Winnie gana las elecciones

Publicado noviembre 26, 2014 por Higinio J. Paterna Sánchez
Categorías: Polonia

A juzgar por lo que nos cuentan los medios extranjeros, hasta aquellos presuntamente más serios, la noticia más interesante en la Polonia de las últimas dos semanas es que en un pueblecito perdido, unos concejales se han puesto a discutir sobre el sexo de Winnie the Pooh. Así estamos.

Pues, aunque no lo parezca, sí han ocurrido cosas de más importancia en este país. Unas elecciones, por ejemplo. Nada me ha causado más bochorno en los dieciocho años que llevo aquí que las elecciones municipales del pasado 16 de noviembre, que pasarán a la historia como las más vergonzosas desde la derrota del comunismo -hasta la fecha, claro.

Unas elecciones en las que el 18% de los votos han sido nulos, y en algunas circunscripciones se ha llegado al 40% -(antes de la guerra era el 1%, con un índice de analfabetismo bastante mayor…); unas elecciones en las que el recuento de votos ha durado una semana entera por culpa de un fallo de un sistema informático que cualquiera capaz de entrar en facebook habría podido hackear, encargado con prisas y que no había sido probado con anterioridad, aunque la Comisión Electoral Estatal bagatelizaba el problema; han sido unas elecciones en las que Ley y Justicia, el primer partido de la oposición, el de Kaczyński, a pesar de que los sondeos previos lo daban por perdedor, ganaba claramente según las exit-polls al partido del gobierno, Plataforma Cívica, por 32% a 28%, para luego vencer por la mínima en votos y perder en número de concejales; unas elecciones en las que el otro partido de la coalición gobernante, el Partido Campesino Polaco, que según todos los sondeos iba a conseguir un 5% de los votos, llega al 17% según las exit-polls, y al 23% tras el recuento definitivo. Y vale la pena aclarar, llegados a este punto, que las exit-polls, a diferencia de los sondeos, no habían fallado nunca en Polonia desde la caída del comunismo, y que el Partido Campesino en la práctica es el partido más prorruso del país.

Sólo veo cuatro opciones, o una combinación de varias:

- O ha sido sólo fruto de la ineptitud de los miembros de la Comisión Electoral – aunque parezca ingenuo pensarlo;

- O la Plataforma Cívica es presa del pánico porque ve que pierde apoyo y lo que hemos presenciado es una prueba general de lo que puede ocurrir en las legislativas del año que viene;

- O el Partido Campesino, con suficiente poder en el campo para controlar allí el desarrollo de los comicios, ha visto en ese pánico una ocasión de oro para agigantar su poder;

- O alguien quería provocar un Maydan en Varsovia y echarle el muerto encima a Kaczyński.

No me cabe duda de que, si esto hubiera ocurrido gobernando Ley y Justicia, habríamos tenido encima a media Europa criticando un ataque a la democracia, un desembarque de corresponsales extranjeros y llamadas de la OSCE a poner orden, y con razón. Pero Winnie the Pooh importa más. Las conclusiones sáquenlas ustedes.

Si te caes siete veces, levántate ocho

Publicado noviembre 18, 2014 por Higinio J. Paterna Sánchez
Categorías: Polonia

Eso supuestamente dice el proverbio chino y es lo que debía estar pensando Jarosław Kaczyński. Tiene motivos de sobra para estar feliz: si el jefe de un partido con aspiraciones de gobernar pierde dos o tres elecciones seguidas, lo normal es que pierda el mando de su agrupación, o al menos que cambie de táctica o de mensaje. Kaczyński, líder de Ley y Justicia, ha ganado unos comicios después de caer derrotado siete veces consecutivas desde hace nueve años, y siempre diciendo lo mismo. Vence contra pronóstico, pues todos los sondeos de las últimas semanas le daban por perdedor.

El llamado “efecto Tusk” no funcionó: el nombramiento del primer ministro polaco como presidente del Consejo de Europa no dio alas a su partido, la Plataforma Cívica, y su sucesora en el cargo a duras penas contuvo las lágrimas cuando supo del inesperado descalabro electoral.

