Las cosas solas no se arreglan

A modo de introducción, un chiste de antes de la caída del comunismo:

En la clase de Juanito entra la directora del colegio con un visitador del Partido que quiere comprobar el grado de adecuada concienciación política de los niños.

– ¿Cual es el mejor amigo de Polonia? -pregunta a Juanito (la directora traga saliva porque Juanito a veces tiene unas salidas poco correctas y se teme lo peor).

– ¿La República Democrática Alemana?

El rostro de la directora se va haciendo amarillo.

– Bueno, la RDA es amiga, claro, pero el mejor amigo es otro país más grande. ¿Cual es?

– ¿Checoslovaquia?

La directora se va volviendo violeta y el visitador se va poniendo nervioso.

– Más grande todavía…

– ¿China?

La dire está al borde del desmayo.

– Juanito, ¡es la URSS!

– ¡Ah! Pero la URSS no es nuestro amigo ¡es nuestro hermano!

La directora aliviada vuelve en sí y el visitador da también muestras de contento.

– Juanito ¿cómo caíste en eso? – pregunta.

– Los amigos se eligen, los hermanos no…

A pesar de la incontestable mejora de las relaciones entre polacos y ucranianos en el último decenio, siguen quedando algunos escollos en el camino hacia la plena comprensión de unos por otros. No puede ser de otra manera cuando ha habido tanto sufrimiento de por medio, ignorado luego durante decenios.

El largo conflicto polaco-ucraniano, que acabó en tragedia en los años 40 del siglo pasado, tiene motivos étnicos, sociales, políticos y religiosos, y que fue además potenciado por otras potencias para su propio beneficio durante la II Guerra Mundial (especialmente por la Alemania nazi), se convirtió en un tabú durante la era comunista: todos pasaron a ser hermanos que convivían en perfecta paz y harmonía bajo la protección del hermano mayor soviético.

Y sin hablar de las cuestiones escamosas, es difícil que éstas se resuelvan solas. De lo que ahora se trata, ya en libertad, es en muchos casos de saber reconocer los propios errores y de saber tender la mano y, siempre, de buscar la verdad aunque ésta duela.

Ahora se trata del arzobispo grecocatólico de Leópolis (L’viv para los ucranianos y Lwów para los polacos) , Andrzej Szeptycki, cuya memoria reivindican los ucranianos mientras algunos ambientes en Polonia la estigmatizan, no sin motivos. Seguramente no se le pueda negar a Szeptycki buena voluntad y ambición en sus planes proselitistas, pero cometió también errores de fatales consecuencias.

Seguiré escribiendo sobre el tema…

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3 comentarios en “Las cosas solas no se arreglan”

  1. Txangurro Says:

    Me pregunto si allí, igual que en el Reino de España, hay gente que desprecia la búsqueda de la verdad, y que descalifica a quienes la buscan acusándolos de querer remover muertos y abundar en el dolor.


  2. YA! sí, cuéntanos de Szeptycki!

    Lemberg, en alemán, Galizia, Austria-Hungría 😉

    muchos saludos y gracias!

    PS: es la ciudad que tiene la construcción de los estadios (para la Copa de Europa) y el aeropuerto menos avanzada… lamentable.

  3. Higinio J. Paterna Sánchez Says:

    Txangurro, hay de todo, pero aún así veo más sentido común en los polacos que en otras naciones.

    Marta, no me parece tan lamentable lo de Lviv. Kiev es la capital y tiene preferencia y más dinero, Kharkhiv y Donetsk tienen oligarcas. Lviv, eso sí, tiene mejor base hotelera porque es la ciudad más interesante turísticamente, con diferencia.

    Los cambios en Ucrania no pueden ir rápido por naturaleza. Las razones no caben en un comentario.


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