Ucrania: algo más que Este y Oeste

(escrito para Aceprensa)

Tal y como se esperaba, la primera ronda electoral en Ucrania no ha sido definitiva. Ahora queda esperar para saber si vencerá el líder del Partido de las Regiones, Viktor Yanúkovych, o la primer ministro Yuliya Tymoshenko. En la primera ronda, los ucranianos han votado a su candidato favorito. El 7 de febrero optarán por el candidato que les infunda menos miedo: la clásica elección del mal menor. Una situación parecida tuvo lugar en 1999, cuando incluso en la región de Galitsya, cuna del nacionalismo ucraniano, votaron por el odiado Leonid Kuchma por temor a la llegada al poder del candidato comunista Petro Symonenko. Y cinco años antes ganó, precisamente con el apoyo de los comunistas, a Leonid Kravchuk, a quien presentó como una peligrosa amenaza nacionalista.

Kiev - catedral de santa Sofía al fondo


Gane quien gane, es de esperar que el vencedor jugará con las reglas y no según las reglas del Estado de Derecho. No de una forma tan autoritaria como en otros países pos-soviéticos, pero sí acomodando las leyes lo suficiente para mantener el status-quo de dominio oligárquico corrupto actual.

La reducción del país a una zona pro-occidental en el Oeste y a una oriental rusófila es errónea. “Si fuera así, Ucrania no existiría”. En realidad, hoy día existen tres cuestiones fundamentales que dividen al país: la lengua, la historia y la OTAN, con distinta intensidad además dependiendo de la región en la que nos encontremos. El profesor Yaroslav Hrytsak, reconocido historiador ucraniano, explica por qué el mito de las dos Ucranias es incorrecto: “Hay encuestas que muestran que un 60% de la población querría una mayor integración con las antiguas repúblicas soviéticas, mientras que otro 60% querría incorporarse a la UE. ¡Y habría un 30% que desearía lo uno y lo otro!” Es más, las divisiones no son tanto Este-Oeste como generacionales: “Hay menor diferencia de preferencias entre los jóvenes de uno y otro extremo del país que entre jóvenes y mayores de una misma región”.

La falta de decisión entre Este y Oeste no es esquizofrenia: “en Ucrania el trauma histórico dicta las elecciones. La gente huye de los conflictos”, afirma Hrytsak. Es normal en un país en el que desde el comienzo de la primera Guerra Mundial hasta el final de la segunda de forma no natural murió la mitad de los hombres y la cuarta parte de las mujeres. La experiencia les dice que cualquier en caso de confrontación Ucrania sale perdiendo siempre. Además de los “naranjas” y de los “blanquiazules” de Yanúkovych existe un gran centro de color gris con alergia a la polémica. Esa gran masa gris se puso del lado de la revolución naranja principalmente porque Yanúkovych era una persona con dos juicios penales a sus espaldas. Esa tercera Ucrania es importante a la hora de buscar el consenso y la estabilidad, hace posible lo que podría llamarse “democracy by default”. Por eso no sorprende tampoco la debacle del aún presidente Viktor Yúshchenko, un político que al llegar al poder contaba con más del cincuenta por ciento de apoyo popular. Según Ihor Balinsky,redactor jefe de Zaxid.net, el portal analítico-informativo más importante del oeste de Ucrania, el desgaste ha sido fruto de la política confrontación: “desde el primer encuentro oficial con las élites de Donetsk -al Este del país- mostró su poca voluntad de diálogo. No es un hombre moderno. Es un típico representante de la “inteligentsya” ucraniana del siglo XIX”. Hrytsak añade:”desde la desaparición de la URSS, la historia de Ucrania ha sido una cadena de crisis, y de todas se había salido gracias al consenso. No seguir esa línea ha sido el mayor error de Yushchenko”.

