Archivo para septiembre 2007

Катынь – Katyń

septiembre 25, 2007

El oscareado director Andrzej Wajda fue dejando Katyń para más tarde un año sí y otro también hasta que vió que se iba acabando su tiempo en este mundo y no pudo más. En las primeras críticas uno puede encontrar de todo, aunque son en su mayor parte muy positivas. Lo que está claro es que este sombrío episodio del estalinismo tenía que aparecer antes o después en la cinematografía polaca y mundial.

Puede que haya quien se extrañe, se escandalice o incluso acuse de martirólogos a los polacos por andar aún hurgando en las heridas que dejó la II Guerra Mundial. No me parece justo en absoluto. Primero porque en la Polonia comunista, hasta 1989, con sólo mencionar la palabra “Katyń” podía uno dar con sus huesos en la cárcel. El Gran Hermano de Moscú impuso la ley del silencio.

En segundo lugar ¿por qué Polonia (que movilizó el tercer mayor contingente de soldados entre los aliados y que tuvo seis millones de pérdidas humanas durante la Guerra, que se dice pronto) va a tener que honrar menos a sus héroes que otras naciones europeas? Lo primero que hace cada presidente francés cuando jura su cargo es poner una ofrenda floral en el lugar donde murieron treinta y tantos miembros de la resistencia francesa durante la liberación de París. ¡Treinta y tantos! En fin, sé que las comparaciones son odiosas, pero si hemos de ser ser serios hay que decir que tuvieron que buscar a sus paladines de la libertad con lupa. Sólo en el levantamiento de Varsovia contra los nazis murieron alrededor de 200.000 polacos. Y por cierto, éste era otro episodio tabú hasta 1989, ya que la insurreccíon se fue al garete entre otras cosas porque Stalin no sólo no movió un dedo y dejar desangrarse al Ejército Nacional de Polonia, sino que además no permitió a los aviones aliados a aterrizar en el territorio ocupado por el Ejército Rojo y auxiliar desde allí a la capital en llamas. En resumen, que si los polacos tienen de qué y de quién gloriarse dejémoslos en paz.

Volviendo a los bosques de Katyń, Charkow, … , lo que allí ocurrió fue un intento de dejar a Polonia sin cabeza, sin inteligentsia, asesinando con un tiro en la nuca a más de veinte mil oficiales (junto a médicos, sacerdotes, abogados, …, oficiales también de reserva). Por primera y única vez en Rusia fue reconocido el crimen por Yeltsin. Ahora Putin, como buen antiguo KGBista, vuelve a velar por la gloria del imperio con los mismos métodos de propaganda que antes: acusa a los polacos y a su presidente, durante el viaje de éste a Katyń, de nacionalismo y de tratar de enmascarar con este ataque otros supuestos crímenes propios (en concreto de la guerra polaco-bolchevique de 1920) y la televisión rusa llega a cuestionar la autoría soviética de la matanza. De cine, aunque menos mal que ahora gracias a Wajda.

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Fiebres ex-presidenciales

septiembre 14, 2007

Y yo que me había propuesto no escribir más de política esta semana…

Es contagioso. Espero impacientemente a saber quién será el siguiente ex-presidente o ex-canciller que pierda el sentido común, que dicen que es lo primero que Dios quita cuando quiere de verdad castigar a alguien. También es verdad que existen grados. A Havel lo engatusaron sus colegas ex-disidentes. Lo de Kwaśniewski y Schröder tiene mucho más delito, es traición a los intereses de sus respectivos países por iniciativa  y provecho propios.

Kwaśniewski, en una entrevista a la versión germana de Vanity Fair, afirma que el derrumbe de la democracia en Polonia es una amenaza real y que, en caso de que vuelva a gobernar el partido de los gemelos Kaczyński, Berlín debería endurecer su política respecto a Varsovia. Bueno, ya ha habido políticos de aquí que atacan al gobierno en el exterior y esto no es la URSS para que los encarcelen a la vuelta. Pero que un ex-presidente aconseje a un Estado ajeno cómo actuar en contra del propio es algo nuevo a nivel mundial y no veo excusas.

Schröder ha hecho más o menos lo mismo, criticando el giro de la política alemana con Rusia, además de atacar a algunos países, sin nombrarlos, por entorpecer las relaciones de Europa con ese país. Evidentemente pensaba en principalmente en Polonia y Estonia.

