Archivo para octubre 2007

Esto sí es una frontera

octubre 29, 2007

Hacía ya varias semanas que prometí escribir sobre mi corto periplo por Ucrania, pero siempre me salían asuntos más urgentes. Esta es la primera entrega.

Para que tengan de veinticinco años más o menos para abajo y también los mayores que no hayan salido de la UE, el concepto de frontera debe presentarse como algo abstracto. En cualquier caso nada tiene que ver con lo que siente un ucraniano, un ruso o un polaco dedicado al comercio fronterizo -tanto legal como ilegal, pero esencialmente ilegal- en el paso Mostyćka-Sheginy, por poner un ejemplo.

Bien, no era la primera vez que pisaba antigua tierra soviética , pues ya había visitado antes Lituania. Además, once años en Polonia dan para oír cientos de historias -las más, divertidísimas- sobre como se las arreglaban los polacos para llevar escondidos cigarrillos y mil cosas más al Berlín de antes de la caída del muro, o para traer del otro lado del telón de acero publicaciones anticomunistas y libros religiosos. Pero una cosa es oírlo y otra muy distinta verlo con los propios ojos.

La ocasión se presentó este verano. Durante unos días iba a dedicarme a coordinar el trabajo de un grupo de bachilleres espanoles que venían a ayudar en la construcción de una iglesia en Przemyśl, en el sudeste polaco. Pensé que merecía la pena llevarles a Lviv, una joya de ciudad que por obra y gracia del camarada Stalin quedó fuera de Polonia tras la II Guerra Mundial.

Para evitar meterme en algún lío descomunal en excesiva compañia decidí echar un vistazo solo por mi cuenta un par de días antes. En Przemyśl me monté una furgoneta y en unos diez minutos me encontré frente al cordón externo de la UE, y vaya si que me encontré solo: muy solo en ese mar de contrabando de vodka y cigarrillos que es la frontera para peatones polaco-ucraniana. Increíble lo que da de sí la cinta aislante para pegarse objetos al cuerpo.

Desde luego me quedó claro que era el único turista en la multitud. De ese estado de estupefacción me sacó una amable senora que pensó que era un estudiante ucraniano perdido y sin nada que declarar y me hizo llegar en un abrir y cerrar de ojos hasta la aduana. Si yo seguía aún fuera de juego, los funcionarios, primero polacos y luego ucranianos, sí que estaban intrigados: “Ispanets?” (“¿español?”). La misma cara de decir “¿y qué se te ha perdido aquí, mi alma?”. Sí, la verdad es que no pintaba mucho. El cruce duró sólo media hora y es todo record. Las siguientes siete veces oscilaron entre dos horas y media y ocho horas.

Y una vez del otro lado, me subí en una “marshrutka” en dirección a Lviv. Pero sobre lo que es la “marshrutka” y sobre los demás cruces de esta simpática frontera seguiré escribiendo en otra ocasión.

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¡Gracias, Olek! (Kwaśniewski)

octubre 22, 2007

La holgada victoria de la Plataforma Cívica en estos comicios dejan en Polonia un panorama inesperado hace incluso una semana, en el que no sólo destaca la derrota del partido de Jarosław Kaczyński, Ley y Justicia. A falta de los resultados definitivos que se publicarán mañana, todo parece indicar que Plataforma Cívica tendrá 209 diputados (con un 41,39% de votos), Ley y Justicia 166 diputados (32,16%), Izquierda y Demócratas 53 diputados (13,2%) y Partido Campesino de Polonia 31 diputados (8.93%). La diferencia entre los dos principales partidos se reduce por tanto de los 13 puntos iniciales a 9.

Por un lado, la Plataforma Cívica aglutinó a aquellos que estaban cansados de un gobierno excesivamente pendenciero. Ellos en la oposición no actuaron de otra manera, pero durante la última semana de campaña, después de vencer en los debates televisivos al aún primer ministro y al ex-presidente Kwaśniewski, Tusk utilizó habilmente una ligera nota de populismo, sin tocar temas delicados en los que las diferencias ideológicas con Ley y Justicia pudieran provocar batallas verbales   y empleó un tono optimista que se echó en falta en las campaña de Ley y Justicia. A la gente le resultó excesivo tanto hablar de corrupción.

