Viene bien de vez en cuando bajar a tierra, dejar por un momento de pensar en teorías y altas elucubraciones y fijarse en la vida misma, que siempre es más apasionante.
Este artículo lo he tomado de la página la página web del Opus Dei, aunque también podía haber hablado directamente con Marcin, que acaba de terminar un libro sobre Antek que se publicará en breve. No llegué a dar clase a este pequeño gran hombre, entonces ya estaba demasiado enfermo y no podía venir al cole.
“Mamá, ¿me voy a morir?”, preguntaba Antek. La enfermedad y el dolor de un niño pequeño es un interrogante de difícil respuesta. Antek, de cinco años, le encontró un sentido. Esta es su historia.
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