Archivo para junio 2007

¿Germanofobia?

junio 30, 2007

La reacción de gran parte de los medios de comunicación europeos antes, durante y depués de la Cumbre de Bruselas a la actitud de los mandatarios polacos ha sido por lo general bastante agria, si bien es cierto que una vez conseguido el acuerdo comenzaron a oírse voces de políticos y periodistas que justificaban o incluso felicitaban al presidente Kaczynski por su eficacia. Esta crítica se notó principalmente en Alemania, cuya prensa calificó casi de irracional la postura polaca. Sólo Alan Posener del “Die Welt” argumentaba que las matemáticas daban la razón a Polonia.

Lo que está claro es que no se trataba aquí de animosías, antieuropeísmo, antigermanismo o de capricho de los poderosos gemelos polacos. De hecho, una de las cosas que más impresión debió causar fue el respaldo unánime del Parlamento polaco al presidente, algo que rara vez ocurre: sólo los postcomunistas se mostraban reacios a “morir por una raíz cuadrada”, pero incluso su líder, Wojciech Olejniczak, felicitó a Kaczynski por el resultado de las negociaciones. Se trata de un conflicto de intereses y hablar de germanofobia por parte de los gemelos Kaczynski o de los polacos en general (que de eso también se ha escrito mucho estos días) no sólo es exagerado: sencillamente no tiene fundamento real. Hasta hace seis o siete años lo máximo que podía percibirse, y eso en medios alarmistas como “Nasz Dziennik”, era el temor a que una vez dentro de la Unión Europea muchos alemanes se decidieran a comprar terrenos o inmuebles en Polonia y que eso pudiera entrañar algún tipo de riesgo para la soberanía nacional. De eso no queda ya rastro alguno, más aún cuando han sido curiosamente empresas españolas las que el pasado año compraron nada más y nada menos que el 60% de los terrenos vendidos en todo el territorio polaco.

Voces como las del “Corriere della Sera” o el “Le Figaro”, que aseguran que los nacionalistas polacos tratan a Alemania como a su énemigo público número dos (después de Rusia) están fuera de lugar. Ni siquiera la portada de mal gusto que el semanal “Wprost” dedicó a Angela Merkel (un montaje fotográfico que la presentaba dándo de pecho a los Kaczysnki con el título “La madrastra de Europa”) ha levantado la polémica en el país: sencillamente, políticos y medios de comunicación han calificado la publicación como grosera. La canciller alemana tiene buena prensa en Polonia a pesar de su firmeza durante la cumbre: se apreció mucho su apoyo y el de Barroso frente al embargo de carne por parte de Rusia y ha hecho notar que comprende también el peligro que el gasoducto que conectará directamente a Rusia con Alemania pasando por el fondo del mar Báltico puede suponer para la seguridad energética de Polonia, aunque no ha podido hacer gran cosa para evitar el comienzo de la construcción: Gerhard Schroeder dejó firmado el acuerdo con Rusia en las últimas semanas de su mandato, y ahora representa los intereses de Gazprom en el consejo de administración de la empresa constructora del canal.

Hay quien asegura que, efectívamente, Polonia ha conseguido un importante éxito en Bruselas, pero que los métodos empleados pueden aislarla de los demás países. ¿Perderá Polonia amigos? Ya se ha visto que con los eurodiputados alemanes será complicado ponerse de acuerdo, a pesar de que Merkel afirma que desea que Alemania mantenga con Polonia unas relaciones tan fluidas como con Francia. Pero si es verdad que las formas de Polonia distaron de ser elegantes en las negociaciones, también lo es que no jugó sola en Bruselas: la República Checa demostró ser un aliado leal en la lucha por el método de raíz cuadrada y fue Lituania la que se ocupó de la cuestión energética. Afirma Piotr Semka en “Rzeczpospolita”: “Polonia es demasiado grande para poder equipararla a un país de Europa Central sin aspiraciones a una política ambiciosa, pero demasiado débil para agrupar en torno a sí a sus vecino más pequeños”. Aún así, estos países han visto que Polonia es capaz de negociar con eficacia, y Mariano Rajoy, jefe de la oposición en España, ha agradecido a Kaczynski con cierta ironía que defendiera los intereses de España en lugar de Zapatero. En cualquier caso, Bruselas no ha sido nada personal, sólo cuestión de negocios.