Todos los partidos de alcance nacional han tratado estas elecciones, municipales y regionales, como un preludio de las legislativas del año que viene, aunque no provoquen un cambio profundo en la política estatal. Después de 48 horas los resultados finales siguen siendo una incógnita gracias al encomiable esfuerzo de la Comisión Electoral Polaca, un grotesco ente que parece contar los votos con ayuda de un ábaco. Los sondeos a pie de urna dan casi un 32% a Ley y Justicia, un 4% menos a la Plataforma Cívica, 17% al Partido Campesino Polaco (compañero de la Plataforma en el gobierno) y 8% a la post-comunista Alianza de la Izquierda Democrática.

Lo único claro es la debacle electoral del partido anticlerical de Janusz Palikot, cosa además alegra de modo especial (rozando el schadenfreude, si soy sincero), porque me da la razón y deja al descubierto la mediocridad de tantos medios de comunicación y de tantos supuestos periodistas, demasiado acostumbrados al ctrl+c y ctrl+v, que daban tumbos de alegría cuando, recién creado, obtuvo el 10% de los votos en las elecciones de 2011. No se daban cuenta de que era flor de un día, fruto de un engaño, un montaje exclusivamente virtual. Efectivamente, en las pasadas elecciones europeas el partido de Palikot apenas logró un 3,5% y ahora, después del rapapolvo que acaban de darle los votantes (0,7%), solo le queda decir morituri te salutant.

Los post-comunistas tampoco están para echar cohetes. Las exit-polls les dan la mitad que hace cuatro años. Eso no quiere decir que no haya izquierda en Polonia. Sencillamente, es Plataforma Cívica, teóricamente un partido centrista, la que se ha apoderado de parte de los postulados izquierdistas en materia de costumbres y cultura, aunque no le guste reconocerlo abiertamente, y Ley y Justicia en lo referido a la economía. Pero eso ya es otra historia.

True lies

Publicado octubre 22, 2014 por Higinio J. Paterna Sánchez
Categorías: Polonia

Si miente, queda como un Talleyrand vestido de payaso. Si ha dicho la verdad, peor: todos –en Polonia, en Ucrania, en EE.UU., en la OTAN -, absolutamente todos podrán tenerlo por un traidor. Los intentos de Sikorski de quitarle hierro al asunto han sido contraproducentes.

Lo único seguro de todo esto es que su reputación como diplomático está hecha cenizas, que ha dejado al recién elegido presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, a los pies de los caballos y que la fiabilidad de Polonia como aliado ha quedado a la altura del betún. Putin vuelve a salir ganando, poco le importa lo que digan de él.

Supongamos que es cierto que el amo del Kremlin propuso el reparto de Ucrania a Donald Tusk, entonces primer ministro de Polonia, y tengamos en mente que la política internacional de los siete años de gobierno de este último, con Sikorski como ministro de Exteriores, ha sido una incesante prueba de estrechar lazos con Moscú (casi exclusivamente para llevar la contraria al presidente Kaczynski hasta que falleció en 2010, dicho sea de paso).

Si entonces se tomó la declaración de Vladimir Vladimirovich como una broma, Tusk debía estar muy ciego cuando a los pocos meses las huestes rusas invadieron Georgia, y fuera de sus cabales cuando criticó a Kaczynski por acudir entonces a Tbilisi a la cabeza de un grupo de presidentes y primeros ministros; muy ingenuo fue cuando aceptó, a los 10 minutos de la catástrofe del avión en el que volaba el mencionado Kaczynski, la versión de que todo fue culpa de los pilotos (casi cinco años después, todo sigue sin aclarar, pero el avión permanece aún en territorio ruso).

Han hecho lo imposible por mantener vivo el “reset” con Rusia y por convencer a la opinión pública de que no existe ningún tipo de amenaza desde el Este hasta que, milagrosamente, se despertaron con el Maydan y la posterior invasión de Ucrania.

¿Y el señor Sikorski, que ha sido caballo de batalla de Tusk durante tanto tiempo, aparece ahora para decirnos que conocían las intenciones de Putin desde el principio? Interesante… Siga hablando, por favor.

MITOS NACIDOS DEL SILENCIO

Publicado octubre 17, 2013 por Higinio J. Paterna Sánchez
Categorías: Polonia

Cuando hay buena voluntad -y un mínimo de conocimientos- es posible hablar de los temas más complicados sin tirarse los platos a la cabeza, y este artículo es prueba de ello. Un gran amigo, Nazar Oliynyk, historiador ucraniano experto en temas vascos –sí, sí, curioso pero cierto –, me invitó a participar en un el seminario científico España y Europa Oriental: el alejamiento geográfico y la proximidad cultural que se celebró en Leópolis, hoy Ucrania. Eso fue allá por 2010. No se me ocurrió mejor idea que presentar una ponencia sobre un tema bien delicado. Quizá si lo hubiera hecho un polaco o un ucraniano habría habido escándalo. Lo único que ocurrió en este caso fue que se abrió un debate muy interesante y noble.

MITOS NACIDOS DEL SILENCIO: LOS BRIGADISTAS POLACOS Y LA MASACRE DE VOLYN

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¿Seguro que son hipersensibles?

Publicado octubre 13, 2013 por Higinio J. Paterna Sánchez
Categorías: Polonia

Hace algún tiempo que Marta, involuntariamente o no, me volvió a llamar a la palestra, esta vez para anunciar, con una llamativa seguridad de sí, que los polacos vuelven a ofenderse cuando les sacan la verdad sobre su historia.

He preferido dejar pasar unos meses antes de responder. De hecho solo entro en escena si entiendo que juega con el derecho al honor de otros: esta vez, supongo que sin darse cuenta, baila sobre las tumbas de decenas de miles de personas.

No dejo la respuesta en su blog y el motivo es bien sencillo: pienso que las „reglas del juego” cuando hablamos de Polonia, su ejército, su sociedad y la ocupación por parte del tercer Reich durante la II Guerra Mundial no pueden estar en manos de quien me preguntó en su momento „De partida, qué son AK y NSZ exactamente (si me das el link a Wiki, lo puedo leer)?”. Como si pretendieramos dar clases sobre el ejército británico y preguntaramos qué son la R.A.F o la Royal Navy…

Así que me traigo el debate aquí y aquí seguiré mientras no me venga con algo más serio una serie televisiva en la que, afirma: „se muestra la realidad del antisemitismo polaco que los polacos de hoy simplemente niegan… porque claro, ellos tienen que autopresentarse como las grandes víctimas del nacionalsocialismo”. Mientras sus fuentes sean “un amigo que me dijo…”, la tele o la wiki, entenderé que, sencillamente, la ignorancia es atrevida, muy atrevida, y más en internet.

Para quien haya visto la serie „Nuestros padres, nuestras madres” dejo esto: cuando los productores se vieron en la necesidad de justificar los numerosos errores históricos que habían cometido en los escasos fragmentos que tienen lugar en la Polonia ocupada, su aclaración fue que tuvieron que modificar el guión en el último momento, porque el protagonista judío iba a escapar a EE.UU en un principio, pero por falta de fondos no pudo ser y ubicaron la trama aquí… No comment. Luego, algún día, si veo que vale la pena, puedo escribir sobre cuáles eran esos fallos (¿manipulaciones?), muy curiosos, desde luego.

Por supuesto, ante la airada reacción polaca -a veces efectivamente exagerada-, otro comentario muy común fue „¡si esto es solo una serie!” ¿Es solo una serie o es una prueba de presentar la verdad histórica? ¿En qué quedamos?

En cierta ocasión, comentando un artículo en el que yo escribí que, por desgracia, “en muchos círculos de Europa y América cada vez con más frecuencia se acepta la tesis de que una de las causas del Holocausto fue el antisemitismo polaco”, …….. Marta me respondió lo siguiente:

„wow, esto no lo había escuchado nunca, es más, en el ámbito donde yo me muevo, creo que se piensa exactamente lo contrario: que todos los polacos son buenos… O sea, hay gente que piensa distinto… a quienes tú mencionas en el art.: se piensa que todos eran buenos y todos ayudaron a los judíos. Lo que tampoco puedo creer que haya sido así, porque, en todas partes, hay de todo. Las otras teorías en contra de los polacos, la verdad es que no se escuchan mucho por acá. Entre paréntesis, en Alemania, el political correctness prohíbe decir cualquier cosa en contra de Polonia…”

De lo que deduzco que, sin que se hayan hecho grandes hallazgos históricos desde 2007 -que es cuando mantuvimos este aún cordial diálogo -, la political correctness ha debido cambiar bastante por allí.

Algo más tarde, por 2009, me decía: „te cuento que yo no creo que todos los polacos hayan sido Karol o Maximilian (los que veo ahora, tampoco lo son, hay, como en todos los pueblos, buenos y menos buenos)”

Evidentemente, los hubo buenos, menos buenos y auténticos canallas también, pero los ejemplos que me pone son, sin que fuera su intención, muy aprovechables: resulta que san Maximiliano Kolbe -con su periódico „El Caballero de la Inmaculada” – era tenido antes de la guerra por declarado antisemita. Pienso que basta como comentario sobre la diferencia entre el antisemitismo en Polonia y Alemania en esos tiempos. ¿Ambos existían? No cabe duda, pero tenían raíces y manifestaciones bien diversas. Y el antisemitismo en la propia Polonia cambia mucho de 1939 a 1945, y esa es otra historia que también vale la pena conocer.

Por su parte, Karol Wojtyła durante la guerra estuvo trabajando en las minas Solvay y haciendo teatro, además del seminario. „Teatro, bah, qué pérdida de tiempo cuando otros arriesgaban su pellejo…” podría pensarse. Cierto, podría pensarse si no supiéramos que toda manifestación de cultura polaca podía conllevar la pena de muerte. La ocupación aquí no fue un simple cambio de la administración civil y militar, fue un verdadero kulturkampf y los polacos verdaderos untermenschen -un escalón por encima de los judíos, eso es indudable.

Por esto, entre muchos otros motivos, molesta tanto en Polonia que se hable con tanta ligereza en la prensa occidental de „campos de concentración polacos”. No es hipersensibilidad, y menos si las estadísticas muestran que la mayor parte de estos artículos están escritos en… Alemania, precisamente.

¿Puede ser casualidad, descuido? Puede. No soy experto en Alemania ni en prensa alemana, ni lo pretendo, pero veo que no todos piensan así, tampoco el profesor alemán Dieter Schenk. Dice Schenk que el uso de la frase „campo de concentración polaco” o „campo de exterminio polaco” por parte de los diarios alemanes es una manipulación consciente. No lo conozco, no es dogma de fe, pero algo puede saber sobre la historia polaco-alemana si ha escrito un libro titulado „Der Lemberger Professorenmord und der Holocaust in Ostgalizien” sobre el poco conocido episodio del asesinato de los profesores polacos de la universidad de Leópolis -hoy Lviv.

Eot, a no ser que haya argumentos de peso, y no batallitas del abuelo.

Huida a Nigeria

Publicado abril 10, 2013 por Higinio J. Paterna Sánchez
Categorías: Polonia

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Donald Tusk se va a Nigeria. El primer ministro polaco evita estar presente en los actos conmemorativos del tercer aniversario de la catástrofe de Smolensk, la hecatombe que ha dividido la nación polaca hasta límites insospechados desde la caída del comunismo. Tusk hizo una ofrenda floral aún de madrugada y luego salió desde el aeropuerto Fredyryk Chopin hacia Lagos.

No extraña tanto la actitud del mandatario si tenemos en cuenta que cada mes que pasa aumenta el número de los indignados por la actitud del gobierno polaco antes y después de una catástrofe que dista de estar aclarada.

Lo primero que llama la atención es el crecimiento ininterrupido del número de personas que opinan que Lech Kaczynski y sus 95 acompañantes murieron en un atentado. Si al año de la muerte del presidente solo el 8% de los polacos pensaban que el avión del gobierno polaco en el que viajaba el presidente fue intencionadamente siniestrado, hoy ya más del 25% admite esa posibilidad, el 52% no sabe qué opinar, y los que consideran que todo está ya explicado son el 34%.

Quizá más normal sería que las teorías conspiranoicas fueran de más a menos, pero la situación es comprensible si tenemos en cuenta numerosos factores que hacen sospechar de la buena voluntad de los investigadores. La opinión pública polaca se sintió engañada muchas veces, y eso ha chocado con las aseguraciones de Tusk y sus ministros de que la colaboración con Moscú estaba siendo modélica. No lo fue desde el principio.

En primer lugar, esta catástrofe aérea es quizá la única en el mundo civilizado que ha sido investigada por parte de un país sin examinar siquiera los restos del avión. No solo permanece aún este en un depósito en Smolensk, sin que la Federación Rusa lo haya siquiera reconstruido, como estipula la Convención de Chigago, elegida como marco de la investigación, sino que han dado la vuelta al mundo las imágenes de su demolición por parte de funcionarios rusos. No es precisamente el estándar con el que se investigó el atentado de Lockerbie…

Luego, resultó escandaloso el trato dado a los cadáveres: además de que se hicieron las autopsias antes de que llegaran los forenses polacos, los ataúdes fueron sellados y las autoridades de Polonia se negaron a comprobar que todo estuviera en orden, hasta que varias exhumaciones a petición de familiares –asombrados por tremendos errores en los partes médicos-, probaron que algunas de las víctimas no estaban enterradas en sus tumbas.

