En cualquier caso en Wyborcza tienen un problema grave porque esta vez no es como lo de Wałęsa: el libro no lo ha escrito alguien a quien se le pueda pegar la etiqueta de “hiena”, “fascista”, “derechista sin escrúpulos” sino… un periodista “de la casa”, de izquierdas, alterglobalista además.

La interpretación de los hechos divide a un coro que hasta ahora había cantado al unísono bajo la batuta de Adam Michnik: hay diferentes opiniones sobre la colaboración activa del famoso reportero en revoluciones africanas  -a veces metralleta en mano -, y acerca de su relación con los jerarcas de la Polonia comunista.

Lo explica bien el periodista de Rzeczpospolita Rafał Ziemkiewicz. En el fondo, el del antiguo diario de “Solidaridad” es un problema de esquizofrenia: por un lado ven su mayor enemigo en los anticomunistas, y por eso defiende con fiereza a gente como Jaruzelski. Por otro, su prestigio se lo deben a su propio pasado disidente, y no se les pasaría por la cabeza enaltecer el antiguo régimen abiertamente. Realmente son auténticos números circenses intelectuales los que deben hacer para mantener el equilibrio.

Y de repente, aparece una brecha, un grupo de izquierdistas, entre los que se encuentra Artur Domosławski (el autor del libro), que ven las cosas de otro modo: el peligro no es una derecha que entienden intelectualmente difunta, ni siquiera el “integrismo católico”, sino el capitalismo global. Para ellos la colaboración de Kapuściński con las milicias de Angola o con los servicios secretos no son motivo de escándalo: no cabría avergonzarse por luchar contra el imperialismo yanqui, por ser un buen comunista convencido. Bueno, la verdad es que lo difícil era en Polonia, a esas alturas, ser un buen comunista convencido. No podía no saber que hacía de peón para el expansionismo soviético, aunque nadie niega que su amor por Africa haya sido desinteresado e inspirador. Nadie rebate que fue un genio del reportaje, pero sí queda un mal sabor de boca al enterarse de que en ocasiones inventaba o exageraba deliberadamente.

Los temas más espinosos son novedad, aunque sí era sabido desde hacía cierto tiempo que el maestro de reporteros colaboró con el régimen. Kapuściński había callado sobre sus episodios más oscuros, aunque, al menos, no tuvo la indecencia que otros tuvieron de presentarse como víctima del sistema. Los cínicos no sirven para este oficio.

Anuncios
Explore posts in the same categories: Gazeta Wyborcza, lustración, Polonia

Etiquetas: ,

You can comment below, or link to this permanent URL from your own site.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: