Walesa: cómo destruir la propia leyenda

Publicado febrero 24, 2016 por Higinio J. Paterna Sánchez
Categorías: Polonia

Volvió a suceder. Polonia es un país en el que hay que ser paciente. Pasan los años y opiniones que eran tenidas por indignas de ser siquiera pensadas por gente bien, resultan ser la verdad más verdadera.

Sin la más mínima satisfacción por haberlo puesto aquí hace ya casi ocho años, más bien triste…

Escrito para La Gaceta

 

El Instituto de Memoria Nacional de Polonia dio ayer acceso a las actas personales del agente “Bolek”, al que se identifica con Lech Wałęsa, mítico dirigente de Solidaridad. A pesar de que éste niega cualquier colaboración con la policía secreta comunista, la temida SB – Służba Bezpieczeństwa– , los documentos suponen una prueba prácticamente irrefutable de que el expresidente fue confidente de los servicios de represión. Incluso defensores acérrimos de Wałęsa hasta la fecha, tales como el historiador Andrzej Friszke, reconocen la autenticidad de los documentos que entregó al Instituto de Memoria Nacional polaco la viuda del general Czeslaw Kiszczak, último ministro del interior de la era comunista.

 Aun así, el contenido de las carpetas ha sorprendido a pocos, si acaso por la gran cantidad de personas a las que Bolek pudo perjudicar con sus delaciones. Efectivamente, la noticia no es nueva, especialmente desde que en 2008 los historiadores Piotr Gontarczyk y Slawomir Cęckiewicz publicaran SB y Lech Wałęsa. Reflexiones sobre una biografía, libro en el que analizaron metódicamente los documentos disponibles hasta entonces, que no dejaba lugar a muchas dudas y por el que fueron atacados brutalmente antes de que saliera a la venta. Wałęsa ha tenido innumerables ocasiones para afrontar el duelo con su pasado. Desgraciadamente, la imagen que sale de los “nuevos” papeles es la de un agente que informa sin que medie chantaje alguno y por dinero y, según la SB, es la menguante remuneración la excusa de Wałęsa para dejar de ofrecer sus servicios. En este contexto suena a macabro el relato de su esposa Danuta en el libro Sueños y  secretos, cuando menciona que en casa andaban escasos de dinero, pero que la providencia cuidaba de ellos porque Lech ganaba a la lotería siempre que lo necesitaban.
walesa en astilleros de Gdansk

El revuelo que ha generado la viuda del general Kiszczak es comprensible, porque no se trata solo del comportamiento de Wałęsa, a quienes sus seguidores de entonces perdonarían aún hoy si él mismo pidiera perdón – incluso antiguos compañeros de lucha, tales como Kornel Morawiecki, hoy presidente senior del Congreso, le han animado a dar ese paso para que la verdad sanee el ambiente. Los documentos confirman que el joven Wałęsa colaboró con los comunistas de 1970 a 1976, cuando era un obrero anónimo más en los astilleros Vladimir Ilich Lenin de Gdansk, pero no nos hallamos ante un descubrimiento de “cosas del pasado”, ya que las consecuencias para la vida política y social polaca que esos y otros documentos han tenido y quizá sigan teniendo son incalculables.Fue precisamente para impedir que la verdad sobre su pasado viera la luz del día que el entonces presidente Wałęsa lideró la defenestración del gobierno de Jan Olszewski en junio de 1992, cuando, cumpliendo con una ley aprobada por el parlamento, elaboró una lista de antiguos agentes y confidentes de los servicios secretos entre los altos cargos del país. Wałęsa también se apropió indebidamente en esa época de documentos que probaban su anterior doble vida.