Pero el gran perdedor de ayer no es sólo Ley y Justicia, que queda como único partido en el poder de Polonia desde 1989 que no sufre un descalabro total en las siguientes elecciones (a pesar de que la abultada derrota en el duelo individual en Varsovia le escocerá a Kaczyński, a buen seguro). Ha obtenido más votos en números absolutos, relativos y en diputados que hace dos años a pesar del desgaste de la coalición con formaciones tan conflictivas como Autodefensa y la Liga de las Familias Polacas.

El buen resultado permitirá a la Plataforma gobernar con cierta calma y sin necesidad de aliarse con los postcomunistas de Izquierda y Demócratas. No, la corrupta vieja guardia más algunos antiguos oposicionistas desesperados no serán, como pretendían, la clave para obtener la mayoría parlamentaria, pues el Partido Campesino Polaco puede ser un compañero de viaje mucho más cómodo. El veto presidencial del otro gemelo será un arma poderosa: necesitarían tres quintas partes del parlamento para rechazarlo, así que la Plataforma tendría que embarcarse en una coalición con postcomunistas y campesinos, perdiendo así credibilidad ante parte de su electorado y capacidad de movimiento a la hora de gobernar.

El varapalo de la siniestra se lo deben en gran medida a Kwaśniewski: él tenía que ser la locomotora de IyD. Con su comportamiento poco decenta, que incluyó borracheras captadas por las cámaras de televisión y comentarios irresponsables a la prensa extranjera, consiguió que la mayor parte del electorado “anti-Ley y Justicia” fuera a parar a Tusk.

Desde ahora en Polonia no tiene que funcionar una división izquierda/derecha a la europea. Si uno se fija en los resultados, dos partidos de centro-derecha y derecha han conseguido casi un 75% de los votos, mientras que la izquierda oscila en torno al 13%. Suena más a Estados Unidos. Cierto es que muchos de los votos a Tusk podían haber acabado en Izquierda y Demócratas, y cierto es también que Kaczyński se sentiría más cómodo en su papel de jefe de la oposición si el rival fuera la coalición de Plataforma con los ex-comunistas, pero la polarización del voto entre dos grandes formaciones se prevé duradera.

Otra nota interesante es la desaparición, por obra de Kaczyński principalmente, de la escena política de los dos partido más impredecibles: Autodefensa y la Liga de las Familias Polacas. No tendrán siquiera la posibilidad de recibir fondos del Estado, por no llegar al 3% de apoyo.

Sobre el propio Tusk, se puede decir que ha pasado por una larga metamorfosis. En los comienzos de la democracia polaca su Congreso Liberal-Democrático tenía más fama de libertino que de liberal. El mismo ha dicho en alguna ocasión que fue revisando algunos de sus puntos de vista sobre conforme su hija iba creciendo. La Plataforma, aunque se ha mostrado en ocasiones indecisa y tibia en asuntos sociales (más bien para distanciarse de Ley y Justicia y de la Liga), posee un importante elemento conservador en sus filas. El encuentro de la semana pasada del lider de la Plataforma con el cardenal Dziwisz, del que no se han conocido demasiados detalles, demuestra que no existe tanto recelo por parte de la Iglesia Católica hacia la Plataforma como algunos sugerían. La situación sería bien distinta si se vieran obligados a gobernar con Izquierda y Demócratas, que trataría de forzar sus ideas sociales.

En lo que se refiere a la economía, puede decirse que la Plataforma opta por un menor proteccionismo que Ley y Justicia y que llega al poder en el momento ideal para poner en marcha su programa: paro en disminución, economía al alza, grandes proyectos como el Euro 2012 a la vista que vaticinan continuidad o aumento de las inversiones extranjeras… Eso sí, no le faltarán huesos duros de roer, quizá el principal de ellos la Seguridad Social, y no está claro que tengan a suficiente gente capacitada en su banquillo para cumplir las esperanzas que han infundido en tantos ciudadanos.

El domingo elecciones

octubre 20, 2007

Muchos saben o creen saber que en la Polonia de los Kaczyński ha estado llevando a cabo una caza de brujas, que el país no mira hacia el futuro, que los teletubbies peligran, que andan a tortas con todos sus vecinos cercanos o lejanos, que no se sabe cuantas minorias de todos los gustos están a punto de desaparecer en ese país por culpa de esos diabólicos gemelos, por no hablar de la plaga del antisemitismo y de que sé yo cuántas catástrofes más, y que menos mal que hay elecciones porque son una vergüenza para Europa.