Bruselas: ¿fin de la histeria colectiva?

junio 26, 2007

Y se acabó la cumbre en Bruselas. Las opiniones de la prensa internacional durante esos días sobre la posición de los Kaczyński rayaban lo histérico. Ahora ya se han calmado algo, pero no pasan de superficiales.

Desde luego no se escribirá nada acerca de cómo los polacos han seguido los acontecimientos, y merece la pena saberlo: Wojciech Olejniczak, líder de los postcomunistas felicita al presidente lo logrado y agradece su esfuerzo, y Donald Tusk, jefe de Plataforma Cívica – principal partido de la oposición- dice que fue demasiado blando. Un momento: ¿pero no eran estos más proeuropeos que los Kaczyński?¿y menos radicales? ¿y más simpáticos?

¿Entonces, …? Entonces, querido amigo, lo primero que puede hacerse es sospechar de la existencia de un ente llamado “razón de Estado”.

La gente de Polonia

junio 17, 2007

El jueves fue uno de esos días que me confirman que de verdad merece la pena estar en este país y que lo mejor que tiene Polonia es su gente. Tuve la suerte de entrevistar a Jan Grzebski (el hombre que recuperó el habla y empezó a moverse después de años en coma primero y de parálisis total después). Fue hora y media larga pero se me hizo cortísimo el tiempo. Tuve luego que resumirlo mucho por falta de tiempo y espacio primero, y porque no todos los gestos de una conversación se pueden transmitir (o por lo menos yo todavía no puedo), pero me parece que el resultado es bueno. Lo dejo aquí tal y como me lo publicó la Gaceta de los Negocios.

H.J.P. – ¿Salían a pasear antes de que comenzara a recuperarse?

Jan Grzebski – ¡Ni hablar! Eso era imposible. –Habla en voz baja pero se puede comprender perfectamente lo que dice.

Gertruda Grzebska – Lo intentamos, pero no había manera. Su cuerpo estaba inerte y tendríamos que atarlo a la silla.

H.J.P. – Veo que maneja relativamente bien el brazo. Fue en abril cuando hizo sus primeros movimientos desde hacía 19 años ¿no es así?

G.G. – Bueno, antes había algún movimientos, pero ahora los domina. Igual con el habla. Antes sólo se le escapaban algunas palabras.

J.G. – Ahora ya ve. Puedo construir frases completas.

H.J.P. – ¿Y cómo se entendían durante todo este tiempo?

G.G. – Con los ojos. Sólo con ayuda de los ojos.

J.G. – Es que son 42 años de casados. Sabe todo lo que pienso.

G.G. – Jan, se te nota ya cansado. Vamos, subimos a casa.

Los Grzebski viven en la entreplanta de un bloque nuevo, pero que carece de ascensor. El aparato, que instalaron el jueves pasado, sirve en teoría para facilitar la entrada del señor Grzebski a su casa, pero más bien dificulta la operación, así que con la ayuda de un vecino levantamos a pulso la silla de ruedas.

G.G. – Vino la televisión, montaron el aparato éste y nada. No sirve.

J.G. – No te preocupes, dejamos esta noche la puerta abierta y ya se lo llevará alguien (risas).

G.G. – Ahora podemos salir juntos de vez en cuando. Y vamos a la rehabilitación. Pero es un lío. Hay que poner a todo el bloque en guardia.

Entramos. Es un pequeño piso de tres habitaciones decorado con buen gusto. Algunas imágenes como la de la Virgen de Czestochowa manifiestan la fe de los habitantes de la casa. La señora Grzebska tumba a su marido en el sofá con movimientos bien precisos.

G.G. – La verdad es que ya no tengo fuerzas. Un día tras otro repitiendo lo mismo… Ha habido días que hasta las tantas de la mañana han estado aquí. Han venido de todos sitios.

J.G. – Tienes que poner un magnetofón.

G.G. – Pero en mi casa me enseñaron que a los invitados hay que recibirlos. Y ¿qué iba a hacer? ¿Dejarle en la calle con el calor que hace? Si veo ya a alguien que necesita ayuda, tengo que echarle una mano.

H.J.P. – Por eso sigue vivo su marido…

J.G. – Si no es por ella yo ya no estaría en este mundo. Sé que debo mucho al hospital, pero sobre todo siento un agradecimiento indecible a mi esposa, que durante esos 19 años no me ha abandonado ni un momento; siempre ha estado a mi lado, haciendo todo lo que necesitaba y siento que a ella le debo la vida.