Políticos de la oposición, tales como Ryszard Petru, jefe del partido Nowoczesna han tratado de presentar la situación como un ataque ideado por Jarosław Kaczyński, líder de Ley y Justicia, ahora de nuevo en el poder. El antagonismo de Kaczyński con Wałęsa, a quien hizo presidente en 1990, es harto conocido, pero hace falta una imaginación desbocada para pretender que haya podido influir de cualquier manera en la decisión de la señora Kiszczak. Sea como fuere, lo indudable es que el peor enemigo de Lech Wałęsa es el propio Wałęsa, cuya versión de los hechos cambiaba según le convenía: unas veces sostenía que firmó sólo unos papeles, otras que no firmó nada,  otras que salió victorioso del acoso de la SB, otras que todo era una estrategia para engañar a los servicios secretos… Sus defensores de ahora, en su mayoría de la izquierda liberal, tienen varios problemas: en primer lugar, durante años, mientras no les fue útil, trataron con el desprecio más absoluto al exdirigente sindical, acusándole en Gazeta Wyborcza, el que fuera diario de Solidaridad, de ser un dictador que navega sobre las olas del antisemitismo, un bolchevique, o comparándolo un padre borracho y maltratador mujeres y lo describieron como una amenaza para la democracia y una caricatura de ésta, destructor de Solidaridad, alguien parecido a Lenin y Stalin… Por otro lado, son ya numerosas las ocasiones en que Wyborcza trata de defender contra viento y marea a un supuesto agente o confidente de la policía secreta comunista y las sospechas acaban confirmándose – y eso ocurrió incluso entre sus propios redactores.

Numerosos periodistas, historiadores y políticos –entre ellos el presidente Andrzej Duda – resaltan que no se trata solo ni principalmente de Lech Wałęsa, cuyos logros de los años 80 – cuando se puso a la nación por montera y puso en jaque al imperio soviético – nadie cuestiona. La pregunta es ¿cuántos armarios repletos de documentos como el de Kiszczak hay en Polonia o fuera de Polonia? Porque es evidente que este tipo de papeles –falsificados o no – han servido o pueden aún servir para chantajear a representantes de la clase política polaca.

A pesar de todo, conviene resaltar que esta historia puede y debe servir para resaltar la grandeza de Solidaridad, un movimiento único de millones de héroes anónimos, que derrotó al comunismo a pesar de las debilidades de su más famoso líder.

El respeto polaco a la tradición cristiana de la Cabalgata

Publicado enero 7, 2016 por Higinio J. Paterna Sánchez
Categorías: Polonia

Publicado en La Gaceta

Mientras en España las Cabalgatas de Reyes sufren el acoso laicista, en el otro extremo de la Unión Europea se abren paso con fuerza con un mensaje indudablemente cristiano.

Más de cuatrocientas localidades de Polonia organizaron cabalgatas de reyes, la televisión pública se ha hecho cargo de la transmisión en directo durante dos horas y al séquito de sus majestades de Oriente en Varsovia se unió el presidente de la República, Andrzej Duda.

Incluso en las ciudades en las que gobiernan políticos de la izquierda postcomunista, las cabalgatas polacas tienen un claro carácter no solo familiar, sino también evangelizador: los Reyes, siguiendo la estrella de Oriente, se dirigen al portal de Belén a pesar de la oposición de Herodes, y entregan sus dones a la Sagrada Familia mientras las multitudes cantan villancicos que en estas tierras son verdaderos tratados de teología.

Polonia, país muy católico… La cosa podría parecernos bastante normal, pero hace apenas ocho años el 6 de enero era un día laboral más, los comunistas eliminaron la fiesta del calendario en 1953. Las cabalgatas tampoco habían sido nunca una tradición en este país, el frío de la época no invita a pasar mucho tiempo a la intemperie, y menos en compañía de los más pequeños. Sin embargo, todo eso no fue obstáculo para un grupo de osados profesores y padres del colegio varsoviano “Żagle”: los teatros de la ciudad ya no bastaban para albergar la clásica representación navideña que ponían en escena cada año y decidieron tomar la calle el domingo antes de la Epifanía. Esa primera vez se les unieron unos 5.000 habitantes de la capital, que acompañaron a los magos desde la Plaza del Castillo hasta el Mercado Nuevo, donde los monarcas rindieron pleitesía al Niño Jesús mientras la multitud entonaba villancicos. Al año siguiente se les unió una decena de colegios de la ciudad, miles varsovianos con coronas de cartón en sus cabezas volvían a luchar entusiasmados contra el intenso frío y otras cuatro ciudades de Polonia se sumaron al festejo. En 2010, gracias a las cabalgatas y a la iniciativa de personajes relevantes, el gobierno polaco decidió que el día de Reyes volvería a ser festivo.