Un pequeño paréntesis, pero seguimos tras el antiguo telón de acero: menos son los que saben que en Bulgaria, país de la Unión Europea, en julio de este año se confirmó que el presidente y 139 diputados entre antiguos y presentes fueron colaboradores de los servicios de seguridad. ¿Y qué tiene que ver la velocidad búlgara con el tocino polaco? Bastante, pero lo que me interesa ahora es la reacción del resto de Europa. Nadie en la UE se ha escandalizado por este asunto, nadie ha levantado la voz en defensa del presidente, nadie. Lo que ocurre es bien sencillo: en Polonia existe un grupo de intelectuales, políticos y periodistas a los que no les importa lo más mínimo perjudicar a su país en la arena internacional con tal de conservar sus privilegios, y ese grupo, aglutinado en torno al partido Izquierda y Demócratas y al diario Gazeta Wyborcza, tiene acceso a los salones europeos. ¿Pero si Wyborcza era el antiguo periódico de Solidaridad? Ahí está el meollo del asunto: era. El grupito de marras se compone de antiguos miembros de la oposición al comunismo, de la rama izquierda de Solidarnosc, y de … antiguos aparatczyk del sistema comunista. Y se han servido sin ningún tipo de escrúpulos de su condición de antiguos héroes disidentes los primeros y de sus contactos con la socialdemocracia del resto de la UE los segundos para poner a todo el “mundo civilizado” contra sus enemigos políticos. Los anteriores gobiernos de derecha de Polonia tenían auténtico pánico a la capacidad de influencia de Wyborcza, pero eso se terminó (en parte curiosamente gracias a la entrada de un grupo alemán, Axel Springer, ironías de la historia).

El último informe de Reporteros sin Fronteras nos anuncia que la libertad de prensa en Polonia está por los suelos, en el último lugar de la UE y en el 56 del mundo. Es curioso que pueda afirmarse algo así cuando el gobierno tienen en contra a todas las televisiones menos la estatal, a todos los periódicos menos a Rzeczpospolita y a todas las radios menos la nacional y Radio Maryja con sus oyentes de 60 años para arriba. Por no hablar de internet… Me gustaría saber en cuántos medios europeos han informado sobre las dos borracheras de Kwaśniewski, y mira que basta con entrar en youtube y escribir el apellido del ex-presidente:¡dos veces fue pillado por las cámaras de televisión en el transcurso de dos semanas! La primera tuvo lugar en Ucrania en el acto en el que se le concedía un doctorado honoris causa. Por esa, después de varios días de esconderlo, pidió perdón públicamente. La gente no le creyó, ya había manchado su reputación y su cargo varias veces de esa manera durante su mandato, pero ahora no ha podido aguantarse ni durante la campaña. Y la segunda en Szczecin. Esta vez fue peor aún, atribuyó su estado titubeante a un “virus filipino” por cuya causa usa fuertes medicamentos. El tiro le salió por la culata: no sólo nadie le tomó en serio, sino que el inspector general sanitario del país decidió abrir una investigación para averiguar la peligrosidad del microorganismo y el riesgo de contagio y protestó la Embajada de Filipinas. Resumía la deshonra el conocido periodista Bronisław Wildstein: si hubieran enviado a la policía para detenerle, Kwaśniewski podría todavía decir que es un martir por la democracia, pero luchar contra los Servicios de Sanidad no nobilita mucho que digamos. Un apunte: el informe sobre Polonia es obra de un solo periodista polaco que se la tiene tomada al partido todavía en el poder. Muy democrática y objetiva la cosa.