G.G. – Ha sido mucho trabajo. Muchas lágrimas también. Pero sin ese esfuerzo no habría habido milagro. Mírele las piernas. Las tiene sin ninguna herida, ni venas hichadas, ni moratones. Tenía un poco en los glúteos, pero ya se le fue. Y en el hospital, ;hay que ver cómo están algunos pobres enfermos! Pero a Jan lo hemos cuidado, toda la familia lo ha tratado con mucho cariño.

H.J.P. – ¿Cómo reaccionó la familia cuando comenzó a deteriorarse la salud de Jan?

G.G. – He estado pensando en eso últimamente y creo que les enseñé a llevarlo. Antes estaba sano y de repente está tumbado y sólo nos podía mirar. Y nuestros hijos venían al salón, se sentaban y hablaban con él. Y cuando dejaron de vivir con nosotros, pues venían también con los nietos.

H.J.P. – ¿Y cuál es el pronóstico?

G. G. – Mire, ayer vino a casa un médico muy conocido en Polonia, pero no puedo decirle ni de dónde es. Y dijo: “Este hombre andará de nuevo”. En el hospital no han encontrado su historial. Yo creo que sienten un poco de vergüenza.

H.J.P. – ¿Vergüenza por qué?

G.G. – Porque pensaban que yo les había contado no sé qué historias a los periodistas y no acababan de creer que habíamos estado cuidando a Jan en casa todo este tiempo. Ahora le harán una revisión en la cabeza, pero me han dicho que podría ser que el tumor que tenía se haya secado. Yo ya no sé. Pero tampoco sé las veces que creía que se nos iba, si cien o más. Las veces que se ahogaba con su propia saliva y tenía que darle agua helada y entonces escupía una especie de flema horrible.

H.J.P. – ¿Y cómo podía llevarlo sola?

G.G. – Rezaba mucho. Lloraba también mucho. El año pasado, cuando tuvimos que ingresarle ya no podía más. Y entonces le pedí a Dios que hiciera lo que viera mejor, que me ayudara a llevarlo porque estaba sin fuerzas, que no iba a decirle yo lo que tenía que hacer. Y no sé cómo aguanté todo el mes allí, día y noche. Las enfermeras me animaban a ir a dormir a casa pero yo no quería. ¡Y si al día siguiente me lo encontraba sin vida!

H.J.P. – ¿Y en qué pensaba usted durante todos estos años?

J.G. – Recuerdo estos años un poco como nublados. Eso de que al enfermar recordaba sólo vinagre en las tiendas y ahora todo es de color es una exageración de los periodistas. Pero durante este tiempo pensaba en que tenía que seguir viviendo. No podía dejarla sola. Ya ve la fuerza de voluntad que tiene, ella se las apañaría muy bien. Pero no es lo mismo estar solo.

“Me di cuenta de que Dios tiene sentido del humor”

La vida de Jan y Gertruda Grzebski cambió diametralmente desde que él, 19 años después de quedar paralizado y en estado vegetativo tras recibir el impacto de una locomotora, volvió a hablar y a moverse.

La noticia, recogida por el diario local, Gazeta Dzialdowska, corrió como la pólvora por toda Polonia primero y por todo el planeta al poco tiempo. Hubo quien trató luego de quitarle peso al acontecimiento argumentando que no podía hablarse técnicamente de un estado de coma, y los doctores siguen aún sin ponerse de acuerdo sobre lo sucedido, pero lo importante para los Grzebski no es la denominación exacta de la enfermedad, ni el renombre mundial adquirido. Ellos, y especialmente Gertruda, ven claro que todo el esfuerzo de la familia ha tenido sentido, y que sin el cariño de todos el “milagro” no habría tenido lugar.

Esta valiente pareja ha aprendido incluso a reírse de las exageradas formas de algunos medios decomunicación de contar su historia. Pero la protagonista verdadera de este relato que ha recorrido todo el mundo es la señora Grzebski. Ella reconoce haber tenido numerosos momentos de cansancio en los que lloró, pero siempre estuvo al lado de su marido. Recuerda los numerosos momentos en los que ha rezado para pedir a Dios que le diera fuerzas: “Aguanté y luego me di cuenta de que Dios tiene sentido del humor. Antes yo le trataba con mucha seriedad, pero desde hace unos meses le digo: “Yo que te pedía sólo aguantar, y vaya lío que has montado ahora”.