La cabalgata también ha tenido una acogida muy calurosa por parte de todos los medios polacos, precisamente por ser ésta una época en la que, debido a las inclemencias del clima, en la calle no pasaba absolutamente nada. Lo más llamativo de la iniciativa es que todo discurre en un ambiente festivo y colorido, pero no consumista: ¡en la mayoría de las cabalgatas ni siquiera hay caramelos! Algo ayuda el que en esta zona del Europa los regalos los trae san Nicolás la víspera de Navidad, en vez de Melchor, Gaspar y Baltasar. Pero quizá el secreto esté en la autenticidad, en que quienes organizan los festejos son generalmente voluntarios, no activistas, que saben cuál es el mensaje que tienen entre manos y no lo diluyen entre carrozas de Disney o Harry Potter, y también en el ambiente tan especial que se crea sencillamente cantando todos juntos y transmitiendo a los pequeños la tradición común de los mayores.

Los polacos ya han llevado “su” cabalgata a Gran Bretaña, Alemania, EE.UU, Italia, Rumanía, Ucrania, Ecuador, República Centroafricana, Eslovaquia y Uganda. Convendría aprender algo de este éxito.

Cindirella man

Publicado noviembre 2, 2015 por Higinio J. Paterna Sánchez
Categorías: Polonia

Ley y Justicia recupera el poder después de ocho años y se convierte en la primera fuerza política en conseguir la mayoría absoluta en el parlamento polaco tras el desmoronamiento del comunismo. Al igual que Andrzej Duda en las elecciones presidenciales del pasado mayo, Jarosław Kaczyński y su partido han logrado vencer a pesar de la oposición de los medios de comunicación.

La primer ministro Ewa Kopacz, designada por Donald Tusk hace un año por para llevar el timón del gobierno tras ser él nombrado presidente del Consejo Europeo, fue incapaz de frenar la ola de descontento en contra de la coalición de la Plataforma Cívica (PO) y el Partido Campesino Polaco (PSL). Los polacos quizás les habrían perdonado a los mandatarios los numerosos escándalos en que importantes figuras de ambas agrupaciones se han visto envueltos, pero no su arrogancia, visible tanto en el modo en que desempeñaron sus funciones como en el rechazo de iniciativas populares que habían reunido millones de firmas. Todo esto tiene lugar en un contexto de crecimiento económico, a pesar de la crisis que sigue afectando a los países de la región. Aun así, las estadísticas y los datos macroeconómicos parecen importar bastante menos al ciudadano de a pie, que no ve su situación personal con tanto optimismo.

El torrente de propuestas con las que Kopacz trató en los últimos meses de captar la benevolencia de los polacos sirvió tan solo para transmitir una sensación de descontrol que se hizo más evidente conforme avanzaba la campaña. Todo su mensaje se basó en alarmar a la sociedad, previniéndola del posible regreso de Kaczyński. El progresivo viraje de la Plataforma hacia la izquierda fue una mala idea, sobre todo teniendo en cuenta que, según un estudio del centro de estudios CBOS, los jóvenes polacos tienen un interés cada vez más activo por la política y que el 39% de ellos se considera de derechas y el 30% de centro y que las redes sociales han vuelto a ser un factor clave en estos comicios. El desastre podía haber sido peor, pero es difícil imaginar que Kopacz logre mantenerse al frente del partido, y parece más que probable que este termine descomponiéndose.

Por su parte, Jarosław Kaczyński, sabedor de la antipatía que su imagen genera, decidió de nuevo pasar a un segundo plano y poner coto a sus ambiciones personales, proponiendo la candidatura de Beata Szydło al puesto de primer ministro. Tampoco abordó temas que siguen despertando fuertes emociones, como la catástrofe del avión del gobierno polaco en Smolensk, en la que murió su hermano, el presidente Lech Kaczyński, con otras 96 personas. Acertó, al igual que en las elecciones presidenciales.

Ley y Justicia logró 235 escaños – 4 más de los necesarios para la mayoría absoluta. La Plataforma Cívica se quedó con 138, seguida del comité electoral Kukiz 2015, del roquero Pawel Kukiz, con 42 diputados, que puede considerarse invitado a formar coalición con Ley y Justicia, pero que corre el peligro de perder el control de un movimiento antisistema más bien derechista que de por sí carece de cohesión, aparte de la que le da su carismático líder. Además, el músico dice alegrarse de que Ley y Justicia pueda mandar sin compañía y cargar con toda la responsabilidad del gobierno. A continuación queda Nowoczesna.pl (28 diputados), fundada por el economista Ryszard Petru, discípulo de Leszek Balcerowicz, una fuerza también nueva, en teoría de corte liberal y progresista en lo social, creada con clara intencionalidad de convertirse en áncora de salvación para la Plataforma Cívica y su socio de gobierno. Tendrá también representación el Partido Campesino, que se queda únicamente con 16 diputados, con sus principales políticos fuera del Parlamento, tras obtener un 5,13%. Este resultado vuelve a poner en evidencia el increíble 24% que obtuvieron apenas hace un año en las elecciones regionales y locales, cuando las encuestas les daban alrededor de un 8%. Por último, la minoría alemana contará con un diputado.