El ambiente está muy caldeado en Varsovia, pero no pueden sostenerse los despropósitos sobre el supuesto totalitarismo de los gemelos Kaczyński que durante dos años nos ha servido la prensa Occidental en masa. Este gobierno ha hecho mucho para que pueda criticársele con justicia: parálisis en la construcción de infrastructuras (siete kilómetros de autopistas construidas), una Seguridad Social que no han conseguido poner en pie, unos dos millones de polacos que han puesto pies en polvorosa y trabajan en Gran Bretaña, Irlanda, España, … Es mucho. Para hacer justicia, hay que decir que estos dos últimos problemas no aparecieron con Ley y Justicia, pero no han tenido gente capacitada para hacerles frente. Otro punto en el debe es la brutalización del lenguaje político, eso ya en colaboración con todas las demás fuerzas del parlamento. En el haber puede contársele sin duda el frenazo que han puesto a la corrupción y a la delincuencia común. Más importante para los Kaczyński y su ministro de justicia, Zbigniew Ziobro, ha sido la lucha contra mecanismos de poder paralelos al Estatal provenientes del postcomunismo. Aunque a veces ha podido parecer una lucha absurda contra molinos de viento, no les ha faltado razón en algunos episodios sonados. Y es que una cosa es innegable: deste 1989 hasta hace dos años los medios descubrían escándalos y los políticos los trataban de tapar a toda costa, mientras que ahora los periódicos se enteran de lo que hace la Oficina Central Anticorrupción a posteriori.

Hay que reconocerle a Kaczyński que es eficaz. Esta calificativo no siempre es positivo (Putin y Chaves también lo son). El premier polaco se metió en una coalición con partidos que no le incómodos y en año y medio ha conseguido hacerlos desaparecer del mapa llevándose de paso a buena parte de su electorado. Autodefensa era un partido campesino con orígenes poco claros, enlazado con la vieja nomenclatura. La Liga de las Familias Polacas presentaba objetivos a veces muy honrosos de forma tan antipática que parecía que no se podía ser católico fuera de ella. Nadie llorará por el derrumbe de estas formaciones. Este movimiento sirvió para algo muy importante en la estabilización de la escena política polaca: se reduce el número de jugadores, algo lógico si se tiene en cuenta que no existen aquí nacionalismos. Eso sí, tanto el principal partido del gobierno como de la oposición (con casi el 70% de intención de voto, lo que sí parece muy claro) pueden considerarse de derecha, uno teóricamente más liberal en cuestiones económicas que el otro, con lo cual el peso de los post-comunistas es casi nulo, a no ser que la Plataforma se decida a una coalición con ello, que es posible. Si se hubiese llegado hace dos años a un gobierno Plataforma-Ley y Justicia veríamos ahora otro panorama muy distinto, no necesariamente positivo, pues los post-comunistas habr’ian sido la principal formación de la oposición y tendrían mucha más fuerza en estos momentos . Y es que para Polonia es importante que aparezca por fin una izquierda civilizada, que rompa su vinculación al antiguo partido único, el PZPR. Existió durante varios años un partido de gente de izquierda que se habían opuesto al régimen, con el disidente Ryszard Bugaj como principal figura, pero por desgracia fue absorbido por la vieja guardia. Quizá una derrota a la que parecen avocados pueda provocar una katharsis en sus filas, pero mejor no ser optimista.

El domingo se celebran los comicios en Polonia y lo único que se puede afirmar con certeza es que la minoría alemana tendrá dos diputados por decreto. Los polacos ya están acostumbrados a que cada día nuevas encuestas corrigen a las de la anterior jornada. Había incluso alguna de las últimas que le daba la mayoría absoluta a la Plataforma Cívica, hasta ahora principal partido de la oposición, pero mejor no fiarse demasiado: es de sobra sabido que el partido del gobierno, Ley y Justicia, queda casi siempre infravalorado en los sondeos. Ya pasó hace dos años, cuando con semanas de anticipación se anunciaba a bombo y platillo la victoria de la Plataforma primero en las parlamentarias y luego la de su lider Donald Tusk en las presidenciales y acabaron perdiendo las dos veces.

Esperanza (con reparos)

octubre 3, 2007

La nueva alianza de los “naranjas” puede no bastar para estabilizar Ucrania

Yuliya Tymoshchenko y los suyos tienen motivos para felicitarse: aunque el Partido de las Regiones obtuvo un mayor número de votos (un 35% frente al 33% del BYuTy), será ella con toda probabilidad la primer ministro del próximo gobierno de coalición con la agrupación apoyada por el presidente. El propio Yushchenko debe sentirse aliviado, ya que “Nuestra Ucrania – Autodefensa Popular” logró el doble de votos que se le pronosticaban (un 14%), así que tendrá un mayor margen de maniobra de cara al futuro.

El nuevo gobierno continuará el viraje hacia Occidente, si bien muchos vaticinaban que con Yanúkovych de premier no habría demasiados cambios en este sentido. Pero el que la política exterior sea más pro-europea no necesariamente conllevará una rápida normalización del país, tanto social como economicamente.

