Archivo para mayo 2008

Wałęsa y el proverbio chino

mayo 22, 2008

Oí hace ya algunos años de un amigo un proverbio oriental (bueno, eso me dijo, pero si se lo inventó tampoco pasa nada): “mejor una vez verde que mil amarillo”. Lo cual puede entenderse como que es mejor desde el principio decir las cosas claras aunque haya que pasar un mal trago, a andarse luego durante una larga temporada con medias verdades, que cansa más y, a la larga, causa infinitamente peor efecto.

Para su desgracia, Lech Wałęsa nunca escuchó el proverbio de marras y por eso desde hace varios lustros le pasa lo que le pasa: no conozco a ningún héroe tan empeñado en derribar su propia leyenda. Desde hace ya bastantes años es secreto de polichinela que el mítico dirigente de Solidaridad fue colaborador durante un tiempo con los servicios de represión comunistas. Para dejar las cosas claras, eso ocurrió en los años 1970-76, siendo él entonces un joven obrero. ¿Qué ocurrió después? Pues que consiguió escapar del cerco de la SB y nunca volvió a dejarse intimidar por sus esbirros. Evidentemente sus actos posteriores en la oposición al régimen superan inmensamente la pusilanimidad en la que antes cayó.

Las reacciones a un libro de dos historiadores del Instituto de Memoria Nacional (IPN), Sławomir Cenckiewicz y Piotr Gontarczyk, han sido bastante histéricas, con honrosas excepciones. El propio Wałesa grita “¡yo derroté a las fuerzas de seguridad, no ellos a mí!” y amenaza con revelar la verdadera identidad de “Bolek”, que era el pseudónimo del confidente con el que se le identifica (“ahora conozco la verdad”): pues la verdad, en mi humilde opinión, es que podía haberlo hecho hace por lo menos diecisiete años, si fuera cierto lo que dice, y nos habríamos ahorrado un culebrón. También anuncia que irá a los juzgados.

Más “concreto” que Wałęsa es Władysław Frasyniuk, antiguo lider de Solidaridad y hoy miembro del Partído Demócrata, de la órbita del dirario Gazeta Wyborcza: “con gente así (Gontarczyk y Cenckiewicz) no se discute, sólo se les puede dar (una bofetada) en la cara”. Y todo esto ¡antes de que se publique el libro! Creo que queda claro por que me “gustan” tanto GW y sus satélites: sólo es un referente moral quien ellos quieren, y si la verdad no se adecúa a lo que ellos dictan, peor para la verdad.

Otros, como Andrzej Czuma, antiguo disidente y ahora diputado de Plataforma Cívica, el partido del gobierno, ponen el cerebro en funcionamiento antes de poner la boca en movimiento: “el drama de Wałesa consiste en que no hubo nadie que le dijera que su grandeza no iba a desaparecer al confesar los errores de su juventud”. Y yo estoy completamente de acuerdo con él.

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Semana Blanca

mayo 18, 2008

Llevo pensando ya algún tiempo en escribir por qué me parece que yerran los que opinan que con Polonia va a pasar lo mismo que con otros países de la UE y que la laicización está al caer. O, más bien, por qué las razones que sostienen su tesis no son adecuadas.

Mientras tanto, unas líneas sobre la “semana blanca” en Polonia. Nada que ver con el esquí. Es una sana costumbre, muestra de cierta coherencia, que existe en este país: consiste en que, durante toda la semana siguiente a la Primera Comunión los niños, vestidos de gala, asisten a la S. Misa y comulgan. Luego las niñas, el día del Corpus Christi van delante del Santísimo derramando pétalos de flores.

En muchos lugares pasa que los niños están más pendientes de los regalos que van a recibir que de la importancia del acto. Y si en los padres escasea el sentido común aparecen sandeces como la “comunión civil”. Cosas de esas pasan en España (aquí no y a Dios gracias). Bien, pues a pesar de todos los pesares, me parece que siete días son tiempo suficiente para que el niño en su cabecita vaya arrinconando los juguetes (si es que no están ya rotos) y se dé cuenta de la grandeza del evento, que los niños son pequeños pero nada tontos.

Me parece también una buena idea lo que practicamos en el colegio donde trabajo: aconsejamos a los padres no regalar nada el día de la Primera Comunión. Tienen a la vuelta de la esquina el día del niño o cualquier otra ocasión que se les ocurra, pero que ese día por lo menos les dejen tranquilos.

(la foto es de mi cole, justo antes de las Primeras Comuniones del año pasado)

Varsovia ’44

mayo 17, 2008

No puede decirse que Varsovia sea una ciudad cómoda. A muchos de los que han llegado aquí desde otras ciudades (que son legión), la capital no les gusta si es para vivir una temporada larga. Urbanísticamente es algo caótica, culturalmente no puede aún compararse a otras metrópolis de la Unión Europea y si se le quita la reconstrucción de su casco antiguo no puede considerársela una ciudad muy agraciada. En fin, que hay que esforzarse por lo menos un poquito para quererla.