El aplastante triunfo de la derecha polaca no carece de simbolismo, y eso gracias del partido Razem (Juntos), una imitación de Podemos (hasta copia el slogan “Otra política es posible”) surgida hace apenas unos meses y casi totalmente desconocida hasta el último debate televisivo previo a las elecciones. Razem no logró superar la barrera del 5% que necesitaba para entrar en el Sejm, pero sus votos sirvieron para defenestrar a los postcomunistas, aliados con el movimiento Twój Ruch, de Janusz Palikot. Así, la izquierda se queda huérfana de parlamentaria. El propio Palikot, al que medios progresistas de toda Europa coronaban hace cuatro años como nuevo mesías de la izquierda anticlerical y pro LGTB polaca, ha sido humillado incluso en su propio feudo, confirmándose que esos votos que recibió en las últimas parlamentarias no anunciaban un cambio ideológico en Polonia, sino que eran simplemente una voz de protesta contra el anterior gobierno de Ley y Justicia.

La situación internacional influyó también en el curso de la campaña, especialmente la cuestión de los inmigrantes. La sociedad polaca tiene en su conjunto tiene una visión cercana a la húngara, más por considerar que la canciller Merkel ha creado un “efecto llamada” que por cualquier tipo de nacionalismo o xenofobia, y también por reticencia a aceptar una decisión –la acogida de inmigrantes – que entendía como impuesta por Berlín, y no como un efecto del consenso de los 27. La aún primer ministro Ewa Kopacz siguió la línea del mainstream europeo y eso le pasó también factura el día de las elecciones. Los políticos de Ley y Justicia consideraron hipócrita tachar a Polonia de falta de espíritu humanitario en este punto mientras consorcios de varios países de la UE –E.ON, Shell, OMV y BASF/Wintershall-  en esos mismos momentos negociaban con Gazprom la construcción de dos líneas del gasoducto NordStream 2 por el fondo del mar Báltico, inversión que pone en entredicho la solidaridad europea. Menos se ha hablado, desgraciadamente, de la situación en Ucrania.

Ley y justicia sufre ya y sufrirá numerosas críticas en el extranjero. Se le volverá a tachar de partido euroescéptico, xenófobo, ultracatólico, y un largo etcétera, pero eso carece de la menor importancia. El debate de más envergadura tendrá que ver con la defensa de los intereses nacionales en cuestiones económicas y energéticas. Las filípicas en la prensa internacional achacándole conservadurismo en temas sociales son fundamentalmente resultado de los lazos que Adam Michnik, exredactor jefe del diario Gazeta Wyborcza y legendario disidente de los tiempos del comunismo, mantiene con los medios extranjeros desde hace decenios. Pero Wyborcza está en decadencia y la opinión de “Occidente” ya no parece importar a los polacos, y menos a los jóvenes, que rechazan en masa el tono paternalista de las viejas élites intelectuales. Wyborcza y el consorcio mediático al que pertenece –Agora- no defendían el gobierno de la Plataforma Cívica tan solo gratis et amore, dicho sea de paso. Este es el reparto de los gastos de las instituciones gubernamentales en anuncios en diarios nacionales de 2008 a 2012.

anuncios gobierno PL

Tienen motivos para estar nerviosos, ¿sí o sí?

Podemos decir abiertamente que en el ring de la política polaca del último cuarto de siglo queda solo en pie un vencedor, Jarosław Kaczyński. Independientemente de la opinión que tengamos de él, quienes auguraban el fin de su carrera -y han sido legión desde los años 90- lo conocían poco y mal.