Fue asombrosa la seguridad con que se suministró a los medios de comunicación desde el primer momento la información de que todo se había debido a un error de los pilotos, que había tratado de aterrizar cuatro veces, quizá forzados por el general Blasik, supuestamente ebrio, a quien el propio presidente Kaczynski habría enviado a la cabina para obligarles a tomar tierra en Smolensk. Ya el día de la catástrofe entre los diputados del partido de Tusk se distribuyó un escueto mensaje telefónico en el que se culpaba a los pilotos. Pues bien, las cajas negras –de las cuales, por cierto, una sigue sin aparecer-, desmienten esta teoría: el general no aparece en ningún momento en la cabina y sus restos mortales fueron encontrados en un sector lejano al lugar donde los pilotos fueron hallados, con lo que toda la teoría de la presión se volatiliza, pero más interesante es darse cuenta de que no hubo intento de aterrizaje, sino un reconocimiento, y que el piloto da la orden de irse en el momento adecuado según las coordenadas recibidas de la torre de control. Magia, datos sacados de la chistera. Parece igualmente es mágico el abedul con el que supuestamente chocó el avión e hizo que cayera boca abajo: además de ser tan resistente que hizo que el avión perdiera un ala, las tres medidas que nos han dado de él en estos años difieren totalmente entre sí: y la última es de 666 centímetros, para más inri.

La Fiscalía polaca también echó más madera al fuego cuando a final del pasado octubre desmintió que se hubieran hallado restos de T.N.T. en el avión, y al cabo de nas semanas se viera obligada a admitir que los aparatos habían señalado precisamente la existencia de dicho componente. En este punto asombra también que las primeras pruebas pirotécnicas se tomaran a los dos años y medio de la tragedia.

No, los polacos no son más dados a la conspiranoia que el resto de los europeos.Los pocos ejemplos expuestos no prueban que haya sido un atentado, pero sí llevan a tratar como poco serias las explicaciones e informes que nos han llegado hasta la fecha.

Unión-ficción

Publicado febrero 25, 2013 por Higinio J. Paterna Sánchez
Categorías: Polonia

Para Aceprensa

Varsovia. El pasado 25 de enero el Parlamento polaco desestimó en su primera lectura tres proyectos para la institución de las uniones homosexuales. Uno de ellos provenía del diputado Artur Dunin, del partido en el poder, la Plataforma Ciudadana. Los otros dos eran iniciativa del anticlerical Movimiento de Palikot.

El proyecto preveía que dos personas del mismo o distinto sexo podrían firmar ante notario o ante el director de una oficina de Registro Civil un contrato de unión de hecho. El proyecto regulaba, entre otras, cuestiones de herencias, créditos contraídos en común y la obligación del pago de pensión alimenticia. Los diputados veían que de este modo se abría una puerta al reconocimiento de matrimonios homosexuales en el futuro.

El debate fue acalorado, principalmente dentro las propias filas de la Plataforma Ciudadana. El primer ministro Donald Tusk se pronunció a favor del proyecto de Dunin, que supone un claro emparejamiento de las uniones con el matrimonio. Sin embargo, los votos del partido Ley y Justicia, los del Partido Campesino Polaco y los de 47 miembros de la Plataforma liderados por Jaroslaw Gowin, ministro de Justicia, echaron por tierra la propuesta al considerarla anticonstitucional.

Janusz Palikot, quien antes de convertirse en adalid de la lucha contra la Iglesia había sido propietario de una revista mensual de marcado carácter católico dirigida a la generación JPII, no tardó en mostrar su indignación y pidió al primer ministro que destituyera al ministro rebelde. La tensión entre Gowin y Tusk no ha dejado de crecer desde hace tiempo. Pero el jefe del gobierno sabe que en un momento tan delicado para su partido sería arriesgado enfrentarse con la fracción que encabeza Gowin. Palikot, cuyo partido no deja de perder apoyo popular en los sondeos desde el comienzo de la legislatura, se ve obligado a elevar cada semana el listón de sus groseras provocaciones.

 

En una reciente encuesta el 69% de los polacos se muestra contrario a la legalización del matrimonio homosexual

Un debate que no existe en la calle

Este debate no existe en la calle y si se ha planteado en la vida política ha sido por los medios de comunicación, especialmente las cadenas de televisión. Según los datos de una encuesta del instituto Homo Homini, el 69% de los polacos se muestra contrario a la legalización del “matrimonio” homosexual y el 84% rechaza la posibilidad de adopción por parte de estas parejas.