A Schröder no se le caerá un pelo, todo lo contrario: en el Kremlin y en Gazprom, que es quien le da de comer, estarán encantados. Kwaśniewski debería estar más preocupado. En el partido que lidera, Izquierda y Demócratas, el escándalo ha sentado como un tiro de cara a las elecciones del mes que viene. Y menos mal que al final pidó perdón, porque durante tres o cuatro días estuvo mareando la perdiz: que si la traducción, que si me han interpretado mal, que si la pregunta del periodista llevaba injerta la respuesta,… Vamos, un dechado de sinceridad.

Elogio de la amistad

septiembre 8, 2007

Eso se llama ser leales. Hacerle algo así al bueno de Havel clama al cielo… Venía a Polonia a descansar unos días y a promocionar su nuevo libro, pero sus viejos amigos polacos de cuando se dedicaba a combatir el comunismo tenían otros planes. Aunque también es cierto que alguien con su experiencia en la lucha contra la tiranía roja debería verlas venir y no hablar a destiempo. Como describió mi citado en otras ocasiones Ziemkiewicz, se comportó con la delicadeza de un elefante en una tienda de porcelana.

Bueno, pues pasó que durante la presentación de su obra Havel tenía a su lado a varios ex-disidentes polacos, el más conocido Adam Michnik, y que apenas se habló del libro de marras, centrándose la discusión en lo mal que está presuntamente Polonia. El ilustre checo, incoado por sus antiguos compañeros de armas, aunque reconociendo primero que no está muy al tanto de lo que pasa por estos lares, soltó varias frases de más, como por ejemplo que la democracia en Polonia está amenazada y que las próximas elecciones deberían ser vigiladas por observadores internacionales. Vamos, que comparó a Polonia con Cuba, Bielorrusia, etc.

El problema es que mucha gente fuera se lo cree. Havel no ha hecho más que repetir lo le han estado repitiendo sus colegas, la gente en la que confía desde hace decenios: Michnik, Geremek… Igual que los medios de comunicación occidentales. Un buen amigo me comentó hace poco, no sin razón, que los mass media europeos repiten sobre Polonia lo que dice Reuters, y que Reuters repite lo que dice Geremek. Nadie les dice que los Kaczyński no llegaron al poder por accidente, sino porque los ciudadanos estaban hartos del proyecto de Polonia que proponían esos antiguos disidentes: el partido apoyado por la antaño todopoderosa Gazeta Wyborcza no entró siquiera en el último Parlamento y la candidata a la presidencia del país obtuvo una cantidad de votos cercana al error estadístico. ¿Por qué Geremek si no está en la generosa jubilación del Parlamento Europeo? Pues sencillamente porque en casa ya no le escucha nadie. Eso sí, fuera están haciendo un descomunal trabajo de intoxicación. No les falta experiencia: Michnik anunciaba en periódicos extranjeros ya en los años 90 una catástrofe a la yugoslava a la que llevarían a Polonia los gobiernos de derecha, y habla ahora de un golpe de estado encubierto de los gemelos. Una de dos: o perdío el contacto con la realidad, o nos está timando a conciencia por desesperación.

No se trata de que hay que hacer sin motivo panegíricos del propio país cuando se está en el extranjero, sobre todo si efectivamente el partido gobernante demuestra grandes dotes de incompetencia, pero desprestigiarlo sólo por ver frustradas ambiciones personales me parece escandaloso, y peligroso para los intereses de la nación que se dice defender. Es más, estoy convencido de que esta vez se ha metido un gol en propia puerta que le saldrá caro por no contar con el carácter nacional: traer a alguien a un invitado a casa para que le cante las cuarenta al anfitrión olvidándose del gusto de los polacos por llevar la contraria no es precisamente una buena idea.

Y claro, además al día siguiente el ex-presidente tuvo que excusarse diciendo que no pretendía ofender a nadie, la inmensa mayoría de los políticos y de los medios de comunicación polacos, incluidos los que estaban y están en contra de los Kaczyński (hasta Wałęsa, que ya es decir) lamentaban tamaña desinformación en un personaje tan admirado, y la embajada checa no paraba de responder al teléfono explicando que la opinión del señor Havel no tiene nada que ver con la del gobierno de Praga. Para algo están los amigos, ¿verdad?