Heat

Publicado agosto 10, 2015 por Higinio J. Paterna Sánchez
Categorías: Polonia

Dicen los más viejos del lugar que nunca habían pasado tanto calor durante tanto tiempo. Acudo en auxilio de la televisión polaca, que me pregunta qué hacer en estos casos🙂

Solo en polaco, lo siento.

pytanienasniadanie.tvp.pl/21129918/cudzoziemncy-o-upalach-w-polsce

Nuevo panorama polaco

Publicado julio 28, 2015 por Higinio J. Paterna Sánchez
Categorías: Polonia

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Escrito para Aceprensa

La mayor sorpresa de los últimos meses en Polonia ha sido la derrota de Bronislaw Komorowski en su lucha por la reelección como presidente de la República. Tras una campaña llena de despropósitos, ni siquiera el apoyo incondicional de los medios estatales y de la inmensa mayoría de los privados fue suficiente para vencer al candidato de Ley y Justicia. La derrota es aún más dolorosa cuando tenemos en cuenta que antes del comienzo de la campaña electoral Andrzej Duda era un perfecto desconocido.

Jarosław Kaczyński asombró a todos, incluyendo a sus más fieles partidarios, al escoger a Duda como candidato de Ley y Justicia, pero el tiempo le dio nuevamente la razón (por tercera vez en este último cuarto de siglo: en 2005 hizo presidente a su hermano Lech y en 1990 encumbró a Lech Wałęsa, cuando las élites intelectuales de Solidaridad se decantaron por Tadeusz Mazowiecki).

Andrzej Duda, de 43 años, ha hecho gala durante la campaña de dinamismo y elocuencia, y se ha impuesto su visión de una presidencia más activa y menos representativa. La estrategia del equipo de Komorowski fracasó, entre otros motivos, por estar dirigida contra Jarosław Kaczyński personalmente. Duda, precisamente por desconocido, fue un candidato más difícil de criticar por no haber argumentos preparados de antemano contra él. En este ambiente de improvisación, algunos de los ataques resultaron contraproducentes, como cuando Newsweek –uno de los medios que menos disimulaban sus preferencias políticas – reveló la ascendencia judía de la esposa de Andrzej Duda, Agata, como si el supuesto antisemitismo de los seguidores de Ley y Justicia fuera a perjudicarle. No ocurrió así.

Durante los últimos años, los numerosos escándalos y casos de corrupción en que se han visto envueltas figuras de las más altas esferas del poder parecieron no afectar a la coalición gobernante ni al presidente, gracias en parte al incondicional soporte mediático del que gozaban. Tan seguro estaba Komorowski de ser intocable desde el principio de su mandato que dio su casa en alquiler por 10 años.

Todo ha cambiado en apenas unos meses. Ahora, incluso las iniciativas más serias de la primer ministro Ewa Kopacz apenas tienen impacto positivo en la opinión pública. Las elecciones legislativas del próximo otoño traerán no solo un cambio de gobierno, sino que supondrán una remodelación total del panorama político del país. Si la tendencia se mantiene, y nada hace prever lo contrario, Plataforma Cívica sufrirá una aparatoso descalabro. El cambio en las tendencias salta a la vista: por vez primera en Polonia, los medios sociales han desbancado a los convencionales, pues el factor decisivo ha sido el apoyo de los votantes jóvenes, mucho más aficionados a internet que a la televisión, y esos jóvenes han votado al candidato del partido de Jaroslaw Kaczyński, conservador en las costumbres y estatista en lo económico.

No es descartable que Ley y Justicia y sus dos partidos aliados consigan en octubre la mayoría absoluta, aunque es más probable que gobiernen junto con la formación del popular cantante Pawel Kukiz, un movimiento antisistema cuyo banderín de enganche son las circunscripciones uninominales y que permanece adrede sin programa hasta la fecha. La oposición al sistema en Polonia tiene poco que ver con lo que podemos observar en otros países europeos (Syriza, Podemos), incluso en la retórica antigermana, también presente. Kukiz se sirve de un discurso patriótico conservador. Fuera de contexto podría parecer nacionalista, pero en las últimas décadas se ha llegado a situaciones patológicas en segmentos de vital importancia para el Estado. Por poner los dos ejemplos más evidentes, el 90% de los periódicos locales están en manos alemanas y todos los grandes bancos del país excepto uno pertenecen a entidades extranjeras.