Los papeles de Wałęsa

junio 15, 2007

Nunca es tarde si la dicha es buena. Wałęsa publicó por fin las actas que escribió sobre él la policía secreta comunista. Y sin embargo nos queda un mal sabor de boca. Antoni Dudek, prestigioso historiador, afirma que las páginas publicadas no introducen nada nuevo. Es más, el antiguo dirigente de Solidaridad pone a nuestra disposición los documentos que le interesan, los de los años 80.

Muchos se extrañan fuera de Polonia. ¿No es exagerado tratar de echar al polaco vivo más universal del pedestal al que la historia lo subió con todo merecimiento? A esa pregunta hay que responder que es el mismo Wałęsa el que ha hecho todo lo posible e imposible por desprestigiarse. Aunque el fichero original de Wałęsa fue seguramente uno de los primeros que desapareció en la gran quema de papeles de los años 1989-1991 y lo que quedó desapareció en misteriosas circunstancias, los archivos (y en especial los archivos de los servicios comunistas) dejan siempre rastros. Los historiadores con los que he tenido ocasión de hablar opinan que Wałęsa pudo ser obligado a colaborar a principios de los años 70 con la sombría SB y que escapó de sus garras algo más tarde.

Evidentemente, su heroica actuación como líder de Solidaridad supera con creces cualquier hecho anterior. Es más: podría mostrar a la gente que pueden lograrse grandes objetivos superando los momentos de debilidad. No caería del pedestal sino todo lo contrario. Desgraciadamente, su comportamiento de ahora sólo consigue acrecentar absurdamente las sospechas de que tiene algo que ocultar. ¡Qué pena!

Los otros y Jaruzelski

junio 8, 2007

El articulo de Simón Tecco en defensa del general Jaruzelski contiene errores de fondo y de forma. No me extrañó su publicación, pues continua la línea de ABC en los últimos meses, pero esperaba una argumentación mas sutil.

Para empezar, el escándalo no es que, “después de 17 años”, “después de tanto tiempo”, se ponga a Jaruzelski delante de un tribunal. No nos dejemos embaucar por un truco retórico tan vulgar: el escándalo es precisamente que Polonia ha tenido que esperar 17 años a hacerlo. Y eso ha pasado porque Jaruzelski y sus camaradas no estaban preocupados de “garantizar a Polonia la transicion a un regimen democrático”, sino la de garantizarse a sí mismos la mayor cantidad de privilegios posibles. Buscaban, como dicen en Polonia, “aterrizar en blando” en el nuevo sistema democrático que llego no gracias sino a pesar de ellos, y hubo quien les ayudo a conseguirlo hasta hoy. Espero que me perdone la dureza, pero un periodista que habla sobre Europa del Este debería saber que los partidos comunistas de los países satélites de la URSS dejaron en los años 80 de ocuparse del marxismo para transformarse en “mafias rojas”.

Si en 1981 el señor Tecco hubiera afirmado que la ley marcial protegió a los polacos de una invasión de los paises “hermanos” capitaneada por la Union Soviética sería lo mas normal del mundo: los mejores corresponsales españoles tambien lo creyeron así. Pero que en 2007 cite solo la versión de Jaruzelski es grave: o desconoce o quiere desconocer que tanto la correspondencia entre Jaruzelski y Brezniev como los informes de encuentros entre altos funcionarios de la dictadura comunista polaca con personal de la Embajada Soviética en Varsovia demuestran exactamente lo contrario. El Kremlin no tenia intención de entrar en Polonia porque no le convenía: por un lado acababan de invadir Afganistán y su doctrina militar excluía la guerra en dos frentes. Por otra parte, desde el punto de vista propagandístico preveían consecuencias peores que las que conllevó la Primavera de Praga. La respuesta de Brezniev fue tajante, y venía a decir: “vuestros problemas con “Solidaridad” debeis arreglarlos solos”. En cualquier caso, da por buena la versión del general sin siquiera mencionar lo que dice la otra parte.

Afirma Tecco al final de su texto que la llamada “caza de brujas” nada tiene que ver con los principios democráticos ni con los valores cristianos que dicen defender los Kaczyński. Lech Wałęsa puede perdonar a título personal a Jaruzelski, y eso puede ser muy noble y cristiano. Podría, si fuera aún presidente de Polonia, conceder la amnistía a quien quisiera, también a Jaruzelski si es condenado. Pero yo no sé desde cuando la amnesia es una virtud, ni desde cuando tiene el premio Nobel potestad para perdonar en nombre de todas las victimas del comunismo, ni desde cuando juzgar crimenes reales con muertos reales constituye un paso adelante hacia el totalitarismo, ni por qué se tiene que presentar al general Jaruzelski como a una victima que se “arriesga” a un proceso: las victimas fueron “los otros”.