Anatoliy Romanyuk, director del Centro de Análisis Políticos de la Universidad Ivan Franko de Lviv, realizó un análisis sociológico de los parcipantes de la revolución naranja. De él se desprende que son jóvenes en su mayor parte y con mejor formación intelectual que sus oponentes, por lo que son más difíciles de manipular: “no confiamos en ningúna fuerza política”, era una afirmación que solían repetir. Eso y las ganas de cambiar el país son condiciones indispensables para sacar a Ucrania del marasmo en que se encuentra, pero no es suficiente. Como demuestran los acontecimientos de los últimos dos años, las ambiciones personales de los líderes han impedido llevar a cabo reformas eficientes, y la corrupción y el abuso de poder no han desaparecido de la escena política.

De los países del antiguo bloque comunista, quizá sea Polonia el que mejor refleje que no bastan las buenas intenciones y la juventud para desembarazarse de la pesada y pegajosa herencia del comunismo: a partir de 1989, no han faltado mandatarios provenientes de “Solidaridad” que sucumbieran ante las tentaciones del poder. Si eso era así en los países satélites de la URSS, la situación se presenta mucho más complicada en las antiguas repúblicas soviéticas, dónde los destrozos morales fueron mayores. Se necesita una enorme determinación para sanear la vida pública a nivel nacional y local, y eso lo han echado en falta los ucranianos en estos dos últimos años, muchos de los cuales prefirieron  aprovechar el buen tiempo del 30 de septiembre para pasear en lugar de ejercer su derecho al voto.

No obstante, es innegable que Ucrania ha mejorado mucho desde la retirada de Kuchma. Ya no existe, por ejemplo, la policía fiscal que hacía pagar a los empresarios impuestos de cantidades totalmente arbitrarias usando en caso de resistencia métodos brutales. Los periodistas no tienen tanto que temer, aunque siguen censurándoles textos incómodos. Y a pesar de que resulta complicado encontrar una empresa en la que no posean una doble contabilidad, también lo es que, especialmente en el Oeste del país, cada vez son más los que se deciden a abandonar la economía sumergida: “si ven que su dinero sirve para gastos concretos y buenas inversiones, pagan los impuestos cada vez más personas”, comenta Romanyuk. Añade un dato interesante: en Galicya, la zona más Occidental de Ucrania y bastión de los naranjas, siendo la región más pobre en recursos, es sin embargo la más emprendedora, a pesar también de que de allí salen la mayor parte de los emigrantes del país: el 80% de los ingresos estatales proviene de pequeñas y medianas empresas y el 20% de grandes, mientras que en el Este la proporción se invierte.

Suele decirse que los “naranjas” simbolizan el nacionalismo ucraniano y los “azules” el acercamiento a Rusia, pero en todos los partidos importantes del país había candidatos y patrocinadores de nacionalidad rusa, aunque en mayor cantidad en el Partido de las Regiones, así que en el Kremlin el resultado de los comicios lo interpretan con razón como un traspiés para sus ambiciones de controlar lo que ocurre en Kiev. Por supuesto, Putin y su sucesor seguirán disponiendo de un importante arsenal para dominar Ucrania, sobre todo en lo que se refiere a materias primas, en especial gas y petróleo, pero pierden el control sobre las almas de los ucranianos, que miran con cada vez menos recelo a la Unión Europea y con más distancia a Moscú. El problema es que en la Unión pocos quieren comprometerse a ayudar a Ucrania aparte de Polonia, su principal valedora en la arena internacional.

Esta evolución de la de mentalidad no ha sido para nada promovida por los políticos y se nota especialmente desde los acontecimientos de Kiev en 2005. Se advierte especialmente en las relaciones con Polonia, que deja de ser vista (incluso por los mismos “azules”) como un “agente de los EE.UU, de la OTAN y del Vaticano” para convertirse en un vecino más o menos amistoso al que le interesa que Ucrania prospere. El cambio da motivos para un moderado optimismo. Así las cosas, acontecimientos tales como la Eurocopa de fútbol de 2012, que se celebrará en parte en Ucrania, pueden significar mucho, tanto para los ciudadanos de a pie como para los políticos, ya que incluso a los más euroescépticos les será más difícil pronunciarse en contra de la integración con el resto de Europa.

(publicado también en Aceprensa)