De palabras y hechos

¿Quién en Europa no ha oído hablar de lo anacrónico e incluso peligroso que puede ser el nacionalismo polaco encarnado en los terribles gemelos? Aunque con mucho menos ruido, cosas más inquietantes ocurren ahora, anno Domini 2010, en otros lugares de Europa, concretamente en Alemania. Luego la gente se extrañará si vuelve a ganar Kaczyński las elecciones presidenciales este año…

Para crear la polémica de la que trata este artículo, a Baviera y Hesse se les unió un tercer “land”: hasta la fecha, en los documentos expedidos a los habitantes de Mecklemburgo-Pomerania nacidos después de la guerra en Szczecin, Wrocław o Gdańsk podía leerse “Polonia” como lugar de nacimiento. Ahora, después de que este país federado haya aprobado una interesantísima resolución, ya no: resulta que por arte de magia estas personas habrían venido al mundo en Alemania, sólo que en territorios que se encontraban bajo administración polaca. Es más, los propios habitantes polacos de esas tierras habrían nacido en Alemania.

Fuente: Rzeczpospolita

Que alemanes de hoy no reconozcan el tratado fronterizo entre la RDA y la Polonia comunista de 1950 es lógico. Que no les guste la conferencia de Postdam, puede comprenderse. Pero ¿cómo se come eso de que olviden el tratado de 1970 firmado por Willy Brandt y el eterno premier polaco Cyrankiewicz? Según esta curiosa lectura de la historia, el III Reich existiría desde 1937 hasta septiembre 1990, fecha en que se firmó en Moscú el Tratado “dos más cuatro”. Dieter Pohl, del Instituto de Historia Contemporanea de Munich, en declaraciones hechas al diario varsoviano Rzeczpospolita afirma: “Este razonamiento no tiene sentido. El III Reich dejó de existir el 8 de mayo de 1945”.

Por supuesto, no todos piensan así, sólo una minoría. Pero es una minoría con votos. Y ésta es la versión que está forzando desde hace tiempo la Federación de Expulsados (BdV) que preside Erika Steinbach. Se han escuchado incluso perlas como la del portavoz del distrito Uecker-Randow, en Mecklemburgo, que hasta unos días afirmaba que en la rúbrica de lugar de nacimiento de los alemanes nacidos en los territorios mencionados debería figurar nada menos que… ¡el III Reich! Por suerte, ya ha comprendido el disparate que suponía una afirmación así.

La frontera actual entre Polonia y Alemania es fruto de la decisión arbitraria de las potencias que vencieron a Alemania en la II Guerra Mundial: más concretamente de la voluntad de Stalin y del culto que Roosevelt rendía al genocida soviético. Los millones de alemanes desplazados sufrieron mucho, no lo duda nadie. Pero, sin justificar las tropelías que tuvieran lugar contra civiles durante los traslados, no podemos olvidar dos cosas: la primera, que éstas fueron fruto directo de los crímenes nazis; luego, que a los millones de polacos que ocuparon su lugar nadie les preguntó amablemente si deseaban cambiar de residencia y fueron desplazados como los alemanes, o más aún, porque en teoría -sólo en teoría – habían ganado la guerra al invasor. En resumidas cuentas, que si la BdV cree tener cuestiones pendientes debería arreglarlas con Rusia, heredera legal de la URSS. Pero claro, el gobierno federal no les dejaría dar un paso así de arriesgado. Con Polonia o la República Checa es otra historia.

Aunque mandatarios de los países federados intentan convencer de que los polacos no tienen motivos para inquietarse con las algaradas de Steinbach ni la resolución, y que ésta no implicará reclamaciones de ningún tipo, la cuestión no es baladí. El nacionalismo a orillas del Vístula son palabras; lo de Mecklemburgo, Hesse y Baviera: hechos. Luego dirán que los polacos histerizan y sacan las cosas de quicio.

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Kaczyński sigue teniendo mala prensa, a pesar de lo rematadamente mal que funciona el gabinete de Tusk. Sólo ganará las elecciones presidenciales en otoño si hay tensión con el exterior. El ministro de exterior alemán, Westerwelle, puede hacer gestos conciliadores maravillosos, pero si le hacen estropicios así desde dentro, servirá de poco. Del lado Este, todavía no se ha firmado con Rusia un contrato para el gas para 2010: Gazprom quiere uno hasta nada menos que 2037, una barbaridad. Este año promete ser interesante.

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Sobre Cyrankiewicz:

– Señor Primer Ministro, en la prensa occidental escriben que en Polonia el premier no se cambia…
– ¿Cómo? ¿Yo no cambio?
(Józef Cyrankiewicz: primer ministro polaco durante la era comunista de 1947 a 1952 y de 1954 a 1970)

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One Comment en “De palabras y hechos”


  1. Muy interesante este tema, Higinio; acabo de leer “Danubio” de Magris, y aunque cae más al sur, he descubierto un mundo que ignoro casi por completo, algo que pasa igual con más al norte, pese a haber leído “Polonia” de Michener hace demasiados años.
    Un abrazo,


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