Delirios

junio 8, 2007

Conmovedora la preocupación de ABC por las lecturas de las que se verán privados los estudiantes polacos. Debo confesar que mi primo primis fue una carcajada, pero no tardé en ponerme serio y explicaré por qué.

Que en Polonia se discuta sobre la conveniencia de que se encuentre en el canon de lecturas escolares un autor que representa una tradición patriótica más o menos vigente o una determinada línea de pensamiento entra dentro de lo normal. Aún así, como hace un par de días afirmaba en un coloquio en Varsovia un afamado polonista, el debate actual carece del menor sentido, la cuestión es muy secundaria. La única necesidad imperiosa es conseguir que los bachilleres lean: cualquier cosa, pero que lean y se formen intelectualmente. Además, seguía, el canon no lo constituyen los funcionarios sino los lectores.

En este contexto el santo celo de ABC resulta bastante ridículo. ¿Cuántos bachilleres españoles – y hablo aquí de buenos estudiantes de buenos colegios- llevan debajo del brazo obras de Kafka, Goethe o Dostoievski, …, o leen la mitad de lo que leen sus compañeros polacos? Siento mucho decirlo, pero en el canon de los jóvenes españoles resulta complicado encontrar publicaciones más serias que el Marca. Polonia sigue siendo otro mundo en este sentido, lo que puedo asegurar como profesor en un colegio de este país.

Cuestión aparte es que las listas de lecturas son muy opinables, incluso si nos referimos a obras maestras de la literatura, y que conste que algunos de los cambios que el Ministerio de Educación polaco no me agradan. Recuerdo muy bien el día en que el profesor de lengua española allá por segundo de BUP nos aconsejó en clase no leer el Quijote entonces y dejarlo para algunos años más tarde. Tenía razón.

En otro orden de cosas, pero siguiendo con la lista de marras, me gustaría mostrar varias contradicciones en los últimos artículos de su periódico acerca de Polonia.

La primera es que se desconoce por completo que dentro del propio gobierno polaco existen posiciones diversas. Por poner los ejemplos más evidentes, los Kaczyński (presidente y primer ministro) y el ministro de Cultura Ujazdowski están en contra del proyecto del canon. La tradición patriótica de los gemelos es diferente a la del ministro de Educación Giertych, por lo que no es correcto achacarles a ellos la idea.

Luego, ¿cómo conciliar la caza y quema de brujas que supuestamente tiene lugar en Polonia con la aparición en la lista de lecturas de Ryszard Kapuściński? ¿No lo quieren echar del pedestal a toda costa y empleando las más sucias argucias por su colaboracion con el servicio de espionaje comunista?

Y por último ¿cómo puede un mismo corresponsal escribir un panegírico a Jaruzelski y a las dos semanas desacreditar a un escritor por haberle apoyado en la época de la ley marcial?

No soy fan ni de Jan Dobraczyński, que así se llama el literato en cuestión, ni del ministro de Educación polaco, ni de la coalición que gobierna Polonia en estos momentos, pero entiendo que los argumentos que se usen en su contra han de ser coherentes. En fin, esto pasa y seguirá pasando mientras los corresponsales de ABC alrededor de Polonia sigan teniendo como fuente de información exclusiva al ex-periódico de Solidaridad “Gazeta Wyborcza”. El panorama mediático polaco ha cambiado enormemente en los últimos tres años, sobre todo a partir de la entrada de la empresa Axel Springer con el periódico Dziennik y de la recuperación de Rzeczpospolita. Hay dónde elegir.

Los brigadistas polacos

junio 8, 2007

Tanto políticos como periodistas españoles se están luciendo a la hora de hablar de Polonia. Como casi siempre, la vanguardia es El País. En un “memorable artículo”, el corresponsal de EFE en Varsovia escribe: “la cancillería de Kaczyński prepara un proyecto de ley que suprimirá las rentas especiales concedidas a los veteranos de la II Guerra Mundial y de la lucha contra el fascismo”.