Describe bien la situación en el diario Rzeczpospolita Ryszard Bugaj, economista y ex-dirigente de la izquierda anticomunista: “Observando el conflicto creado alrededor de las uniones de hecho, podría concluirse que este asunto tiene para todos los ciudadanos un significado fundamental y que los polacos se han dividido en dos ejércitos hostiles: uno derechista y otro liberal-postcomunista. Pero esencialmente esta cuestión solo despierta las emociones de parte de las élites. Para los gobernantes, la gran virtud del conflicto consiste en que oculta acontecimientos reales e importantes: el paro, el trauma demográfico, el deterioro de la situación de Polonia en la arena internacional”.

Como ocurre en bastantes países, en Polonia la tendencia dominante en la televisión, tanto pública como privada, es hacia la izquierda. Pero en el caso polaco conviene tener en cuenta la patología añadida por el papel casi directo de los servicios comunistas en la creación y financiación inicial de los nuevos imperios mediáticos del país. Aunque han pasado ya más de veinte años y la ideología ha dado un viraje hacia el consumismo nihilista, sería equivocado pensar que la cuestión pertenece a tiempos pretéritos.

Lo demuestra el regreso a las pantallas de algunos protagonistas de los episodios más ignominiosos de la dictadura. Un caso especial es Jerzy Urban, portavoz del gobierno del general Jaruzelski y luego propietario del periódico Nie, conocido principalmente por su papel en la campaña de difamación que desembocó en el asesinato del sacerdote y ahora beato Jerzy Popiełuszko. Durante lustros después de la caída del comunismo, políticos y periodistas habían tratado de esconder cualquier tipo de relación con Urban y a nadie sensato se le ocurría citar como fidedigna cualquier información procedente de su diario. Ahora es invitado frecuente de los platós.

Un gobierno cuestionado

Tusk, en lo relativo a cuestiones sociales, da una de cal y una de arena. Un día anuncia su apoyo a iniciativas en favor de la familia y al siguiente trata de sacar adelante proyectos propios de la izquierda radical. Esto es algo poco lógico si se tiene en cuenta que la situación demográfica de Polonia es terriblemente preocupante con una tasa de fecundidad que en 2012 cayó por debajo de 1,3 hijos por mujer, a la cola de Europa junto con España y Portugal.

Con los datos acerca de la natalidad en la mano parece claro que la defensa del matrimonio y el apoyo a familias que deseen tener hijos debería ser prioritario. Según el ministerio de Trabajo y Política Social, el gasto social dedicado a personas mayores supone el 15% del PIB y el destinado a los jóvenes el 1,5%. Más de 1,3 millones de polacos, principalmente jóvenes, han emigrado.

Los mass media han tratado además de forma descarada de aprovecharse del complejo polaco frente a Europa, argumentando que la equiparación de las uniones con el matrimonio supondría una prueba de tolerancia y europeísmo. Al primer ministro posiblemente le importen bien poco las uniones homosexuales, pero sí le interesa mucho el apoyo de los medios, máxime cuando el balance de sus cinco años y medio de gobierno está siendo muy cuestionado y los sondeos muestran una crítica masiva a su labor.

Polonia no es una “isla verde” dentro de una Europa en crisis: el paro aumenta y se acerca al 15%, sin contar con que cientos de miles de polacos han emigrado –principalmente a Gran Bretaña, donde en pocos años se han convertido en la minoría más numerosa y ya son como mínimo 550.000 personas. El país ha dejado pasar la mejor época para su modernización, malgastando los fondos de cohesión de la UE, y la corrupción vuelve a ser un problema grave a la hora de hacer negocios, principalmente si ha de tratarse con el sector público.

A todo ello ha de sumarse las continuas humillaciones sufridas de parte de la Federación Rusa en la investigación de la catástrofe de Smolensk, en la que falleció el presidente Lech Kaczyński con otras 95 personas.

Todos estos motivos hacen que el primer ministro necesite desesperadamente que la opinión pública se centre en otros temas que creen división. Los próximos meses serán decisivos para saber si vencerá la cruda realidad o si este mal pensado experimento de ingeniería social toma cuerpo, pues el lobby homosexual ya ha anunciado que volverá al ataque.


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