Estos días se ha oído hablar mucho del derrumbe de la revolución naranja. No responde del todo a la realidad. Es cierto que la gente está profundamente desilusionada con los políticos, aunque esto se puede decir de los dos bandos; otra cosa bien distinta es que la democracia funcione o no. Hay al menos una asignatura que el joven y efectivamente corrupto Estado ha aprobado con matrícula: la libertad de expresión y de elección. Por política “en Rusia se puede arrestar a un oligarca. En Ucrania no. Por ejemplo, Rinat Akhmetov -el más rico entre los ucranianos- estuvo durante la revolución naranja de parte de Yanúkovych y no pasó nada. Si un magnate se hubiera opuesto a Putin en unas elecciones habría acabado mal”. Y es que “Ucrania puede ser más  menos prorrusa, pero desde luego no será pro-putiniana”. Por eso, aunque extrañe que Yuliya Tymoshenko sea tan bien recibida ahora en el Moscú, cuando hasta hace poco podía ser arrestada nada más bajarse del avión, no debería concluirse que esté girando hacia el un estilo autoritario. Como mucho, estaría llegando demasiado lejos en su pragmatismo. “Hoy aquí hay esperanza, mientras que en Rusia… Cuando me veo con mis viejos amigos rusos, con los que cantábamos canciones de Vysotskiy y otros cantoautores rusos, son incapaces de soñar qué pasaría si en Rusia hubiera una democracia parecida”, comenta Myroslav Popovych, miembro de la Academia Ucraniana de las Ciencias y una autoridad en el país.

L´viv - vista de la Opera


Durante los últimos cinco años, Yanúkovych y Yúshchenko han permanecido atrincherados comodamente en sus posturas sin buscar el diálogo, seguros de la fidelidad de sus votantes, lo que ha la postre ha resultado fatídico para el acual presidente. La primer ministro, por su parte, ha preferido no mostrar sus convicciones tan abiertamente y durante largo tiempo no ha metido el palo en el hormiguero: “Yuliya Tymoshenko calla bellamente sobre los temas que dividen al país”, sentenciaba en una frase ya célebre el escritor Andriy Kurkov.

A diferencia de Yúshchenko, ahora no parece ninguno de los dos candidatos se decida a dar pasos polémicos en materia ideológica. Cabe recordar que e1994 Kuchma era considerado como candidato de la opcion prorrusa y gozaba del apoyo en Moscú. Con todo, maniobró virtuosamente  entre Rusia y Occidente. Durante su campaña electoral prometía que daría al ruso status de segunda lengua estatal y que intergraría a Ucrania con Rusia y finalmente no hizo nada de eso. Sólo necesitaba el apoyo ruso. Yanúkovych y Tymoshenko actualmente hacen lo mismo y prometen lo que quiere oir el electorado del este y sur de Ucrania.

No es Ucrania un país fácil de gobernar por la herencia del último siglo. La historia levanta ampollas. Para las regiones del Oeste los héroes son los partisanos del Ejército Insurgente Ucraniano (UPA) que formaron la resistencia a la Unión Soviética y lucharon también contra el ejército polaco y contra los alemanes. „¡Yushchenko glorifica a fascistas!”, afirma tajantemente Andrey Sobolev, de La Gaceta de Sebastopol. En la zona oriental y sur del país, el Ejército Rojo es honrado como defensor de la patria, y la península de Crimea nunca experimentó ningún tipo de resistencia ni al régimen comunista, ni al zarato desde que fuera conquistada por Rusia allá por el siglo XVIII. Balinsky reconoce que a Yúshchenko “en Crimea lo maldecirán. Aunque no es él quien mueve la propaganda, él sencillamente no ejerce de freno”. Ucrania, y especialmente el Oeste, busca un mito fundacional. “Es un proceso normal cuando te han vendido a Lenin cómo si fuera tu héroe y te impiden a la vez honrar a los tuyos”. En cualquier caso, cuando se deja de hablar de héroes y se pasa a hablar de unos y otros como víctimas, entonces es posible el entendimiento. Es lo que buscó ya en 2004 Yanúkovych al declarar: “no permitiré que nadie ofenda a los veteranos del Ejército Rojo en Lviv ni a los de la UPA en Donetsk”, aunque en el Oeste del país no sonara entonces muy creíble.

L´viv - pub Kryivka, que simula un escondrijo de partisanos del UPA durante la II GM

La política histórica de Yushchenko, que ha tratado de refundar Ucrania basándose en el UPA en el Oeste y en los cosacos en las demás regiones, también ha ocasionado desencuentros con Polonia, a pesar de las buenas relaciones personales que mantenían los presidentes de ambos países. Su último paso, ya a sabiendas de que dejará el cargo en breve, ha sido dar el título de „Héroe de Ucrania” a Stepan Bandera: un mito de la lucha por la independencia en el Oeste del país, un colaborador fascista para el Este y, para los polacos, principal ideólogo de lo que consideran como un genocidio en la región de Wolyn.

