Archivo para diciembre 2009

Alrededor del “Arbeit macht frei”

diciembre 26, 2009

De Timothy Garton Ash

Entre Hanukkah y Navidad, alguien roba el cartel que está sobre la entrada del campo de exterminio de Auschwitz. La policía polaca lo recupera y atrapa a los ladrones, que, al parecer, lo habían hecho por encargo de una persona en el extranjero. Nos cuesta imaginar qué tipo de ser humano puede querer una cosa así para su colección privada. Pese a todos los asesinatos de masas, toda la esclavitud y toda la tortura que ha habido desde entonces, Auschwitz sigue siendo, para un europeo de mi generación, el símbolo por excelencia de la maldad humana en nuestros tiempos.

Este grotesco episodio remata un año en el que las relaciones entre los cristianos y los judíos en general, y los cristianos polacos y los judíos polacos en particular, han vuelto a ser materia de debate. Los fantasmas de un pasado torturado en Europa del Este aullaron incluso por los pasillos de Westminster, cuando los conservadores anunciaron su alianza en el Parlamento Europeo con un grupo de partidos de extrema derecha, sobre todo de Europa central y del este, y colocaron a sus parlamentarios bajo la dirección de Michal Kaminski, perteneciente al partido Ley y Justicia de Polonia. (más…)

Popiełuszko no es historia

diciembre 20, 2009

Casi con toda seguridad, el año que viene la Iglesia agreguará a dos importantes polacos -Juan Pablo II y Jerzy Popiełuszko – al número de sus beatos. El primero ya lleva el apelativo de el Grande. El martirio del segundo conmocionó en su momento a toda Europa.

Empiezo con JPII y Popiełuszko y de repente aparece en este artículo Roman Giertych, ex-líder de la Liga de las Familias Polacas. ¿Qué tendrá que ver la velocidad con el tocino? Pues bien, ya escribí en su momento sobre las escuchas que una de las agendas de seguridad estatales estaba haciendo a periodistas y abogados. Entre otros, le tocó a Giertych. No por casualidad, porque en realidad el objetivo no era él mismo, sino quien estaba al otro lado del cable, que era Wojciech Sumliński, un conocido periodista en apuros por investigar demasiado un asesinato de hace 25 años… el de Popiełusko.

Sumliński no es un plumilla cualquiera, fue pionero en el periodismo de investigación en Polonia, llegó lejos en sus pesquisas en el mundo de las mafias de este país. Desde que fijó su atención en las incoherencias del “caso Popiełuszko” las cloacas del Estado no le han dado tregua, llevándole en su persecución a una presión tal que trató de suicidarse dentro la que fuera parroquia del “cura de Solidaridad”. Gracias a Dios, recibió ayuda a tiempo y le salvaron.

¿Qué puede importar la muerte de un curita en tiempos del comunismo? Pues que no fue un crimen normal, uno de tantos: sigue siendo el asesinato más importante ocurrido en Polonia en los últimos treinta años, y el más misterioso. Cambió el curso de los acontecimientos.

Sumliński en dos libros escritos en base al material de sus investigaciones que consiguió salvar -su vivienda fue “misteriosamente” asaltada y sus papeles robados- demuestra que lo único que hay de cierto en lo que sabíamos hasta el momento era el día en que d. Jerzy desapareció. Deja claro que los cuatro condenados no pudieron hacer sólos el “trabajo” y las pistas llevan directamente a los dos mandarines del momento: los generales Jaruzelski y Kiszczak aparecen como inspiradores del crimen en primera persona. Y ya casi en 2010, después de tantos años, sigue habiendo muchos que hacen lo posible para que la verdad no vea la luz. ¿Quién dice que la historia no importa?

Indignados… todos

diciembre 18, 2009

La indignación es absoluta, universal. Lo que significa ese letrero para los judíos está claro para todos. Pero dejo aquí una pequeña nota para hacer ver que no están solos en su ultraje.  Sacada del diario Rzeczpospolita

“El robo de la placa de la puerta de entrada al lugar del martirio del padre Maximiliano Kolbe en la Polonia católica debe provocar una especial indignación, tanta como la profanación del claustro de Jasna Góra (Częstochowa)”- declaró Władysław Bartoszewski, antiguo prisionero de Auschwitz y director del Consejo Internacional del Museo de Auschwitz-Birkenau.

¿Antisemitismo? Dudoso: allí perecieron también cientos de miles de polacos -de hecho, inicialmente Auschwitz estaba planeado para ellos – aunque todo podría ser. Se baraja también que sea un coleccionista demente. Así, a primera vista, podría ser también una apuesta del tipo “¿a que no tienes valor de robar eso?” de dos borrachines.

La ley del abejorro

diciembre 15, 2009

Se lamentaba Marta en un comentario al post anterior de que Lviv es la ciudad más retrasada en la preparación de la Eurocopa 2012 de Polonia y Ucrania y aprovecho para seguir el hilo.

Es cierto, con excepción de la base hotelera, y no podía ser de otra manera: es la ciudad menos industrializada y no tiene oligarcas como Pinchuk, Akhmetov o similares. Pero no es menos verdad que es la ciudad más atractiva turísticamente de las que acogen el torneo, y lo seguiría siendo incluso si Cracovia fuera también sede. Y me alegro enormemente de que no la hayan tachado de la lista, independientemente de los motivos que haya tenido Platini para no modificar los planes.

