La comunidad del absurdo

Tenía esto en borrador desde hacía tiempo, pero no me había decidido a publicarlo hasta que leí este artículo del siempre buen observador Ramiro Villapadierna, corresponsal de ABC en Berlín.

Hace algún tiempo un amigo universitario me comentó que en su alma mater, la SGH (la escuela de economía más prestigiosa de Polonia) existía una asignatura -optativa, eso sí- sobre el humor en la Polonia comunista.

Desde que llegué a este país me ha fascinado la capacidad que tuvieron para conservar el sentido del humor durante ese periodo tan traumático del comunismo. También es verdad que desistí hace tiempo de contar chistes polacos a mis conocidos cuando voy por España porque la reacción más favorable es invariablemente la consternación.

Podemos entender el humor como un antídoto para la vida gris bajo el comunismo, aunque yo me atrevería a ir algo más lejos. Efectivamente, el humor polaco tiene una fuerte tendencia al absurdo, pero no creo exagerar si afirmo que constituyó un elemento de resistencia al aparato comunista, invasor hasta extremos insospechados e insoportables de la vida social, privada, intelectual, y si hubiera podido, también de la vida eterna de los polacos y de los ciudadanos de los demás países del bloque rojo.

Cada país tiene su historia y su idiosincrasia. En España la ridiculización de la dictadura en cine o televisión es un invento de después de Franco, y si se hizo en vida de éste debió de ser muy mal, porque no se conservó nada que haya durado en la memoria de la sociedad (aquí no dogmatizo, nací después de la muerte del dictador, pero no recuerdo haber oído ningún chiste inteligente sobre el tema y no es por falta de memoria, así que no creo ser una excepción). Sólo puede haber cuatro causas: o somos menos inteligentes que los polacos, o menos valientes, o el aparato de censura en Polonia funcionaba con menos intensidad, o bien no había tanto absurdo al que enfrentarse a diario.

Sobre la inteligencia y la valentía, sería necesario un estudio comparativo para el que no dispongo de herramientas, pero me parece que no hay que exagerar: mucho más tontos no somos, si lo somos. Lo que sí es verdad, haciendo algo de autocrítica nacional, que el hispano medio tiene más bien tendencia al chiste de cintura para abajo, es menos imaginativo.

Más de un progre, y hablamos ya del tercer posible motivo, sigue afirmando que la libertad de expresión detrás del telón de acero era mayor que en la España de la dictadura, pero eso lo tiene que demostrar con papeles de los servicios de seguridad, y me da la ligera impresión de que la única “memoria histórica” que se busca en España hoy día abarca de 1936 a 1939 y los primeros años de la posguerra. Más adelante sólo escucho silencio, lo contrario que pasa en el Este de Europa.

Llegamos al cuarto punto, a ese que puede ayudarte a conseguir rapidamente un buen feeling con casi cualquiera a primera vista desde Praga a Vladivostok, pasando por Vilnius, Bucarest, Minsk y Erevan. Han sido decenios de vida separados, sí, pero a la vez juntos e inmersos en el absurdo de la economía planificada, de la censura, de una burocracia extendida hasta más allá de lo imaginable, de trabajo sin trabajo, de “soluciones habitacionales” de 20 metros cuadrados por familia idénticas por feas, poco prácticas y eliminadoras de cualquier intimidad. Veinte años después del desmoronamiento del muro de Berlín siguen siendo objeto de culto películas y seriales surgidos durante la era comunista que, esquivando a la censura, mostraban los desatinos con los que la gente de a pie se encontraba día a día: no es raro que jóvenes nacidos ya en democracia se sepan de memoria fragmentos enteros de Rejs, Miś o Alternatywy 4, por poner algunos ejemplos (que no dirán al lector hispano, pero ¿qué le vamos a hacer?). Existen pues lazos que provocan que los antiguos súbditos del régimen rojo se ríen de lo mismo, lo que me ha dado por llamar “la comunidad del absurdo”.

Quizá me equivoque pero, ¿alguien sabe de otro tipo de gobierno autoritario en el que los artistas protesten por… falta de papel para escribir? Y es que el socialismo siempre lucha heroicamente por resolver problemas inexistentes en otros regímenes.

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One Comment en “La comunidad del absurdo”


  1. […] el arma humorística, y eso en condiciones de alto riesgo, escribe aquí el maestro Villapadierna y aquí yo mismo pongo unas líneas. Ser objeto de los chistes del vulgo, perder el decorum, puede a veces […]


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