Mientras tanto, en una desesperada lucha por no desaparecer del Sejm, unen sus fuerzas el Movimiento de Janusz Palikot y la excomunista Alianza de la Izquierda Democrática. La extinción de los postcomunistas no estaría falta de simbolismo 25 años después de la caída del régimen – quedan cada vez menos admiradores del antiguo sistema y la Alianza no ha sido capaz de formular una propuesta atractiva para captar nuevos votantes. El Movimiento de Palikot, por su parte, entró hace cuatro años en el parlamento con el 10% de los votos, lo que numerosos medios europeos entendieron como el comienzo de un cambio social hacia el laicismo izquierdista, cuando en realidad no tuvo que pasar mucho tiempo para que se demostrara que se trataba de un voto de protesta pasajero. Cada paso por las urnas (elecciones europeas, municipales y presidenciales) ha servido para confirmar que la propuesta anticlerical y pro LGTB era poco más que un globo inflado por los medios de comunicación, más progresistas que los votantes polacos. Ahora Palikot cuenta con un apoyo que roza el error estadístico. Quizá su mayor fallo ha sido tratar de imponer un laicismo militante siguiendo un modelo de Europa Occidental, precisamente el de España, por creer que se trataba de un país similar. La intentona ha acabado en parodia seguramente por no tener en cuenta un factor clave: que la Iglesia en Polonia no pasó por la crisis postconciliar que sí atravesó en otros lugares.

La Plataforma continúa su deriva hacia la izquierda, tratando de buscar votos con leyes sobre el cambio de sexo o la fecundación in-vitro (financiada por la seguridad social). También es posible que estos proyectos, aprobados a última hora y a sabiendas que no tardarán en ser derogados por el nuevo ejecutivo, no sean más que una cortina de humo: un guiño a Bruselas sin apenas consecuencias, y no es en absoluto descabellado pensar que estuviera pactado de antemano con la oposición.

En cualquier caso, aunque es posible que tengan razón quienes, con una buena dosis de malicia, sugerían que Donald Tusk, al ser nombrado presidente del Consejo Europeo, en realidad estaba huyendo de un barco que se iba a pique, pocos preveían que el desmoronamiento de la Plataforma Cívica, partido en el poder en Polonia desde hace ocho años, pudiera ser tan rápido y espectacular.

Si no quiere más sorpresas, cambié de canal

Publicado mayo 11, 2015 por Higinio J. Paterna Sánchez
Categorías: Polonia

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Hacía tiempo que no me reía tanto. Sobre todo, sin poderlo evitar, de muchos medios extranjeros que tienen una sola fuente de información en Polonia desde hace años. Algunos desde ya casi cincuenta años.

Komorowski ha perdido unas elecciones que no tenía derecho a perder. Todo a favor: el gobierno, todas las televisiones y los principales periódicos…

En enero, Adam Michnik, antiguo desidente y redactor jefe de Gazeta Wyborcza, decía: “Komorowski solo perderá las elecciones si atropella borracho en un paso de cebra a una monja embarazada”.

late poll

¿Qué ha fallado? Una mezcla de soberbia e incompetencia. La soberbia ha consistido en que, aun tendiendo como lema “Concordia y seguridad”, su campaña ha sido agresiva, cosa que en Polonia gusta poco. Luego despreció a los demás candidatos al no acudir al debate televisivo y concertar para una hora antes ese mismo día una entrevista en otro canal televisivo. Luego, en vivo y en directo, se atrevió a amenazar a un periodista que le mencionó un tema delicado: sus contactos con el servicio de inteligencia militar postcomunista. Y así han sido tanto su campaña como sus cinco años de presidencia.

La incompetencia, en la época de las redes sociales, es más difícil de ocultar. Aquí me remito a su cuenta de twitter, @Komorowski, una mezcla de citas de Paulo Coelho con las de una adolescente con problemas. En sus discursos, Komorowski necesita leer incluso cuando felicita “espontáneamente” a su mujer. Si eso se compara con la elocuencia y el dinamismo de Andrzej Duda, a quien casi nadie conocía hace cuatro meses…

Y después de digerir la sorpresa, comparen el tiempo que el canal informativo estatal ha dedicado en marzo y abril a los candidatos a las elecciones presidenciales en Polonia.

candidatos tvp info

Llama la atención, a quien no ha seguido de cerca la política polaca de los últimos años, el desastre de la izquierda. Eso tiene varias causas.