Pero no de fútbol quería escribir, sino sobre la lentitud de los cambios sociales y económicos en Ucrania, muy lentos si se los compara a los de otros países del antiguo bloque. Las analogías y las comparaciones suelen ser odiosas, pero a veces salen ilustrativas y además éstas dos las tengo de un ucraniano, Igor Balinskiy, redactor jefe del portal zaxid.net, el más leído del Oeste de Ucrania (захід -zakhid-, en ucraniano, significa eso: Oeste). Pues bien, mientras que cuando se derribaba el comunismo en Polonia habia miles y miles de disidentes “fichados” por los servicios de seguridad y se hablaba (aunque con exageración) de diez millones de miembros de “Solidaridad”, en Ucrania había, oficialmente, unos ochocientos osados. Sea como fuere, ¿qué es eso para un país tan grande? Otro dato curioso, más actual: mientras que en Polonia había antes de la crisis tres billonarios, en Ucrania, con una economía más frágil, había ciento cuarenta.

En fin, que teniendo en cuenta el grado de sovietización de la sociedad y el poder que han alcanzado los mandamases del viejo régimen, es lógico que no se note una aceleración “excesiva”. El valor de algunas cosas consiste sencillamente en que existen. Ucrania es una de ellas. Me contaba tomando un café Yaroslav Hrytsak, brillante historiador ucraniano, cómo un diplomático británico, al poco de que Ucrania alcanzara la independencia, decía que este país era como un abejorro, que si uno lo mira detenidamente, lo primero que piensa es: “¡este bicho es imposible que vuele!” Pero vuela. Con un vuelo poco gracioso, cierto, pero vuela. Y la Eurocopa, aunque desde el punto de vista organizativo pueda resultar según los estándares europeos un fracaso, y para los hinchas que viajen un shock cultural, merecerá la pena.

Hrytsak se refería también con este ejemplo del abejorro a los abismos que separan históricamente a diferentes regiones de Ucrania, en teoría casi insalvables. Pero sobre eso, otro día. También sobre los que son menos optimistas, que no faltan. Eso sí, el café con el profesor tuvo su gracia: un español y un ucraniano que en la histórica cafetería “Vienesa” de Lviv conversaban en polaco.

Entre camaradas

diciembre 9, 2009

9 de diciembre de 1981

“Las huelgas de obreros son por ahora nuestra mejor opción: los trabajadores permanecen quietos, será peor si salen del lugar de trabajo y empiezan a demoler los comités del Partido y a organizar manifestaciones en la calle. Si esto sucede y se extiende por todo el país, serán ustedes (la URSS) los que tendrán que ayudarnos. Solos no podemos”. Del camarada Jaruzelski -general, jefe del Estado Mayor polaco- al camarada Kulikow -mariscal en jefe del ejército del Pacto de Varsovia.

La URSS se negó a ayudar, dando a entender que Jaruzelski debería arreglárselas con sus propias fuerzas. Días después, la noche del 12 al 13 de diciembre, Jaruzelski introdujo la ley marcial. Entonces la consigna era la “defensa de la patria”.

Años más tarde, sigue afirmando que trataba de defender a Polonia de una intervención soviética como la de Hungría, y sigue habiendo quien le apoya y le llama “hombre de honor”.

Gracias al Instituto de Memoria Nacional, estos materiales siguen saliendo a la luz. Esta vez sí se han hecho eco en el extranjero. Ya era hora.

Las cosas solas no se arreglan

diciembre 7, 2009

A modo de introducción, un chiste de antes de la caída del comunismo:

En la clase de Juanito entra la directora del colegio con un visitador del Partido que quiere comprobar el grado de adecuada concienciación política de los niños.

– ¿Cual es el mejor amigo de Polonia? -pregunta a Juanito (la directora traga saliva porque Juanito a veces tiene unas salidas poco correctas y se teme lo peor).

– ¿La República Democrática Alemana?

El rostro de la directora se va haciendo amarillo.

– Bueno, la RDA es amiga, claro, pero el mejor amigo es otro país más grande. ¿Cual es?

– ¿Checoslovaquia?

La directora se va volviendo violeta y el visitador se va poniendo nervioso.

– Más grande todavía…

– ¿China?

La dire está al borde del desmayo.

– Juanito, ¡es la URSS!

– ¡Ah! Pero la URSS no es nuestro amigo ¡es nuestro hermano!

La directora aliviada vuelve en sí y el visitador da también muestras de contento.

– Juanito ¿cómo caíste en eso? – pregunta.

– Los amigos se eligen, los hermanos no…

A pesar de la incontestable mejora de las relaciones entre polacos y ucranianos en el último decenio, siguen quedando algunos escollos en el camino hacia la plena comprensión de unos por otros. No puede ser de otra manera cuando ha habido tanto sufrimiento de por medio, ignorado luego durante decenios.

El largo conflicto polaco-ucraniano, que acabó en tragedia en los años 40 del siglo pasado, tiene motivos étnicos, sociales, políticos y religiosos, y que fue además potenciado por otras potencias para su propio beneficio durante la II Guerra Mundial (especialmente por la Alemania nazi), se convirtió en un tabú durante la era comunista: todos pasaron a ser hermanos que convivían en perfecta paz y harmonía bajo la protección del hermano mayor soviético.

Y sin hablar de las cuestiones escamosas, es difícil que éstas se resuelvan solas. De lo que ahora se trata, ya en libertad, es en muchos casos de saber reconocer los propios errores y de saber tender la mano y, siempre, de buscar la verdad aunque ésta duela.

Ahora se trata del arzobispo grecocatólico de Leópolis (L’viv para los ucranianos y Lwów para los polacos) , Andrzej Szeptycki, cuya memoria reivindican los ucranianos mientras algunos ambientes en Polonia la estigmatizan, no sin motivos. Seguramente no se le pueda negar a Szeptycki buena voluntad y ambición en sus planes proselitistas, pero cometió también errores de fatales consecuencias.

Seguiré escribiendo sobre el tema…