Con esa intención y aprovechando unos días de gripe, me decidí a terminar el apasionante (y extenso) libro de Norman Davies – Varsovia, 1944 (Rising ’44). Examina uno de los episodios más heroicos y vergonzosos a la vez de la II Guerra Mundial. Vergonzoso no sólo por la brutalidad animal exhibida por el ejercito alemán et consortes (con especial mención a la brigada RONA de Bronislav Kaminski y a la más infame brigada de las SS, la de Oskar Dirlewanger), sino también por la mortífera pasividad de los Aliados: el levantamiento, preparado para durar varias jornadas, se alargó hasta 63 días. Durante más de dos meses el Primer Aliado, como Davies llama con razón a Polonia, no recibió la ayuda necesaria y debida, y su capital, una de las más bellas ciudades de la Europa de entonces, quedó convertida en una inmensa ruina.

Quizá la primera reflexión que me vino a la cabeza durante y después de la lectura es que la perfección de algunas cosas consiste sencillamente en que son. Varsovia, tras el levantamiento debía desaparecer del mapa, tenía que convertirse en una mera referencia geográfica por decisión del Fuhrer. Y sin embargo,… existe, y eso ya es un milagro.

Davies deja bien documentada la ciega y funesta admiración de Roosevelt por Stalin y lo bien “protegida” que estaba la Foreign Office por elementos pro-soviéticos, hasta el punto de que Churchill no siempre tenía noticias fiables del frente oriental. No me sorprendió en absoluto la malicia y el cinismo del Kremlin, que no sólo frenó su ofensiva a las puestas de Varsovia, dejando que se desangrara en una lucha desigual con los nazis para luego ocuparla tranquilamente, sino que no permitió aterrizar a los aviones aliados que llevaban ayuda a los insurgentes (e incluso derribaron alguno). Sin embargo me chocó la cantidad de basura inútil que llegaba a la mesa de Stalin procedente de sus propios servicios secretos. La información que le enviaban sus espías sobre Varsovia poco tenía que ver con la realidad ¿se creería él ese montón de absurdos e invenciones?

Hago aquí un inciso para matizar ligeramente la observación que Marta hizo en uno de sus maravillosos artículos dedicados al levantamiento del guetto de Varsovia, que había tenido lugar un año antes: a mi me parecería más bien suele que suele darse la impresión de que las únicas luchas en esta ciudad tuvieron lugar en el guetto. Esto es así porque a los comunistas que malgobernaron desde 1945 a 1989 no les interesaba que se hablara sobre el tema del levantamiento de Varsovia. De hecho, junto a Katyń, era EL TEMA, un tabú cuya sóla mención podía costarle a uno la cárcel. Los demás aliados tampoco se interesaron demasiado por el levantamiento después de la guerra. O más bien lo cubrieron con una espesa capa de silencio. Tan celosamente trataron de esquivar el asunto que ni siquiera lo tocaron en Nuremberg.

Curioso, me entero hoy por la prensa de que el Museo del Levantamiento, mientras buscaba testimonios de soldados alemanes que lucharon esos días en Varsovia, recibió por casualidad de la Cruz Roja austriaca un catálogo con nombres y direcciones de componentes de la brigada de criminales de Dirlewanger. Quizá se podría conseguir juzgarlos al fin (entre otras cosas por la masacre en el distrito varsoviano de Wola de hasta 40.000 civiles durante la primera semana del levantamiento). Más vale tarde que nunca. Muchos de ellos han llevado una vida tranquilísima, nadie les ha importunado nunca por sus actos.

Memoria y alucinación histórica

mayo 10, 2008

Me preguntó hace no mucho un amigo si no veía desmesurada la importancia que los polacos le dan a su propia historia. Le respondí que no. Por supuesto que hay quien se excede en su sentimentalismo y hace de Polonia el centro del universo, pero por lo general no me parece que exageren. Si no tuvieran de qué gloriarse, especialmente en el siglo pasado, mi respuesta habría otra.

Todo esto viene a cuento del impresionante desfile que ayer. Visto lo que son capaces de hacer los rusos, no exponer la visión polaca de la historia sería suicida. No se andan por las ramas: casi 50 millones de dólares van a costar las obras en las calles de Moscú después del pase de los tanques y misiles, mientras que el 40% de los ex-combatientes de la II Guerra Mundial vive al borde de la miseria. Pero lo peor es que de verdad, tal y como demostró Medvedev en su discurso, los ex-soviéticos siguen empeñándose en creer que la guerra empezó el 21.06.1941 y que el Ejército Rojo iba por ahí liberando países. Como si la ocupación de media Polonia, Estonia, Letonia, Lituania y parte de Finlandia y Rumanía se hubiera llevado a cabo por voluntad de los habitantes de estos países.

La verdad no está “en el medio”. Aquí no hay lugar para relativismos. Por supuesto, hay que saber presentar la propia historia, hacerlo de una manera simpática y atractiva. En esto se puede aprender bastante de los yanquis. Sigo viendo flojo al primer ministro polaco Tusk en este tema. Está bien que no quiera hacer un exhibicionismo de la martirología polaca, pero su gobierno ha estado a punto de frenar el proyecto del Museo de Historia de Polonia sólo porque fue comenzado en tiempos del premier Jarosław Kaczyński. Gracias a Dios, la iniciativa sigue adelante. Quizá Tusk no quería que se le comparara al otro Kaczyński, al presidente Lech, que siendo alcalde de Varsovia encargó el Museo del Levantamiento de Varsovia y fue una de las pocas cosas que hizo entonces que realmente valió la pena.