Seguramente ante el silencio de otros medios de comunicación los senadores del PP se ha unido al aquelarre senatorial y ha suscrito una moción junto a todos los demás grupos en apoyo a los brigadistas polacos que participaron en la Guerra Civil española. Tanto senadores como periodistas se escandalizan por una ley (que aún no existe, por cierto) que creen vejatoria para los “dombrosiacos”, antiguos brigadistas polacos que participaron en la Guerra Civil.

La ley despojaría a los ex-combatientes de copiosas rentas, que les habían sido asignadas por el régimen comunista. Primero habría que preguntarse por qué debería Polonia pagar a alguien por participar en un conflicto ajeno, cuando el país se declaró neutral. Pero es que a los polacos no les importa nuestra guerra en su ley de descomunización: Monika Domańska, attache de prensa de la Embajada de la República de Polonia en Madrid, dice elegantemente que la ley afectará sólo a quellas personas que hayan cometido crímenes durante la época comunista, y que no se pueden comentar medidas de una ley que aún no ha visto la luz.

Yo soy menos cortés que Domańska y voy un poco más lejos: el Senado del talante podría preguntarse y preguntar qué hicieron esas personas antes y después de la Guerra Civil Española. Parte de los combatientes polacos de nuestra guerra habían emigrado con anterioridad a Francia, para trabajar en las minas del norte. Otros venían directamente de Polonia. Alrededor del 90% de estos últimos se reclutaban del Partido Comunista Polaco, que de polaco tenía sólo el nombre: ya durante la guerra de 1918 a 1921 en la que Polonia frenó la invasión de los bolcheviques se declaró partidario de la Unión Soviética. Y el “general polaco”, Świerczewski, también: era entonces oficial del Ejército Rojo. En la II Guerra Mundial respetaron escrupulosamente el pacto Ribbentrop-Molotov, sin defender a su patria de nazis o soviéticos. Świerczewski sólo empuñó las armas cuando Hitler traicionó a Stalin. Después de la Guerra Mundial, muchos de los dombrosiacos supervivientes desempeñaron un papel importante tanto en el sombrío Ministerio de Seguridad Pública (MBP) como en la construcción del aparato de espionaje.

La frase más surrealista del mencionado artículo está referida también a Świerczeswki y reza así: “a los conservadores y liberales varsovianos, que tienen mayoría y están por igual obsesionados con la revisión del pasado, no les convencen los argumentos de que el dombrosiaco más famoso, el general Walter Karol Świerczewski, se merece el mayor respeto y admiración. Fue jefe de la 35ª División Internacional que defendió a la República Española, pero, perdida la guerra de España, retornó a Polonia y de allí, cuando fue ocupada por los nazis, huyó a la Unión Soviética. Volvió a empuñar las armas cuando Hitler atacó a la Unión Soviética y participó en la liberación de Checoslovaquia.” Bien, ya que seguimos con Walter, merece la pena recordar que su mayor hazaña en la II Guerra Mundial fue quedarse con 5 (¡cinco!) soldados de los 10.000 que dirigía como jefe de la 248 división del Ejército Rojo durante la batalla de Viazma en 1941. Esa catástrofe y la también calamitosa derrota de Budziszyn en 1945 no le impidieron seguir avanzando en el escalafón. Su alcoholismo era universalmente conocido y su pseudónimo (adquirido en España) procedía de la marca de su revolver, con el que ejecutaba personalmente a prisioneros de guerra.

Por cierto, no estaría de más que el Senado explicara de dónde ha sacado la información de que se discrimina a los viejos camaradas. Porque casi seguro es que no proviene de Polonia: resulta que la mayoría de los brigadistas supervivientes no tienen nada que temer aquí: fueron expulsados y “emigraron” a Israel u otros países en 1968 después de las luchas intestinas del partido comunista que desembocaron en la única expulsión de judíos de la historia de Polonia. Al parecer sólo quedan tres en Polonia. En cuanto se entere El País, la que armará otra vez con otro tema que le encanta tergiversar: el supuesto antisemitismo polaco.

En fin, aunque no podían salir de su asombro, los polacos no dijeron nada cuando España se decidió a colmar de honores a los miembros de las Brigadas Internacionales. Entendieron que poco se puede explicar a quien no ha experimentado 40 años de comunismo. Pero de ahí a dejarse abofetear media un trecho y los polacos -a diferencia de los españoles- conocen bien su propia historia y están orgullosos de ella.