Se han perdido media película

septiembre 6, 2007

Si durante la última semana pocos eran los polacos que comprendían la situación política del país, los medios de comunicación extranjeros estaban en un fuera de juego de espanto: hace varios días informaban de que la crisis de gobierno tocaba fondo y ahora no saben cómo explicar que quien ha tocado fondo es la oposición y que el partido de los gemelos, atacados por los medios sin piedad desde el comienzo, vuelve a estar por delante en las encuestas.

Quede aquí claro que no ejerzo el voto en Polonia y que además me parece que el gobierno ha dado muchos motivos para ser criticado. Pero decir que la democracia está amenazada es sacar de quicio las cosas. El episodio que voy a referir ilustra bien el grado de ceguera al que han llegado políticos y medios. En la oposición polaca se han dedicado durante los últimos dos años sólo a reaccionar a los movimientos del gobierno y a criticar por definición cualquier movimiento que hiciera: han perdido el hilo.

Pero volvamos al tema: hace unas semanas el viceministro de Interior Kaczmarek es expulsado del gobierno. Según el ministro de Justicia, con un chivatazo imposibilitó una acción de la Agencia Central Anticorrupción en el ministerio de agricultura, que entonces estaba al cargo de miembros del partido Autodefensa.

Nada más cesar en funciones, anuncia a diestro y siniestro que en Polonia nadie puede vivir seguro, que estamos en un país totalitario. La oposición encabezada por la Plataforma Cívica le sigue el juego. Es más, la Liga de las Familias Polacas y Autodefensa, que han abandonado la coalición gobernante, quieren hacerle candidato a primer ministro. Su posterior encarcelamiento acerca a Polonia al estalinismo, la pone de patitas en la calle fuera de la UE, supone un ataque a los más elementales derechos humanos etc, etc. “¡Queremos pruebas!”. Hasta aquí llegó quedó la prensa fuera del país, por lo menos la española. Luego, sólo silencio.

Y al día siguiente en una rueda de prensa las pruebas aparecen. No son aún pruebas de culpabilidad, pero sí de perjurio de Kaczmarek y del antiguo comandante en jefe de la policía. Además se demuestra la existencia de sospechosas conexiones entre políticos y hombres de negocios, que a su vez tienen contratados en sus empresas a ex-políticos de varios colores y a ex-agentes de los servicios comunistas: vamos, eso de lo que se llevaban mofando dos años en Polonia y fuera de ella. ¿Y entoces que dicen en la oposición? Antológico: “que estamos en el Gran Hermano”, “que los ciudadanos no saben si la noche siguiente la pasarán en la cárcel”, “que el gobierno vigila a sus propios funcionarios” (esta perla es de Olejniczak, jefe de los ex-comunistas). Uno de los principales problemas de los políticos polacos (y de todo el mundo conocido, supongo), es que un día usan un argumento, al día siguiente el contrario y ni se inmutan. La gente de a pie tiene por lo general más memoria.

Hay otro detalle que explicar: el propio Kaczmarek comenzó su dudosamente brillante carrera ya en el aparato comunista. La oposición lo tenía en bandeja de plata, pero la avaricia rompe el saco. En lugar de esperar a ver si había o no pruebas y entonces atacar al gobierno por poner a gente tan poco fiable en puestos tan relevantes en el primer supuesto (que sería una bola de set) o por romper efectivamente las reglas del juego democrático al encarcelar a alguien ilegalmente (bola de partido), quisieron ir por la vía rápida y quitarle la raqueta al contrario. El tiro les salió por la culata. Ahora van por detrás en los sondeos, y Autodefensa y la Liga podrían no entrar siquiera en el próximo Parlamento.

Para terminar, a la pregunta de por qué el gemelo primer ministro confió en Kaczmarek, sabiendo de dónde éste había salido, respondo como Rafał Ziemkiewicz de “Rzeczpospolita”, uno de los pocos diarios que conservaron la sangre fría: seguramente quiso dividir a la antigua vieja guardia, una tentación a la que tampoco se resistió Wałęsa, y tener así a sus órdenes a alguien con tanto que perder que dejara de lado antiguas lealtades. Le salió mal, pero se ve que sacó rapidamente consecuencias de su error.