La primera es que la Plataforma Ciudadana en el poder ya fagocitó hace tiempo a la rama izquierda de solidaridad. Y durante estos últimos años ha ido virando ella misma hacia la izquierda. También ha ido asimilando a los post-comunistas, y ahora ha tratado de atraer el voto de la izquierda radical. Para la segunda vuelta, no le quedan muchos recursos.

El cantante Kukiz se declara antisistema, pero olvídense de la connotación de izquierdas de esta palabra en Europa Occidental. No le gusta la escena política de ahora, con los partidos de ahora, pero tira a la derecha.

¿Y el voto LGTB? ¿No había conseguido un 10% en las últimas parlamentarias? Sí, pero eso fue hace 4 años, en protesta contra Kaczynski y con la ayuda, de nuevo, de los medios afines. En este periodo la gente se ha dado cuenta de que todo era un globo, sin contenido, sin propuestas, y de que además en un país del que han emigrado en los últimos 15 años 3 millones de personas, ese no es el problema más importante.

Interesantes son las encuestas de hace unos meses en los medios afines al presidente y al gobierno. En enero nadie conocía a Andrzej Duda, pero el concierto de apoyo al presidente fue exagerado. Y ese es otro motivo del fracaso: los ciudadanos no confían en los medios tradicionales.

encuestas enero

Winnie gana las elecciones

Publicado noviembre 26, 2014 por Higinio J. Paterna Sánchez
Categorías: Polonia

A juzgar por lo que nos cuentan los medios extranjeros, hasta aquellos presuntamente más serios, la noticia más interesante en la Polonia de las últimas dos semanas es que en un pueblecito perdido, unos concejales se han puesto a discutir sobre el sexo de Winnie the Pooh. Así estamos.

Pues, aunque no lo parezca, sí han ocurrido cosas de más importancia en este país. Unas elecciones, por ejemplo. Nada me ha causado más bochorno en los dieciocho años que llevo aquí que las elecciones municipales del pasado 16 de noviembre, que pasarán a la historia como las más vergonzosas desde la derrota del comunismo -hasta la fecha, claro.

Unas elecciones en las que el 18% de los votos han sido nulos, y en algunas circunscripciones se ha llegado al 40% -(antes de la guerra era el 1%, con un índice de analfabetismo bastante mayor…); unas elecciones en las que el recuento de votos ha durado una semana entera por culpa de un fallo de un sistema informático que cualquiera capaz de entrar en facebook habría podido hackear, encargado con prisas y que no había sido probado con anterioridad, aunque la Comisión Electoral Estatal bagatelizaba el problema; han sido unas elecciones en las que Ley y Justicia, el primer partido de la oposición, el de Kaczyński, a pesar de que los sondeos previos lo daban por perdedor, ganaba claramente según las exit-polls al partido del gobierno, Plataforma Cívica, por 32% a 28%, para luego vencer por la mínima en votos y perder en número de concejales; unas elecciones en las que el otro partido de la coalición gobernante, el Partido Campesino Polaco, que según todos los sondeos iba a conseguir un 5% de los votos, llega al 17% según las exit-polls, y al 23% tras el recuento definitivo. Y vale la pena aclarar, llegados a este punto, que las exit-polls, a diferencia de los sondeos, no habían fallado nunca en Polonia desde la caída del comunismo, y que el Partido Campesino en la práctica es el partido más prorruso del país.

Sólo veo cuatro opciones, o una combinación de varias:

– O ha sido sólo fruto de la ineptitud de los miembros de la Comisión Electoral – aunque parezca ingenuo pensarlo;

– O la Plataforma Cívica es presa del pánico porque ve que pierde apoyo y lo que hemos presenciado es una prueba general de lo que puede ocurrir en las legislativas del año que viene;

– O el Partido Campesino, con suficiente poder en el campo para controlar allí el desarrollo de los comicios, ha visto en ese pánico una ocasión de oro para agigantar su poder;

– O alguien quería provocar un Maydan en Varsovia y echarle el muerto encima a Kaczyński.

No me cabe duda de que, si esto hubiera ocurrido gobernando Ley y Justicia, habríamos tenido encima a media Europa criticando un ataque a la democracia, un desembarque de corresponsales extranjeros y llamadas de la OSCE a poner orden, y con razón. Pero Winnie the Pooh importa más. Las conclusiones sáquenlas ustedes.


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