Camarada General

Han tenido que pasar 20 años para que se emita en Polonia un documental no panegírico sobre Jaruzelski. Fue ayer, y el general, molesto por tamaño atrevimiento, mandó una carta a los medios de comunicación, en la que se presentaba como víctima, pero no acudió al debate después de la película, como le ofreció la televisión polaca.  Ni un pelo se le ha caído de la cabeza en todo este tiempo, dejando aparte las causas naturales. No es cuestión de venganza: que no vaya a la cárcel si su salud se lo impide, pero que los crímenes sean condenados es de justicia.


El documental “El camarada general” muestra que el militar de las gafas negras no apareció de la nada en 1981, por arte de magia para declarar la ley marcial. Su historial es largo y está plagado de actos poco honorables, todo en servicio al Kremlin, en ningún caso como patriota.

Nuestro héroe, a pesar  de proceder de familia noble -circunstancia nada favorable en el Ejército Rojo primero y en el Ejército Popular “Polaco” después-  fue ascendiendo vertiginosamente en el escalafón, en lo que le ayudó no poco su esforzada labor en la eliminación de la aún poderosa Resistencia polaca desde 1945 y su pertenencia al aparato de Información Militar desde comienzos de los años cincuenta, donde entre otras cosas delataba a compañeros que intuía poco afines al nuevo régimen. (Las comillas en la palabra “polaco” significan que en los primeros años de su existencia absolútamente todos los altos cargos estaban copados por soviéticos o por polacos adiestrados en la URSS, como es el caso).

Relata luego su servilismo absoluto hacia Moscú: su destacado papel en la invasión de Checoslovaquia en el 68, su obediencia para ejecutar las purgas antisemitas en el ejército a finales de los años sesenta (durante las que no vaciló en desacerse de compañeros a los que mucho debía).

Son también poco conocidas sus maquinaciones para ir consiguiendo cada vez más poder político dentro del Partido, así como la influencia que los desorbitados gastos en presupuesto militar durante los años setenta tendrían en la economía del país. Todo dictado desde Moscú para prepararse para invadir Occidente.

Esto es lo más novedoso. Porque ya es bien conocido que pidió a la URSS apoyo para introducir la Ley Marcial.

Parte de la oposición al régimen, una vez caído éste, ha dedicado muchas de sus fuerzas a defender a los antiguos verdugos. En este vídeo, en palabras ciertamente censurables, Adam Michnik -durante muchos años redactor jefe de Gazeta Wyborcza- pide que “dejen en paz” al general.

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