Rusia y Ucrania son similares en muchos aspectos, a orillas del Dniepr hay también muchos nostálgicos de la URSS, pero se diferenciarán siempre en la forma de valorar a Stalin y el stalinismo: en Ucrania se condena sin ambigüedades, principalmente por el Holodomor, la Gran Hambruna que el dictador provocó en los años 30. Ucrania lucha para que sea reconocida como genocidio, cosa que ven mal desde el Kremlin -según explica Popovych, sin motivo: „El Holodomor queda en nuestras mentes como un crimen de la URSS. No fueron los rusos, ni los judíos, ni los polacos,…, fueron los nuestros. Rusia se lo toma así porque considera a Stalin como a un „manager” más y en los manuales de historia rusos puede leerse que la Hambruna fue „una elección difícil”, que „no hubo otra solución”, igual que pasa con las purgas del 37 y del 41”.

La cuestión lingüística también es compleja. “Por un lado, cerca del 40% de la población querría que el ruso tuviera estatus de lengua cooficial, pero un 90% de los mismos encuestados, preguntados por la segunda lengua que querrían para sus hijos, se decantaría por el inglés”, afirma el profesor Hrytsak. Existe división, pero seguimos sin hablar de rusofobia. Popovych señala que no fue casualidad que la revolución naranja tuviera su epicentro en Kiev, porque allí la veían como una cuestión de defensa de la democracia, a pesar de que la mitad de la población de la capital ucraniana habla en sus casas en ruso.

Cosaco en la plaza de la Independencia de Kiev

La OTAN ha sido menos tema durante esta campaña. Yanúkovych descarta cualquier opción de pertenencia al bloque atlántico, y Tymoshenko prefiere un referendum, sin que Rusia se inquiete lo más mínimo, a sabiendas de que el resultado sería hoy por hoy negativo. Hasta la segunda guerra de Irak, aún en tiempos de Leonid Kuchma, había aceptación generalizada para la idea de ingresar en la Alianza. Desde la invasión ha habido un cambio radical en la percepción de ésta por parte de los ucranianos. Una paradoja de los últimos años es la actitud de Yúshchenko: por un lado, ha manifestado en innumerables ocasiones su deseo de acceder a la OTAN, pero apenas ha informado a la población de lo que eso supone. Por supuesto la opinión más crítica al respecto proviene de la República Autónoma de Crimea, y más en concreto de Sebastopol, dónde estaciona la Flota del Mar Negro: “Lo peor es tener al amigo lejos y al enemigo cerca”, afirma Sobolev, que duda de la amistad de los EE.UU hacia Ucrania y entiende que estar reñidos con Rusia teniéndola a tan poca distancia puede no ser buena idea. Tymoshenko ha dado a entender claramente que ella no prolongará a la Federación Rusa el contrato de arriendo de la base naval, que expira en 2017.

Sebastopol - Flota del Mar Negro

Puede decirse que los gobiernos „narajas” han fracasado en su lucha contra la corrupción, e incluso que esta lucha no era sincera. En este punto, lo único que puede ayudar es el tiempo, un cambio generacional. La falta de una sociedad ciudadana, altamente sovietizada, supone un escollo importante en este aspecto pues la permisividad social es elevada. „No se puede liquidar por decreto, hace falta voluntad política y unos órganos judiciales limpios”, aclara Ihor Balinsky. „,Los servicios de seguridad se dedican a hacer negocios. Sería buena cosa que pudieran tener miedo”, continua. „No hay ningún control de las finanzas de los funcionarios. Es un círculo vicioso que sólo puede romperse desde fuera. Un funcionario de aduanas gana al mes 300 $, pero en una noce puede ganar en negro 10.000. Tiene que entender que puede ser juzgado, Si, por ejemplo, fueran premiados por cada partida de contrabando que atrapen… Pero para los que nos gobiernan el status quo es más cómodo. La gente que va a trabajar a las estructuras del Estado no va buscando un ascenso, sino a hacerse ricos con la corrupción”, sentencia.

Hrytsak es optimista: „Ucrania es como un caracol. Va poco a poco, pero seguro. Es un país joven que busca el consenso, tiene sólo 18 años”. Y espera que en los siguientes 20 años los jóvenes de hoy lleguen al poder: „son ambiciosos y proeuropeos, por eso ahora quieren emigrar. Esperemos que no se dejen corromper. Tenemos una gran oportunidad. Es un campo vacío, aún sin resultado, pero es una oportunidad”.

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